
Entré en tu laberinto
Siguiendo un rastro de palabras y lágrimas de toro.
El minotauro eres tú
Mi tierna bestia,
Un cuerpo de hombre
Que carga una cabeza
Pintada de pasiones,
Dulce
Sin edad
Por siempre joven
Por siempre solo
Un niño toro.
Atrajiste a la virgen
Siguiendo un hilo de oro
Que enredabas en una madeja
Pacientemente
Desde un rincón oscuro.
Quiero subirme a tu lomo
Porque quiero acariciar las galaxias de tu pelo negro
Hermoso monstruo moreno
Porque quiero sentir tu aliento de toro
Porque quiero que me encierres en tu laberinto
Porque quiero que me cerques hasta tu centro
Porque quiero que no pueda escapar
Porque quiero convertirme en ti.
Sentir tus ojos de mansa bestia
Tras los espejos
Oler tu rastro por las paredes
Acariciar tu pelaje reluciente al sol
Y darte mi corazón
Para que te lo comas
Y mi sangre
Para que con ella dibujes
Otro laberinto
Sobre tu cuerpo.
Angélica González Macías
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Octubre 12th, 2009 a las 3:33 pm
Hola Angélica, hermoso tu poema, dan ganas de ser ese minotauro, para ser elgiado con tan pletórico cáliz. Un abrazo.