Archivo de 20 julio 2009

De:Teresa María Margarita Rivera Güemes

 

 

En una puerta solitaria de una casa cualquiera,

de fachada, triste y fría muy fría como su alma,

ahí dejamos de ser uno mismo, madre e hijo al fin,

rompieron el único lazo que los unía.

 

Y desde entonces ¡hijo de la calle soy!

como pretexto, el hambre, el engaño el cansancio,

la soledad ,mil formas de justificar la impiedad

y ahí en el quicio de una puerta

mi llanto inocente clamaba diciendo:

¡madre, madre ! no me abandones

y pared a pared resonaba el eco,

la quieta noche reflejaba la luz de la luna,

entre las sombras las fuerzas desfallecían,

y arrullado en la neblina nocturna,

estremecido de frío el corazón latía lento.

 

¡De pronto!¡de pronto!

la misericordia del Dios eterno resplandecía,

¡Bendito Dios es una criatura

¡Dios que crueldad! ¡santísimo señor!,

no permitas que muera!¡alguien ayúdenme!

está casi muerto. Gritaba una mujer de triste mirada.

 

 Han pasado veinte años

y vuelve a surgir la misma historia

no, no morí ¡soy yo mírenme!

¡hijo de la calle soy, hijo de la calle fui!

no se de donde vengo porque la mujer que me diera la vida

a la siguiente cuadra donde me abandonara

fulminada como un rayo murió.

 

 ¡Hijo de la calle soy!

 se adonde dirijo mis pasos y es a ti a ti escucha y dime

¿acaso vale tanto una noche de pasión,

una quimera sin sabor, un te amo sin valor,                     

hacer hijos de la calle y abandonarlos sin compasión?

yo tuve la suerte en aquella noche tenebrosa

de encontrar una madre, a una anciana dulce y tierna,

aprendí de ella el amor a la vida, al trabajo,

a tener una ilusión, a la esperanza de la fe fallida

El pan nunca faltó ni el calor de su regazo.

 

Sabia como la naturaleza dirigió mis pasos

para ser un hombre de bien, hace unos años

cuando ella murió prometí ir de calle en calle

trabajando duro para subsistir, y de puerta en puerta

hice mandados,  de oficio, bolero y criado ¡ si señor!

de limpiador de carros un taco no me faltó.

 

Los vecinos se iban turnando con un trapo y un jabón,

el Profe. de la escuela muy pendiente

con un cuaderno y un lápiz nunca me olvidó.

Y cuando la añoranza del recuerdo volvían

corría al cementerio y podía sentir sus caricias diciendo:

¡Ánimo hijo otro día ya terminó.

¡Hijo de la calle soy!

y cuando un día encuentre de nuevo el amor,

no el de madre, sino el de aquel que brinda la pasión

y tenga a un hijo entre mis brazos,

¡gritaré con ahínco y con fervor!

¡hijo de la calle soy!

¡ porque mi madre me abandonó y este hijo mío tendrá todo lo que a mí la vida me negó.

                                                                    

 

 Teresa María Margarita Rivera Güemes

De: Teresa María Margarita Rivera Güemes

 

La vida resplandecía sin prisa

y un día por una mentira

cambio por completo y se volvió vacía

y andar y andar sin remedio

llevando un castigo es mi porvenir

hasta arrancarme la espina clavada en mi pecho

así será mi destino llorar metro a metro un lamento

y llevar una carga sin peso

hasta encontrar un oasis de paz

donde descansar el tormento

de una culpa que no tengo

por una mentira evocada

en un momento de envidia

de frustración

de amargura

por una boca que emana porfía

en vez de amor y ternura

si algún día dijo ser amiga

y se vendió a la cruel traición

¡bendita verdad!,¿porque callarla?

¿porque sembrar el dolor

acabando una vida condenando a un ser

a pobre alma en pena?

¿bendita verdad!, ¿quien la dijera?

si con ella vería un hogar a salvo

de la destrucción de la contienda

y a quien le importa ver una carita llorosa

prendida de una mano

salir corriendo y ocultarse en el anochecer

por una mentira, por otra y otra

hay miles de seres en el mundo

corriendo de un lado a otro

en busca de una verdad

esas almas las ves

en una cárcel,

en el destierro,

en una tumba,

en la soledad,

señalados por una sociedad

¿y a quien le importa el dolor

 de ser calumniado sin piedad?.

¡vamos, hablen, hablen,

no me miren como un criminal!

la verdad amigos esta en el hombre justo

solo aquel que venera a dios con el corazón

y díganme, ¿quien no ha caído en el chisme

de hablar mal de su hermano sin compasión?

endeble ser humano,

¿acaso no conoces la frase que dice

no temas a quien mata el cuerpo

sino a quien destruye el alma?

a este huir, a este condenar

y perdóname mi dios por proferir estas palabras

maldita sea la boca,

mil veces malditos los labios

que crearon una calumnia

y bendito seas tu si hablas con la verdad.

 

 Teresa María Margarita Rivera Güemes