Agradecemos a todos sus comentarios, es un gusto leerlos y conocer sus inquietudes.
Atte. Adict@s a la poesía.


De Andrea Orozco 

No hay tiempo
No hay espacio
Duda emoción
Siniestro posible de ti
Llévame y ven conmigo
Dejame, dentro
Describir lo nuestro,
Es describir la vida en un simple invierno.
Pegame, pero besos de sorpresa.
Ámame, como lo hace el cuerpo.
Quiéreme, pero a tu lado.
Háblame, deveras… y no me dejes esperando.
Tengo risas, cuentos
Tengo millones de abrasos
He tenido ganas de ti por un rato
Alejas tus tiempos
Pierdo entusiasmo
Si soy lo que te mereces
Tu eres lo que quiero
Mis muslos fríos
Mi cabello inquieto
Eres lo que creo que eres
Y solita te voy amando
Algunas veces, de cuando en cuando
Es necesario mandarte al carajo.
Tiempo analgésico
Corazón de evasión
Diálogos fulminantes
Cazadores corredores
Arqueros muy jóvenes
Los volcanes y el mar se juntan
Se tocan sus miradas
Demasiadas analogías
Desvían la frescura de las palabras
Mata a la muerta, curarla arreglarla
Permanece o desvanece
Despídete si no hay tiempo
Aléjate si no hay espacio

Alimentando los lobos
Tanto harto arte termina alienando
De tanto que te alejas
Un día de estos hastiaste
Soy como una almendra
Tu como una nuez
Si dejo de amarte…
¿De que otra cosa moriré?
Se percatan de mi fijación muerta
Alguien dice que hueles a madera
Ningún olor te hace justicia
Hueles a mi vida y muerte entera.
 .
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Andrea Orozco
De Andrea Orozco
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Me quiero morir en día 21
Mi numero favorito
Cada 21 de cada mes
Desde que te conocí
21 de agosto de los dos mil y tantos…
Todo cambio
Tu casa, mi cuarto
El parquesito de los niños en bici
El rió, el mar mi cielo.
El 21 reuniste valor,
Yo deje el miedo
Cada cuadrito en el suelo
Partes ilusas ilusorias infantiles
Me aterroriza el pensar…
Que te llevas algo,
Y tu no estas.
Conocerte me reinicio
Por eso me quiero ir en día 21
Así cierro el ciclo
¡Dejad fluir los dejos de tu mal!
Transmutar fusionar madurar
Con cada día sonrio
Con cada noche lloro
La dualidad de tu amor
Se define en 21
Cualquier cualidad en ti
Inmoralidades que contigo me atreví
Esas cosas pasan en días 21
En 21 el universo condena y bendice
Cada 21 me ahogo
Me pierdo todo el mes
Excepto un canijo asertivo día
Que mejor muerte,
Que morir cuando se quiere.
Quiero ver la hierba desde abajo.
Las raíces del humano.
No me interesa como
Me prioriza el cuando.
Me quiero ir en día 21
Con 21 canciones nos describo
Riñas y pan integral
El 21 de agosto es mi fiesta patronal.
Me pongo triste y lloro de felicidad.
El 21 es mi velíz
Una carta astral un despertador
Es tinta grafito y alcohol
Música sexo dolor agua color
En 21 cierro el ciclo y muero feliz
Me quiero morir en día 21
Y quiero que me entierren junto a ti.
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Andrea Orozco

De Andrea Orozco 

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Te quiero mas cuando te odio.
Tu piel es una de mis sucursales de autoservicio.
En mis dedos destruiría los tuyos.
Canto cuando no estas
Si estuvieras te pondrías a criticarme.
Me amas cuando te conviene
Me culpo, por que tu no quieres…
Exploras mundos que no dejas ver
Irónico es, piensas que quiero entrometerme.
Extrañarte es tan común como bañarme,
De vez en cuando y sin jabón.
Subes a los arboles sin su permiso
A pesar de tal falta de respeto, comprendo
No en todo eres ágil o a veces te malinterpreto.
Tu sexo es fuego.
Abrasas como viento.
A brasas es tu cariño, atención y respeto.
Desierto de agua, sin ríos ni sal.
Sabes a pasta cocinada a la italiana.
Soy como el precio de la lotería ya gastado.
Y cuando te conocí, al arco iris le sobraron seis colores
Porque el color de tus ojos es el único hermoso.
El recuerdo de tus besos es el ancla de mi cuerpo.
Te quiero mas cuando te odio,
Porque es cuando mas falta haces y te largas y no te espero.
De la vista nace el amor,
Y quiero que me veas siempre.
Por que te tengo y no.
No es justo presumirte,
Solo es viable quererte de lejos.
Tu arte cala mi mente y los huesos.
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Andrea Orozco

