De: Rafael Ramírez
I
Mencioné que el corazón es, por mucho, una bala perdida.
Que mi hogar no es mi hogar.
Que quiero obtener poder sobre los perros.
Que mis ojos no son del color de la noche, tal vez una imitación de barro que tiene miedo:
a descubrir la bestia que llevo dentro
No sé si lo sabes ya pero yo…
Tengo tanto miedo saberlo.
II
He dicho mil veces que te quiero…
la cortina de humo que desprende tu féretro
tiende a calarme como una estaca en el pecho.
Con temblor de lágrimas me confieso…
Porque soy un niño. Sí, un niño enfermo.
-y sigues allí, sin respirar, sin hacer nada, sin mover un simple dedo…-
¿Acaso tienes miedo como yo?
O
¿Es que como yo tienes miedo de saberlo?
El miedo no es tan malo sabes, éste tiene un punto débil:
Es un alacrán que se inyecta su aguijón
cuando se ve rodeado por el fuego.
No sé si lo sabes ya pero…
Tengo tanto miedo de saberlo.
III
La vida es el licor de todos los licores del universo…
Tal vez por ello,
cuando contemplamos las estrellas,
nos embriagamos sin saberlo.
Suponiendo que tus labios contienen arsénico
y tu guadaña la fragancia del misterio,
no tengo reparo en beber si esto significa descubrir
que tu ausencia huele a jazmín,
hasta que el sol marchite a boca jarro tus senos.
No me maldigas por ser mal momento.
Maldíceme si quieres porque mi piel
está hecha de los temores de niño.
Sí, de niño enfermo, no sé si lo sabes ya, pero;
maldíceme si quieres porque tengo miedo…
yo mismo tengo miedo de saberlo.
IV
En soledad absoluta aparearme con la muerte,
conquistarla con huesos fortificados con lo mejor del calcio
a falta de mejor señuelo.
Porque mi cuerpo es de barro,
mi garganta de pájaro,
mi alma de cigarra –tan de cigarra–
y mi corazón de silencios –tan lleno de silencios–
y cantar al infierno la canción de todos los infiernos
porque “grillo que no canta, algo tiene en la garganta”
Y es triste, realmente es muy triste decirlo.
No sé si lo sabes ya, pero sigo con mis temores de niño, y de perro.
Por ello tengo miedo… tengo miedo de saberlo.
V
La bola de cristal dejó de ser confiable
y mis sueños tomaron su propio vuelo…
y el amor se llenó de angustiosas muertes
cuando los peces despavoridos, uno a uno, fueron huyendo…
El sol nos restregó groseramente su luz en la cara.
Dejándonos a algunos mendigos,
a otros sordos,
a un puñado más:
sordos y ciegos de la pulcra soledad que poseemos.
Pero mis pies se negaron a hacer su función
dentro del sinuoso día que nos acechaba con furia
confundiéndonos.
No sé si lo sabes ya, pero tengo miedo.
Yo mismo, tengo miedo de saberlo.
VI
Cuentan que de un tiempo a la fecha
el susurro es el mejor de los amantes
y el elíxir de nuestros sexos, de a poco se fue consumiendo.
No sé si lo sabes ya,
pero albergo en mi cara la cara de la muerte.
Los ojos de un muerto
Y de animal el miedo…
un atroz miedo de que al abrir la boca
se salga el demonio que guarda mi cuerpo…
tal vez desconozcas este miedo animal de niño,
sí, de niño enfermo.
No sé si lo sabes ya pero,
tengo un miedo animal de saberlo.
VII
“Si existen luciérnagas,
qué importa que no haya electricidad en mi tumba”
Algunas veces me falla el corazón,
otras el alma…
para cuando me percato de mi existencia
descubro que todo yo termino fallando.
En el vientre de mi madre me encontré
con el cordón umbilical enroscado al cuello…
desconozco si fue obra de la casualidad
haber nacido
medio vivo o medio muerto.
Y si me aferro a tus plantas, será que soy un niño. Sí, un niño enfermo cuya forma de vivir es una canción, que su realidad está plagada de sueños…
No sé si lo sabes ya, pero tengo miedo… yo mismo tengo miedo de saberlo.
VIII
Preparo un café ahora que estoy solo.
Son las seis de la tarde-noche y estoy solo.
No me he asomado a la ventana
ni he abierto las cortinas que dan a la calle
por temor a todos…
y en mi absurda soledad descubro que
estoy paranoico.
Aún así podría asomarme
y descubrirte entre tantas personas y fotos
pero yo, soy muy niño, para acabar estoy enfermo y loco y… solo.
Y estoy solo y enfermo y cobarde y paranoico.
No sé si lo sabes ya pero,
tengo miedo de saber que soy más que paranoico de todos modos…
Rafael Ramírez
Entradas (RSS)
diciembre 4th, 2009 a las 7:18 pm
Primo soy javier hernandez el hijo de esteban, esta chido tu poema, la neta que fumas?… sigue mejorando…
arre.