Mario Benedetti

(Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó,

Uruguay, 14 de septiembre del 1920 – 17 de Mayo de 2009)

 

El día 17 de mayo de 2009 poco después de las 18:00h Benedetti fallece en su casa de Montevideo, a los 88 años de edad. El Palacio Legislativo fue designado como el sitio de su velatorio. En el marco de este hecho, el gobierno uruguayo decretó duelo nacional y dispuso que su velatorio se realice con honores patrios en el “Salón de los Pasos Perdidos” del Palacio Legislativo desde las 9:00 del Lunes 18 de mayo.

 

  

 

NOCIÓN DE PATRIA

(1962-1963)

 

 

Además una cosa:

Yo no tengo ningún inconveniente

En meterme en camisa de once varas…

Nicanor Parra

 

 

 

Cuando resido en este país que no sueña

cuando vivo en esta ciudad sin párpados

donde sin embargo mi mujer me entiende

y ha quedado mi infancia y envejecen mis padres

y llamo a mis amigos de vereda a vereda

y puedo ver los árboles desde mi ventana

olvidados y torpes a las tres de la tarde

siento que algo me cerca y me oprime

como si una sombra espesa y decisiva

descendiera sobre mí y sobre nosotros

para encubrir a ese alguien que siempre afloja

el viejo detonador de la esperanza.

 

Cuando vivo en esta ciudad sin lágrimas

que se ha vuelto egoísta de puro generosa

que ha perdido su ánimo sin haberlo gastado

pienso que al fin ha llegado el momento

de decir adiós a algunas presunciones

de alejarse tal vez y hablar otros idiomas

donde la indiferencia sea una palabra obsena.

 

Confieso que otras veces me he escapado.

Diré ante todo que me asomé al Arno

que hallé en las librerías de Charing Cross

cierto Byron firmado por el vicario Bull

en una navidad de hace setenta años.

Desfilé entre los borrachos de Bowery

y entre los Brueghel de la Pinacoteca

comprobé cómo puede trastornarse

el equipo sonoro del Chateau de Langeais

explicando medallas e incensarios

cuando en verdad había sólo armaduras.

 

Sudé en Dakar por solidaridad

vi turbas galopando hasta la Monna Lisa

y huyendo sin mirar a Botticelli

vi curas madrileños abordando a rameras

y en casa de Rembrandt turistas de Dallas

que preguntaban por el comedor

suecos amontonados en dos metros de sol

y en Copenhague la embajada rusa

y la embajada norteamericana

separadas por un lindo cementerio.

 

Vi el cadáver de Lídice cubierto por la nieve

y el carnaval de Río cubierto por la samba

y en Tuskegee el rabioso optimismo de los negros

probé en Santiago el caldillo de congrio

y recibí el Año Nuevo en Times Square

sacándome cornetas del oído.

 

Vi a Ingrid Bergman correr por la Rue Blanche

y salvando las obvias diferencias

vi a Adenauer entre débiles aplausos vieneses

vi a Kruschev saliendo de Pennsylvania Station

y salvando otra vez las diferencias

vi un toro de pacífico abolengo

que no quería matar a su torero.

Vi a Henry Miller lejos de sus trópicos

con una insolación mediterránea

y me saqué una foto en casa de Jan Neruda

dormí escuchando a Wagner en Florencia

y oyendo a un suizo entre Ginebra y Tarascón

vi a gordas y humildes artesanas de Pomaire

y a tres monjitas jóvenes en el Carnegie Hall

marcando el jazz con negros zapatones

vi a las mujeres más lindas del planeta

caminando sin mí por la Vía Nazionale.

 

Miré

admiré

traté de comprender

creo que en buena parte he comprendido

y es estupendo

todo es estupendo

sólo allá lejos puede uno saberlo

y es una linda vacación

es un rapto de imágenes

es un alegre diccionario

es una fácil recorrida

es un alivio.

 

Pero ahora no me quedan más excusas

porque se vuelve aquí

siempre se vuelve.

La nostalgia se escurre de los libros

se introduce debajo de la piel

y esta ciudad sin párpados

este país que nunca sueña

de pronto se convierte en el único sitio

donde el aire es mi aire

y la culpa es mi culpa

y en mi cama hay un pozo que es mi pozo

y cuando extiendo el brazo estoy seguro

de la pared que toco o del vacío

y cuando miro el cielo

veo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur

mi alrededor son los ojos de todos

y no me siento al margen

ahora ya sé que no me siento al margen.

 

Quizá mi única noción de patria

sea esta urgencia de decir Nosotros

quizá mi única noción de patria

sea este regreso al propio desconcierto.

 

 

Mario Benedetti

 

 LOS POETAS NO MUEREN…

 

 

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Una Respuesta a “DESPUÉS DE TODO LA MUERTE ES SÓLO UN SÍNTOMA DE QUE HUBO VIDA (Mario Benedetti)”

  1. Héctor Leonel dice:

    Confieso que no he leído como debe de ser a Mario Benedetti.
    Recuerdo mi más reciente visita a la ciudad de México, el 6 de abril pasado (supuesta fecha anterior al brote de influenza humana), paseando por la calle de Donceles, situada en el centro histórico, entré a una de sus muchas librerías y entre libros de psicología pesqué dos de Benedetti: uno de poesía, Vientos del exilio (u otro título, no lo recuerdo), y otro acerca de ensayos, El recurso del Supremo patriarca. Bueno, pero antes de abordar mi autobús de regreso a Xalapa tomé el libro de poemas de Benedetti, leí algunos de sus poemas y me gustaron. Perdón, no tengo a la mano el tomito de poesía, sé que es de la editorial Nueva Imagen, por supuesto. ¿Será que debido a su limpidez, a la claridad de sus formas y contenidos, la lectura de Benedetti es de un jalón y allí quedan, en algún reducto de nuestra memoria, los signos, el trasluz de su voz? ¿Será que es tan conversacional que no hace falta pedirle más, quizá posibles dificultades a su lectura? Ampliamente meritoria su poesía ya que permite que quien la lea quede con ganas de más, y así a este poeta-puente se le deba la cuenta difícil de pagar por haber introducido lectores y lectoras al universo poético latinoamericano. Pienso en nuestro poeta Jaime Sabines, también en ese sentido.
    No puedo hacer santo de mi devoción a Benedetti, me gustan más Oliverio Girondo y César Vallejo, por citar dos poetas del riesgo, la densidad vanguardista o la expresiva fortaleza del lenguaje del dolor; la ironía a ultranza uno, la magnificencia del desmoronamiento humano el otro, ¿o acaso los dos? Para ello están Espantapájaros de Girondo y Trilce de Vallejo.
    De todos modos es de lamentar la muerte, en efecto, de un poeta.
    Saludos a quienes leen por aquí.

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