No tengo

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el don de la palabra

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y es mucha

.

el agua

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corriendo por el valle.

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¿Es la voz

.

              de la esperanza

.

quien me llama?

.

.

Nada es eterno

.

Sólo la espuma

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                               desbordante.

.

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.

.

.

Dios es

el horizonte

eterno

interno.

 

Es el canto

de grillos y ranas

en la madrugada.

 

Es la infinita línea

que cruza

todas las líneas

cerrándose

sobre sí misma.

 

Está en tí

está en mí

en lo cerca

y lo lejos

Tloque nahuaque

Es.

.

.

.

 

¿Soy acaso un caracol,

con su caparazón a cuestas,

arrastrándose por  tierra

soñando con una estrella?

 

Por la noche fingiré

que astronauta yo seré

de la rama de un rosal

al espacio volaré.

 

¿Un caracol astronauta 

volando rumbo a una estrella?

 

El caracol arrastra el sueño 

Ignorando

que arribando al punto aquel

donde la estrella miró

se encontrará ya vacío

pues la estrella se extinguió.

 

Peor para él

si la encuentra,

pues en su centro arderá

 será como el mismo infierno,

ni las brasas quedarán.

.

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*INSPIRADO EN LA LECTURA DE GOLEM XIV DE S LEM.


Admirables mujeres
que dan y conservan la vida,
llevando, sin saberlo, a cuestas
el peso del mundo.

Afanosas, incansables,
corren de la cocina
al taller, al lecho del hijo enfermo.

Sin dormir casi
sin emitir queja alguna
atentas están
a la urgencia del cónyuge.

Sin pedir nada a cambio
prodigan su riqueza amorosa,
pendientes siempre
de la ropa planchada
en el armario,
del plato de arroz
sobre la mesa,
del agua en el bebedero,
y de la bienvenida sonriente
para el que llega a casa.

Incansables,
entregan su labor
en el hogar
en el campo
en la infame maquila
también en el aula
y el hospital,
en la construcción,
o en la oficina,
en el arte y en la ciencia
o en los cotidianos
quehaceres
que sostienen al mundo.

Casi invisibles
recorren la vida,
amadas o amantes
perdidas, sufrientes
o en un andar solitario.

Admirables mujeres
sostienen el mundo,
sin su quehacer
y sin su amor
el universo se vendría abajo.

Por ellas conocemos
la hendidura
abierta
hacia el multiverso,
donde reside el secreto
de las sirenas el canto,
y con alegría
nos perdemos en el laberinto
de sus tiernos encantos.

Siempre caritativas
ante nosotros
¿el sexo fuerte?
Indigentes de amor
somos.

¡Ay de aquel que despierte la furia de una mujer!
No encontrará refugio ni salvación
ni encontrará donde esconderse
de la terrible tormenta.
Sobre su cabeza
lloverán las mayores maldiciones
y deambulará como un lunático
pidiendo misericordia.

Y ella
con infinito amor
sabrá bendecirlo
con el perdón.
Pero nunca más
abrirá su corazón
al ingrato.

Más vale amarlas con entrega
pues ellas
reinan
amorosamente
sobre el mundo.
¡Que así sea!

                                                    Abimael León Carrera,  año XIII.

.

 

 

Alma tu destino es ser libre,

caminar en paz, encontrar la felicidad, respirar el mismo aire

junto a todos los seres que pueblan este universo.

.

