A mi hija Virginia Adonay

Con mi corazón de niña,
con la certeza que El me ha dado,
De saber, de su presencia,
De sentir que El, está a mi lado.
Y en el ir ya a dormirme,
en mi soledad con El,
en un lenguaje, que El me inspira,
un recuerdo de inocencia yo y El.
Un sueño siempre le pido,
secreto entre Yo y El.
Seis años han pasado,
hoy cumplí ya los catorce.
Han pasado tantas cosas,
Conocido nuevas gentes.
Sin saberlo se integraron,
A participar, de este sueño.
Su presencia, su apoyo, el esfuerzo,
la enseñanza, ¡La disciplina, el sustento¡,
El sueño se materializa,
en mi mente, en mi cuerpo,
mí espíritu y mis manos,
así me lo manifiestan.
El sueño sigue, y se transforma,
cuanto más, se materializa.
Mi oración hoy, de adolescente,
en un lenguaje, que El me inspira.
Que dulce presencia es esta,
Esta, de estar contigo.
Secreto que yo te pido,
Presencia que tú me das.
En mi soledad, de encuentros,
Te quiero siempre conmigo.
Un sueño siempre le pido,
Secreto entre Yo y El.
De decirte de mis sueños.
De alabarte, y agradecerte,
Por que Tu “Dios”, desde que era niña
Tu “Dios”, sueñas conmigo.
Jesús Hernández Barradas
21 de mayo de 2009
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