{Desde Cuajimalpa, recordando esas tardes en Sebastián Camacho #5, en el Jardín Botánico, en Xalapa}
Es tarde, los ojos fallan
al centrar la imagen,
las minúsculas letras
escurridizas evaden
la lectura calmada.
Pequeños robots limpian
las ventanas de este cuarto,
cochinillas metálicas
de franelero oficio.
Todo es un ulular de ventiladores,
de señales, de luces parpadeantes,
de brillantes colores,
de encendidos resplandores.
Apareces, nocturna,
casi a hurtadillas,
con tus lentejuelos milimétricos,
seduce el habla, los ojos,
la sonrisa, hay una pausa…
los sonidos se multiplican,
las palabras fluyen.
Temprana plática, que comienza
en la tarde a cuenta-gotas,
que acaba
con palabras tupidas en la madrugada.
Lágrimas binarias,
que caen de oculares manantiales,
sed de algo,
cansancio de todo,
ropa nueva, colores que adornan
tu moreno rostro,
que brilla con su propio tono,
de nuevo la sonrisa
a alumbrar el horizonte.
Paz pausada, palabras nuevas,
sentimientos eternizados
recuerdos en raíz, pretrificados.
Flores en tu ser,
coronando el atardecer calmado
de un día de marzo,
o de junio, tan cercano.
Nombre dulce,
mirada azucarada,
piel canela,
risa desbordante,
figura estilizada,
la infancia rescatada,
la adultez acidulada,
la esperanza renovada.
Comunicación digital,
imparable, sin término,
secuencial,
simultánea,
¡tantos kilómetros
nos separan,
tantos bits
nos acercan
a intercambiar
las señales del alma!
Montañas verde-azules
empañan el horizonte
de deseos de retornar
a muchos años atrás,
a muchos días sin renunciar,
a muchas tardes sin llorar,
a muchas veces recordar
tus ojos verdes
tejiendo un mirar agudo,
un interior inquieto,
expresado en murmullos.
Caminamos despacio,
anti episódico devenir,
divertidos, en increíble
ambiente no lineal,
arborescente caminar,
disperso, multiestado,
ríes con estocástica indiscreción,
y exploras todo en derredor
con mirada nunca estática.
Largos árboles, fastuosos
en paradisíaco jardín,
nos acompañan, plagados
de vigilantes agentes,
plaguicidas patrulleros
que evitan mirarnos,
no les importa
nuestro calmado paso
entre el pasto y el limón
entre la cereza y la lima
entre el café y la flor.
Mecánicas flores
hacen fila para vernos,
equidistantes
formadas en racimos,
a distancias mínimas,
de su colorido centroide,
de hojas nacaradas,
matizadas de escalonado furor,
con sus diodos-androceos,
rojos, verdes, amarillos, morados
alucinantes se pierden
en la espesura del conjunto.
Por todos lados, recurrentes,
cítricos críticos,
autorreplicantes,
dotados de acidez autónoma.
Toronjas de trabajoso mecanismo,
de un magenta incandescente,
naranjas termoiónicas,
de vidriosa cáscara, doradas,
limas eléctricas, blanquecinas,
limones eléctronicos, verdosos,
y más allá,
un manchón de mandarinas mecatrónicas
color cobre.
Inalámbricas mariposas,
vestidas con velos estampados,
autoorganizados mapas de colores,
de infinito vuelo celular,
de probóscide multimodo,
incansables traficantes
de polen-láser digital.
Y las hormigas,
pequeños agentes buscadores
acorazados sensores,
percepción multimodal,
explorando van
el espacio que tus pies recorre.
Van estructurando milimétricas
la criba que a todos sostiene,
forman grumos de herrumbrosa tierra,
altares de deseos broncíneos,
donde enredan creencias de plata,
donde guardan frutos micrométricos,
con sus áureas intenciones,
minan emocionales galerías
donde forman laberintos,
gobernadas con luminosas pasiones.
Es este edén multifome,
una representación común,
a tu lectura afanosa del ambiente,
a mi escritura crítpica, incipiente,
así, la conexión se hace,
con protocolo tropical.
Alegre habla tu voz sinusoidal
tus ojos se llenan de sol,
y todo lo cubren de verde
tus miradas entusiastas.
Un verde como el que han de vestir
las luciérnagas de corazón fugaz,
de esplendor intermitente,
grupúsculos de luz,
alas que no paran jamás,
salen tras la lluvia
como cazadoras furtivas.
Parecen gotas que escapan de óptica fibra,
no poseen wolframita ardiente,
no se miran de frente,
sino de lado,
huyen con furor alado,
con estertor
bioluminiscente.
Son señales etéreas,
como escritos de tus manos,
lejanas bordadoras
de dígital lenguaje,
cinco lunas en creciente,
café corteza las envuelve.
Ojos cercanos que leen
y se entretienen
con ver pasar los mensajes,
en embarcación presurosa,
demodulados recuerdos
pasajeros del monitor,
escapan de la pantalla,
se escriben en la mente,
yacen en el servidor
de las cosas más presentes,
Aquí todo en derredor,
se tornó verde …
[27-mzo-2009]
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Abril 4th, 2010 a las 10:54 pm