Adict@s a la poesía

 

VLADIMIR HOLAN, POETA DE LA OPACIDAD

 

Manuel Martínez Morales(*)

 

Las cosas no son tan decibles y comprensibles,

como se nos quiere hacer creer.

La mayor parte de los acontecimientos

son indecibles y tienen lugar en un ámbito

en el que jamás ha penetrado palabra alguna.

R.M. Rilke

 

Cada hombre, siendo como un árbol con la cabeza perdida entre nubes y estrellas y los pies cubiertos de barro, gusanos y estiércol, es “el punto en el que se cruzan los fenómenos del mundo”. Espacio y tiempo se concentran y se expanden en una entidad tan frágil como es la conciencia humana: la estrella que ahora veo es la imagen de la estrella tal cual era hace cientos o miles de años. Pierde sentido preguntarse si la estrella existe o no en este momento; para mí, la estrella está ahí, compone mi experiencia local y la conecta con antiguas épocas de la historia cósmica; todo concentrado en un presente infinitesimal, evanescente, que separa imperceptiblemente el pasado del futuro.

Sólo una breve fracción de ese magma cósmico, depositado en el hombre, es filtrada por el tamiz de la lengua. El resto permanece en la oscuridad, en la opacidad de lo no nombrado, de lo que no es posible hablar ni decir nada. Con grandes esfuerzos, heroicamente, el hombre, constituido ya en un ente social, cincela la cultura y las lenguas para reconstruir ante su entendimiento, aquello que sin forma bulle en el turbulento océano de su ser.

Si decimos universo, creemos entender algo de la magnífica existencia, esto es, del ser. En verdad, nada se entiende; sólo se logra momentáneamente, posponer el encuentro con la oscuridad del mundo. Así, palabra a palabra –hachazos en la oscuridad-, se construyen los mitos y la poesía, que salvan a los hombres de la desesperación.

 

ALLA EN LO PROFUNDO

 

No es que las estrellas y las palabras

no tuvieran relación.

Mas allá en lo profundo,

antes de la hereditaria culpa de la muerte,

allá donde la entrada femenina del Tártaro da paso al amor,

profanado aunque sea por un solo susurro,

son las olas las que sirven al amante,

pero es la serpiente la que sirve a los Genios…

 

Vladimir Holan (Praga, 1905), quien ha sido llamado el poeta de la noche, bien puede ser llamado, con mayor propiedad, el poeta de la opacidad. Su poesía muestra a Holan situado en la tenue frontera –opaca- que separa al día de la noche, atisbando hacia

el “ámbito en el que jamás ha penetrado palabra alguna”, intentado plasmar en sus versos lo que allá alcanza a vislumbrar:

 

UNA NOCHE CON HAMLET

(fragmento)

 

Al ir de la naturaleza al ser

Los muros no son acogedores, a decir verdad,

esos muros orinados por los ingeniosos, escupidos

por los eunucos en rebelión contra el espíritu,

muros cuya vileza no puede acrecentarse

ni con su misma inexistencia,

muros que sin embargo

están ya sazonando frutos…

 

Vladimír Holan nació en Praga, pero a sus seis años se trasladó con sus padres a Podolí cerca de Belá pod Bezdezem, región del poeta romántico Karel Hynek Mácha. Allí nació el deseo de Holan de convertirse en monje. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. El poeta confesó que desde pequeño al oír el crujido de una falda se olvidaba de los monasterios. El amor lo acompañaba tanto en su vida, como en sus obras. Porque según decía Holan: “Sin el amor no se puede nada. Ni siquiera morir se puede sin el amor”.

En el año 1926 Holan se matriculó en la Facultad de Derecho, pero estudió tan sólo un trimestre. Buscando un empleo se dirigió al poeta Antonín Sova. Este le mandó al ayuntamiento donde un funcionario le recomendó a Holan ponerse un uniforme y presentarse en una empresa que se encargaba de limpiar las calles de Praga.

Al final empezó a trabajar en 1927 en una oficina del Instituto de Pensiones. Al cabo de siete años fue jubilado con el diagnóstico “psicopatía constitucional”. Desde entonces se ganaba el pan exclusivamente con la literatura.

La segunda antología de Holan “Triunfo de la muerte” cosechó elogios tanto de los críticos, como de sus colegas literatos. Jakub Deml escribió a Holan: “Basta con leer la primera página para reconocer que Vd. es poeta y artista”.

En noviembre de 1932 Holan se casó con Vera Pilarová, con la que tuvo una hija Katerina. La niña sufría el síndrome Down, pero el padre la adoraba y le escribía versos infantiles.

La poesía que Holan publicó antes de la Segunda Guerra Mundial es muy sutil y subjetiva, describiendo una realidad de sueño. En la difícil situación política después de la firma del Tratado de Munich el poeta reaccionó con el libro “Septiembre 1938″, que incluye el poema acusatorio “Respuesta a Francia”. En los años posteriores Holan escribió versos patrióticos para levantar el ánimo del pueblo checo golpeado por el nazismo.

En 1946 Holan se afilió al Partido Comunista, pero ya en 1948 fue acusado de formalismo decadente y un año más tarde apareció en la lista negra sin la posibilidad de publicar hasta 1962. Entonces ya vivía en la casa en Kampa, una de las islas praguenses, dentro de cuyas paredes se encerró ante el mundo. La pared representa uno de los símbolos significativos de la poesía de Holan. Sus poemas sobre este tema fueron recopilados en una antología individual.

Una de las últimas excursiones de Holan se realizó en 1961. Con el poeta Vilém Závada viajó entonces al castillo de Kokorín. Se dice que cuando Závada le ofreció ponerse de lado del régimen, Holan le dio una bofetada.

Vladimír Holan calificó los años entre 1949 y 1956 como los más crueles de su vida. En esa época escribió el poema dramático “Una noche con Hamlet”, que fue estrenado en 1963 en el teatro Viola de Praga permaneciendo en el escenario a lo largo de 25 años. En 1965 Holan publica la antología “Dolor”, en 1968 le fue otorgado el título de artista nacional y un año más tarde fue nominado para el Premio Nobel de literatura.

PERO EL TIEMPO

“¿Qué hay en tu corazón?”, me preguntó la vida.
Era una pregunta tan brusca,
buscaba tan poca excusa,
que quise responder: ¡Nada!

Pero el tiempo (que en pie junto a una columna de piedra
obligó hace mucho a sentarse a todas las catedrales)
me dijo: “¡Mentiroso, ese lugar que en ti
han ocupado las mujeres
sólo en el infierno permanece vacío!”

La vida del hombre sobre el planeta Tierra es una aventura llena de dolor y sufrimiento, pero abierta también al gozo y a la serenidad; aventura cuyo desenlace permanece en la opacidad. Es posible que la conciencia de la finitud de la vida sea el impulso que nos mantiene bregando, día con día, cual si fuésemos inmortales.

(*)Matemático adicto a la poesía

adictosalapoesia@yahoo.com.mx

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Una Respuesta a “VLADIMIR HOLAN, POETA DE LA OPACIDAD”

  1. Goya Gutiérrez dice:

    Hola, me han gustado mucho las traducciones de Holan que expones en este sitio. ¿Me podrías recomendar
    libros y antologías del mismo traductor? Agradecida te saludo atentamente.

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