Archivo de 30 agosto 2009

De: Rómulo Pardo Urías

 

¿Son nuestros pensamientos

frutos podridos, engendros

del antiguo árbol del conocimiento?

 

¿Inmaculadas líneas divisorias

que se sumergen en su quietud

y se propagan en lo infinito?

 

¿Son siquiera restos de un lenguaje,

somnoliento y diluido, pedazo de la realidad

que se ha desvanecido cuando tratamos de evocarlo?

 

Tal vez sólo sean sepulcros

de tantas visiones que se presentan,

de miles y millones de sonidos hipnóticos,

descalabrados chiflidos de la tempestad.

 

Quizá son el residuo de la memoria

que sigue jugueteando con los trapos

que se quedaron tendidos el día de San Valentín.

 

Entonces hay ciertos pensamientos

carentes de significado,

que se han perdido a la vista

como gaviotas en la mar océano

sin nada que pudiera hacérselo saber.

 

Quedan sin nombre aquellos alaridos

mutantes y amenazadores en su intimidad,

falsos, condenados pero nunca tajantes;

simples y portentosos llegaron

y no se fueron hasta hoy.

 

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