Para Mina, sirena de mis mares.
No era el mar
pero sabíamos a mar
olíamos a mar
sentíamos el mar.
El suave ritmo de las olas
la brisa salina
el sol cayendo en nuestra espalda
cuerpos empeñados
en el vaivén marino.
Quédate —dije—
mientras buceaba en tus profundidades
y tú
tú humedecías mi boca
con el sabor de las algas marinas.
¡Ah! no era el mar
pero sabíamos a mar
olíamos a mar…
Los hipocampos flotaban
lánguidos
tras la incontenible arremetida
del oleaje imaginario
(torrente de sal).
Quédate conmigo
hagamos el amor
antes que el tsunami nos arrastre.
5⁄12⁄09
Manuel Martínez Morales
Entradas (RSS)