Tráeme tu palabra Federico,
del mundo que ahora habitas
donde el recuerdo te cobija
y por más que quieres
la luna no resucita.
que dolor, que dolor, que pena.
Préstame tu palabra Federico,
deja que te robe algunos versos
porque cuando tu voz se pronuncia
titilan las estrellas.
de dolor, de dolor, de pena.
¿dónde han quedado tus restos?
Bajo laureles.
¿dónde las sepultadas lunas?
En tu garganta.
¡Federico! ¡Federico!
por todas partes yo también
veo el puñal en el corazón de la gente.
Que dolor, que dolor, que pena.
Mirna V. Viveros. Nov 24 de 2009
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