Por Alejandro Méndez
Una nada después de la lluvia;
Los juguetes que la madera incendió entre mis dedos
De Artista Inconsciente;
El viento que amainaba en mi cabello para despojar
A los papalotes de sus cartografías en lo alto;
El temblor de piernas en las sábanas de mi muerte primera;
El poema que le hice y se lo regalé y no le dijo nada;
La noche de luciérnagas en que era la caza de las hesitaciones del polvo;
Álbumes de caricaturas -resistol segunda piel de mis manos;
Tardes de música -bailando frente al espejo me miré
Alegre y digno del silente aplauso;
Notas musicales haciendo juego con mis calcetines y mi tos;
Máquinas sin electricidad bebiendo café conmigo;
Monedas de sueños tan falsas como las originales,
Que en mis bolsillos no alcanzaron a ser arcas de futuro;
Besos que no olvido y aún son violines en Allegro magnificente;
Ropajes que la niebla deslucía contra el frío de las calles;
Saudades diluidas en la sopa cotidiana;
Aliento que dura el cortocircuito de un orgasmo feraz;
Mañanas de prisa y ocasos donde la montaña hallaba el fuego
De su alta sombra;
Discos para adormilar fantasmas;
Cintas que desdecían el dolor de audibles estertores;
Fotografías de un diente de león pertinaz contra los vientos de agosto;
Libros impenetrables;
Hojas para hacer de la tinta fresca cristalina diáspora;
Ventanas, enciclopedias contra el caos;
Carne de pollo para acidular hambres finitas;
Emulsiones que impactaban contra el estómago y la luz;
Mar de arena ennegrecida por el ancla de lo no estipulado;
Muertes de sosiego que son mi dualidad en paz;
Péndulos de inmadurez, vozbaja del llanto, caminos sin luz;
Todo lo que emerge de la chistera
Y la cabeza siendo fuente de agua que aquieta la sed de recordar…
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abril 21st, 2009 a las 10:13 am
Vaya qué bueno que no sólo escribas de erotismo. Me gusta.