Estoy triste, sonrío, pero estoy triste,

conozco el camino para olvidar pero no deseo olvidar,

porque ocultar tu existencia en el vacío

sería dejar que el destino prolongue tu agonía, tus lágrimas sobre la tierra.

 

Estoy triste, sonrío, pero estoy triste,

puedo ser libre pero no sin antes alcanzar tu libertad

sin caminar a tu lado bajo el mismo cielo.

 

Y en la locura de cambiar el curso del huracán

aparece tu rostro, siempre tu rostro, triste, herido, sin esperanza,

perdido entre guerras, campos de muerte y abandono,

en la crueldad de un mundo destruido por nuestros actos inconscientes,

por el oro de las falsas religiones, por el hambre y los gobiernos.

 

Y en mi tristeza contemplo la blanca esencia de tu pureza

iluminando el sendero que tantas veces hemos buscado

y profundo me recuesto en la orilla de un gran sueño

entre cantos y oraciones ante el dador de la vida

y toda la luz que reflejan los soles

la vierto sobre la tierra, sobre todas las almas inocentes

que se arrastran en el fuego, en la enfermedad, en el olvido.

 

Y aunque estoy muy lejos, sin poder levantarte

yo sé que mi canto atraviesa horizontes

y que mis manos absorben parte del dolor de tus manos

parte de tus deseos, para construir el mundo que has soñado,

para convertir todas las armas en flores,

porque algún día frente al sol nos encontraremos

para regresar al origen, libres al fin, para comenzar un nuevo viaje

para remar en un solo movimiento, sin prisa, sin tiempo, sin dolor.

 

 

En el silencio azul de tu mirada

Se encierra el desamor con el desprecio

Más no puedo olvidarte, soy un necio

Que se quedó prendado en tu mirada

En qué mala hora te gano el hastío

En qué mala hora te cansó mi beso

Y huiste presurosa y agitada

Olvidando que yo ya estaba preso

En la alcoba febril de tu mirada

Hoy maldigo mi suerte y tu abandono

Que en mala hora marchitó mi alma,

Me privó de tu amor y de la calma

Con el silencio azul de tu mirada.

Rafael Mario Islas Ojeda (2013)

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“¡Tampoco quiero una tregua!”, le espetó al espejo.

 Hacía ya varias meses que ensayaba el tono de la voz, las muecas de la cara: “¡Tú como yo sabes que estás perdiendo el tiempo!”.

            Ella de pronto bajará la mirada, y dirá: “¡No, por favor, una oportunidad, sólo una…!”

Una lágrima rompió el radiante momento cuando recordó que aquello no era sino una escena de su teatro.

Despacio volvió a acomodarse ante el estrado-tocador, limpió ojo por ojo los residuos de agua.

Se recostó a contemplar sucesos pasados, detalles que fueron amargos, para con ellos sostener su voluntad tan amainada.

Su desdicha se centra en saber que siente una extraña predilección por mujeres malvadas.

Agudiza el oído para escuchar la lejanía de la tarde, encerrado en sus precarios arranques de dignidad masculina.

“¡Te dejo porque no encuentro en ti solidaridad alguna, ningún parentesco conmigo!”.

“Es la mujer el pilar que sostiene al hombre o en su caso le echa abajo. Hace tiempo que tu tierra ¿no me deja crecer!”

Ella, con los ojos desorbitados, clamará “Que esto va a pasar, que va a poner empeño en ser otra”.

Radiante ante el espejo, con una sonrisilla de triunfo, le dirá: “¡Déjame pensarlo un poco! No podría decidir qué quiero ahora…”

Regresan las lágrimas a sus ojos, llora con tanto sentimiento, de quien quiere ahogarse con sus propias aguas. Sabe que la tipa se mofará de él y sus dramas.

Triz, triz, triz. Sí, sí, ah. “¡Cómo estás amor…? ¿Qué…? ¡Dónde estás…? Va… Sí, te veo en quince minutos”.

El armario se abre, la bufanda azul combina con la chaqueta miel, y el reloj de correa siempre es bien visto en cualquier ocasión.

 

 .

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Del libro: LA EMBOSCADA, cuentos prosaicos. 
Isis Samaniego Ed. Zetina  2012