Archivo de 9 julio 2009

 


 

 

La muerte de este angelito

no fue muerte natural

fue del sistema social

que nos mata de a poquito.

 

Oscar Chávez

 

 

5 de junio, dos y media,

ocaso, tres de la tarde.

Hermosillo, Sonora.

 

Los tuyos no fueron

ni los de ustedes

cuarenta y ocho

cuarenta y ocho son.

 

Jimena, Juan Israel,

Javier Angel, Julián,

Santiago, mi Yeye,

mi terrón de azúcar,

cachito de nombres.

 

No, no es tu pena

ni la de ustedes

pero ¡ay! como duele.

 

Tomaban la siesta

y el fuego los sorprendió soñando.

Soñaban sí, esos pequeñitos,

con globos y fiestas.

 

Sueñen, sueñen que sus madres

justo salario un día ganarán

para que nunca, nunca más,

los tengan que dejar.

 

Sueñen, sueñen que sus abuelos, padres y hermanos

construyendo están

una sociedad

sin bodegas como guarderías

ni cárceles en garantía.

 

Ya se murió el angelito

y no quisiera llorar

quisiera poder matar

al culpable del delito.

 

¿Culpables?

 

¿Acaso hay culpables?

 

En este pais lleno de malos gobiernos

todo sucede por accidente.

 

¿Y a usted por qué se le salen las lágrimas,

acaso no tiene respuesta?.

 

Cuarenta y ocho, cuarenta y ocho van.

 

¿A ver qué es más terrible?

 

Morir baleado, plagiado,

torturado, decapitado,

de una enfermedad curable

asfixiado, quemado o de hambre.

 

¡Vamos, pero dígame!

 

¿Por qué estos niños murieron chamuscados,

carbonizados, ennegrecidos, incendiados, inflamados…

en una bodega que servía de guardería?.

 

Ya se nos fue este angelito

quizá cuantos más se irán

a causa del maldito mal

de haber pobres y haber ricos.

 

Achicharrada conciencia que no te deja ver

y te hace sentir como animal acorralado,

porque nacer en este país, en esta ciudad,

en este mundo, neoliberal, es el accidente más grave

que puede a alguien sucederle.

 

Mirna V. Viveros


Siempre habrá miel en el bebedero,

ropa limpia en el ropero, lo sabes,

y un platito de arroz en la cocina

donde cotidianamente el corazón

se alimenta con el destello de tus ojos,

llévame en ellos a donde vayas

para gozar en tu mirada,

el revolotear de colibríes,

las sonrosadas nubes

y el sol cayendo a cubetadas.

Llévame en tus ojos,

a donde vayas, iré contigo,

te seguiré a lo loco

sin preguntarte nada,

llévame en tus ojos

en tu olfato

en tus oídos

en tu garganta

en tus poros.

En tí, amor,

en tu sudor, color, ardor,

en tus venerados ojos.

Siempre hay miel en el bebedero,

ropa limpia en el ropero, lo sabes,

y un platito de arroz en la cocina

esperanzado de tu boca

de tus manos

de tus dedos

que aligeran mi cuerpo.

Llévame contigo a donde vayas,

recoge estas ansias que tengo de quererte,

y guárdame en la vagabunda mirada…

de esos ojos placenteros.

Llévame en tus ojos

para conocer tus pesadillas,

mi realidad, nuestros sueños, tantos,

como tantos años ha, que quiero.


Mirna V. Viveros


 

Comienzo el día escuchando florecer

de tu boca, refulgentes palabras

que ensanchan la alameda de mis sueños.

 

Tanto espacio, tanta luz…

Tanto amor en ti esperando.

 

Florecidas flores

que cantan la calentura del sol

y entonan himnos de paz.

 

Palabras floreciendo

como enredaderas

en las enramadas de mis ojos.

 

Enramadas de palabras floreciendo

como enredaderas de mis ojos.

 

Con tanta luz, con tanto amor…

 

Todo tu, despilfarras con alegría

endulzadas palabras en mis oídos

como chocolate para el corazón.

 

Palabras que denuncian la existencia

y desfilan con ánimo, ríen, ríen

y bailan con tus sueños.

 

Esperando, esperando tanto, en ti…

 

De querencia jugueteando, palabras floridas

sácalas, sácalas y dilas de una vez por todas

antes (de) que se apague la hoguera que nos alumbra.

 

Mirna V. Viveros