W. Arturo Luna
Cuando sea tarde
nos alcanzará el gélido velo
de la luz intensa, extenuados
estaremos con un poco de esa
tierra en nuestras manos,
salpicados estaremos de la
brillante frescura de una
tarde, una tarde de primavera.
Así, cuando sea tarde,
volveremos a encontrarnos, con ese
olor a resurrección que dan
las sonrisas de los amigos,
después de sahumarnos con
el copal de la despedida y
el incienso de la nostalgia,
y me verás de frente con tal vez
una mirada imparable, frenética,
que me hará sentirme una vez
más como una mariposa en el
cálido cobijo de la crisálida.
Como cuando tus besos me
rodeaban la conciencia y tus
brazos me rodeaban el corazón.
Cuando sea tarde, sólo alcanzará
el tiempo para decirnos cada uno
nuestros nombres con la pesadumbre
del recuerdo inanimado por el
tiempo.
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