Las manos blancas y limpias

como las noches limpias

dulce y tierna tu faz

como con tintas

que tenuemente proyectan

una incipiente luz

simétrica y perfecta.

Visibles y con aire de azucenas,

coquetas margaritas

y tulipanes que bajan

de las mismas estrellas.

Ilusión que alegra

los anhelos más benditos

y brilla así más aún

mi espíritu masculino.

Jesús toco a mi puerta

a través de tu mágica presencia.

Azul y con tonos de esmeralda

después de ti, corazón,

no hay tesoro más preciado

que el alma aguarda.

Me reflejo en el astro rey

y en el encanto de tu amistad

y me reintegra así

la sagrada fe

que solo se nutre, comulga

y sabe de la verdad.

VÍCTOR ARTEAGA RUÍZ

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