Por Alejandro Méndez

 

Una nada después de la lluvia;

Los juguetes que la madera incendió entre mis dedos

De Artista Inconsciente;

El viento que amainaba en mi cabello para despojar

A los papalotes de sus cartografías en lo alto;

El temblor de piernas en las sábanas de mi muerte primera;

El poema que le hice y se lo regalé y no le dijo nada;

La noche de luciérnagas en que era la caza de las hesitaciones del polvo;

Álbumes de caricaturas -resistol segunda piel de mis manos;

Tardes de música -bailando frente al espejo me miré

Alegre y digno del silente aplauso;

Notas musicales haciendo juego con mis calcetines y mi tos;

Máquinas sin electricidad bebiendo café conmigo;

Monedas de sueños tan falsas como las originales,

Que en mis bolsillos no alcanzaron a ser arcas de futuro;

Besos que no olvido y aún son violines en Allegro magnificente;

Ropajes que la niebla deslucía contra el frío de las calles;

Saudades diluidas en la sopa cotidiana;

Aliento que dura el cortocircuito de un orgasmo feraz;

Mañanas de prisa y ocasos donde la montaña hallaba el fuego

De su alta sombra;

Discos para adormilar fantasmas;

Cintas que desdecían el dolor de audibles estertores;

Fotografías de un diente de león pertinaz contra los vientos de agosto;

Libros impenetrables;

Hojas para hacer de la tinta fresca cristalina diáspora;

Ventanas, enciclopedias contra el caos;

Carne de pollo para acidular hambres finitas;

Emulsiones que impactaban contra el estómago y la luz;

Mar de arena ennegrecida por el ancla de lo no estipulado;

Muertes de sosiego que son mi dualidad en paz;

Péndulos de inmadurez, vozbaja del llanto, caminos sin luz;

Todo lo que emerge de la chistera

Y la cabeza siendo fuente de agua que aquieta la sed de recordar…

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Una Respuesta a “DE LA CHISTERA”

  1. Karla dice:

    Vaya qué bueno que no sólo escribas de erotismo. Me gusta.

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