Un enamorado beso se volvió suspiro

rompiendo la apariencia de languidez de lirio.

 

El aire voluble escapó cautivo,

aquella agonía de palpitar de ave,

pobre prisión de palidez de cirio.

 

Palpitar desmayado, lejano confín,

un beso preso volaba, tanto se acercó a ti

a tu inaudita belleza que no tiene fin.

 

Hasta que un día,

huyó tras el anhelado romance

que su corazón hizo latir

buscando en el mismo aire

esos irresistibles suspiros

que desde lejanas tierras lo hicieron venir.

 

En la belleza de los diamantes

quiso su felicidad postergar

olvidando los sencillos detalles

que hacen al corazón vibrar

y entonces como un milagro fue que todo ocurrió

con solo un giro de su mano

ante sus ojos se transformó

eras un ave del lirio y estabas llena de amor.

 

VÍCTOR ARTEAGA RUÍZ

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