La muerte de este angelito
no fue muerte natural
fue del sistema social
que nos mata de a poquito.
Oscar Chávez
5 de junio, dos y media,
ocaso, tres de la tarde.
Hermosillo, Sonora.
Los tuyos no fueron
ni los de ustedes
cuarenta y ocho
cuarenta y ocho son.
Jimena, Juan Israel,
Javier Angel, Julián,
Santiago, mi Yeye,
mi terrón de azúcar,
cachito de nombres.
No, no es tu pena
ni la de ustedes
pero ¡ay! como duele.
Tomaban la siesta
y el fuego los sorprendió soñando.
Soñaban sí, esos pequeñitos,
con globos y fiestas.
Sueñen, sueñen que sus madres
justo salario un día ganarán
para que nunca, nunca más,
los tengan que dejar.
Sueñen, sueñen que sus abuelos, padres y hermanos
construyendo están
una sociedad
sin bodegas como guarderías
ni cárceles en garantía.
Ya se murió el angelito
y no quisiera llorar
quisiera poder matar
al culpable del delito.
¿Culpables?
¿Acaso hay culpables?
En este pais lleno de malos gobiernos
todo sucede por accidente.
¿Y a usted por qué se le salen las lágrimas,
acaso no tiene respuesta?.
Cuarenta y ocho, cuarenta y ocho van.
¿A ver qué es más terrible?
Morir baleado, plagiado,
torturado, decapitado,
de una enfermedad curable
asfixiado, quemado o de hambre.
¡Vamos, pero dígame!
¿Por qué estos niños murieron chamuscados,
carbonizados, ennegrecidos, incendiados, inflamados…
en una bodega que servía de guardería?.
Ya se nos fue este angelito
quizá cuantos más se irán
a causa del maldito mal
de haber pobres y haber ricos.
Achicharrada conciencia que no te deja ver
y te hace sentir como animal acorralado,
porque nacer en este país, en esta ciudad,
en este mundo, neoliberal, es el accidente más grave
que puede a alguien sucederle.
Mirna V. Viveros
La Twiettera
Entradas (RSS)