Si estas conmigo aunque este roto
me siento vivo!
me siento vivo…

…de una canción de   Manuel Carrasco.

 

Sucede que las cosas que pretendo son tantas, tan pocas, siquiera quisiera quererlas…

Callaron las estrellas, muertas, en el extraño miedo, en las más de mil bocas que se besan.

Luego, las boas traviesas nos enredan en mil complejos, sobremanera, ya nada nos acopla, y cala el miedo, las sonrisas, el recelo de no pertenecer al hogar de tus brazos, ni de cerca ni de lejos…

 

Todo cambia:

de ritmo, de nido, de alergias de uno mismo…

de campanas los campanarios, de Islas Canarias los canarios,

por que todo cae al unísono, por que la saliva no es sana:

¿Porqué las orugas mueren de frío?

¿Porqué las arrugas mueren de ganas?

 

Sucede que me embriaga la nostalgia, ahora que te busco sin buscarte, que te encuentro en los recuerdos…

Se agotan las botellas, no estoy ebrio, ¿me quieres? Sobra espacio en esta sombra, víveres en la cocina, sobra y sobra… tantas cosas sobran entre la distancia.

 

-Padeces del mal de las aguas, de esas que mueren sin peces- la almohada  dice las cosas que no se deben decir a mi persona.

 

Todo cambia:

otros brazos te abrazan, un camaleón te ama de mil formas… no tengo remedio, vos de psicoanalista. Mi corazón… empeñado en resolver  crucigramas.

Sucede que la melodía se agota, ¿en la bitácora? Ah, por supuesto… Saben cuanto desafinan las cigarras… Ensoñaciones, noviazgos de borrador en la papeleta, algo más, el calendario: hola chica, cómo estás, mi corazón sangra, tienes rotas las alas.

-Querellas pasajeras- murmulla la conciencia, piedras en camino, cuervos en la despensa, canciones de una y otra y otra vez… preservativos que se añejan.

 

Todo cambia:

de postura las escaleras, de amantes las amadas, de rosa las panteras, del rosa de los putos cuentos las hadas, de moralejas la fauna y semejantes pendejadas.  

Sucede que en sucios instantes me dan ganas, ganas de matar, ganas de arrancarte la falda, de hacerte mía, ganas de cortar la lengua que te ama, de gritar “la maté por que era mía” y tirar la toalla.

 

Todo cambia:

cambia cuando pido que te vayas, cuando arrojas tus labios a mis labios, cuando mis manos son las que te ultrajan, Magdalena, en vez de amor hacemos las lágrimas…

Sucede que perdemos el hilo a nuestra historia… el mar se adueña de nuestras crónicas, no sabemos ya si son nuestras, o de otros nuestras las desgracias. Sigues allí, en la rueca, clavando esperanzas cual mariposas, desenredando esta telaraña… y me pasa que te quiero como puntos suspensivos, como fe de erratas.

 

Kenjiro Ramírez…

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