Me extravío entre mi verdad de amarte
y la agonía de negarlo
Ahogo entre el llanto
el inventario compartido
de mi diario deambular.

Habito cada noche en tus días de olvido
y los gritos del alma merman alegría,
me horroriza perder la batalla de amarte demasiado,
quiero escribir en tu diario la mejor historia
y no sentir la soledad,
darle sentido a lo que escribo
que me hace sentir estúpida.

Tan fuera de lugar
como aquella tarde
en que sentí tal rareza,
desdoblándome
escuchando mi voz desde fuera,
distante, hueca… impregnándose el vacío,
y como el tinto en las venas
me recorrió en instantes avivadamente
una sensación de extravío,
de dolor
de astillas
de tristeza y nostalgia inmensa en la piel,
en el respirar lento,
tan fuera de lugar,
un cigarro sin fumar,
tinto sin corcho,
como un incienso de plata,
como una guitarra de plástico azul,
como un disco de Sabina
escuchado por nadie…

y cuando escribo,
el sentimiento supura el dolor del alma…
Y cuando veo mi olvido
explota todo fluir
con olor letal
de quererte demasiado,
con el reflejo del espejo.
Entre la música que reinvento
cuando las estrellas explotan
se esparce en mí polvo de tranquilidad
y todo se ablanda
y el respirar no duele
y mi voz se escucha de mejor tono
y Sabina se siente
como la canción más hermosa del mundo se escucha,
y con sólo pensarte
es cuando las cosas parecen más sencillas
sin importar el desorden de mis sentidos,
porque el distintivo de mi propia vida
son fuegos que queman
aquello que me hace
reír y llorar…

No quiero disipar la oportunidad de amarte
aunque el cansancio bata y estruje mi pecho
al abrazo del aire
en la demencia fragmentada.

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