Eras un sol radiante.
Un sol radiante,
colorida fuerza,
fuego tierno,
sol florido, perfumado,
sol que no me cabía en las manos,
ni en las letras,
ni en los cuadernos,
ni en las ideas.
Flamígera ofrenda tu mirada era.
Ardían las llamas de tus cabellos,
destellos dorados, marrones,
bronce entrelazado,
bronce ondulado,
luz y calor tu sonrisa.
Eras un sol radiante,
inmortal, de eternidad,
primavera plena,
viva esperanza de inmortalidad.
Ahora sé que no eres un sol,
tu rostro no es tan radiante, ni tan florido.
Ahora sé que eres un sistema solar,
de planetas alineados,
de lunas desterradas,
de estrellas infinitas.
Ahora sé que eres un mar,
poseído y poseedor,
de música,
de canto, de vida
de sal y calor.
Ahora sé, que tus pasos estelares,
se alejan presurosos.
años luz…
Deseo sideral,
lejanía de cristal obscuro,
de luces, de pretérido y futuro.
Ahora sé que tus rayos antes dorados,
tienen blanca luz, de plata,
y tus ojos son el limbo de mis sueños,
como tu rostro
el espacio donde navegan mis miradas,
ellas, náufragas de la mañana,
resabios del despertar lluvioso,
de nuestra infancia terminada,
nuestra adolescencia interrumpida,
nuestra adultez desesperada.
Eras un sol radiante.
Un sol radiante,
colorida fuerza,
fuego tierno,
sol florido, perfumado,
sol que no me cabía en las manos,
ni en las letras,
ni en los cuadernos,
ni en las ideas.
Flamígera ofrenda tu mirada era.
Ardían las llamas de tus cabellos,
destellos dorados, marrones,
bronce entrelazado,
bronce ondulado,
luz y calor tu sonrisa.
Eras un sol radiante,
inmortal, de eternidad,
primavera plena,
viva esperanza de inmortalidad.
Ahora sé que no eres un sol,
tu rostro no es tan radiante, ni tan florido.
Ahora sé que eres un sistema solar,
de planetas alineados,
de lunas desterradas,
de estrellas infinitas.
Ahora sé que eres un mar,
poseído y poseedor,
de música,
de canto, de vida
de sal y calor.
Ahora sé, que tus pasos estelares,
se alejan presurosos.
años luz…
Deseo sideral,
lejanía de cristal obscuro,
de luces, de pretérido y futuro.
Ahora sé que tus rayos antes dorados,
tienen blanca luz, de plata,
y tus ojos son el limbo de mis sueños,
como tu rostro
el espacio donde navegan mis miradas,
ellas, náufragas de la mañana,
resabios del despertar lluvioso,
de nuestra infancia terminada.
Esta entrada fue escrita el Miércoles, 14 de Octubre de 2009 a las 6:41 pm y archivada en W. Arturo Luna. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del feed RSS 2.0.
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Octubre 20th, 2009 a las 4:11 pm
Wulfrano, que bueno que puedes escribir. Que bueno que el sentimiento surge. Yo me he quedado muda. No encuentro cómo sacar esto que nos esta tocando hasta lo mas profundo de nuestro ser. Mi reacción ha sido sentarme a llorar la impotencia. Quisiera que viniera la esperanza en mi rescate.