Contuvo en él su último aliento,
Su anhelo persistente a no morir.
En él se hundió el postrer suspiro
Por la lidia continua de existir.
Cerró sus ojos y contuvo el llanto,
Cubrió su boca y escondió el dolor,
Secó el sudor que inflige el miedo,
Y sus manos lo ciñeron con temor.
Este pañuelo fino y perfumado,
Guarda viva el ansia por vivir.
Símbolo de un final que aunque esperado,
No era fácil aceptarlo y sucumbir.
Entre sus sedas queda el recuerdo
De su intensa manera de vivir.
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