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Llegamos hasta el borde de la poza

Asomados a ese espejo rutilante

Reímos como niños desnudos de razones;

Tus dedos violeta no se cansaban de acariciar la luna y los míos azules la dibujaban en la arena

¡Veo un verso! –dijiste-,

y hundiste tu mano hacia el profundo fondo deslumbrante.


Te seguí por el verbo que iniciaste

Y a través de la amargura de las dudas

Y del cieno asfixiante de la incomprensión

Pude ver tu sueño,

¡Tengo un lado de la idea!

Te grité

Y te sentí a mi vera

Buscando,

Latiendo,

Pensando con el alma

Como si el universo dependiera de ese instante.


Sacamos juntos el poema de la nada

Etéreo, palpitante,

Un instante y nos bañó de luz.


Nos reímos en silencio y pudimos ver un poco más

De los profundos ojos que nos habitan el ánima.

Eos Deneb S.

12 Julio


Lo que yo le escribí al poema anterior: (Angélica González)


 

Llegamos hasta el borde de la poza

De ésa, de la que hablan las mitologías

De ésa, de la que bebieron los unicornios, las aves fénix y los dragones.

Asomados al espejo luminoso

Reímos como niños desnudos de razones;

Tus dedos violetas no se cansaban de acariciar la luna y los míos azules la dibujaban en la arena

Miramos a los seres bajo la superficie:

Insectos, chispas, peces, deseos

Las centellas danzaba, se alejaban y se unían

¡Veo un verso! -Dijiste-,

y hundiste tu mano hacia el profundo fondo deslumbrante

quebrando el espejo,

atravesando la luna,

y sacaste su corazón

anfibio, resollando, palpitante,

tornasolado de palabras.


Te seguí por el verbo que iniciaste

Que creció como una enredadera,

Hiedra de símbolos sobre el paredón del aire.


Y a través de la amargura de las dudas

Y del cieno asfixiante de la incomprensión

Pude ver tu sueño, pude ver el mío

¡Tengo un lado de la idea! –te grité-

la sujetaba por la cola.


Y te sentí a mi vera

Buscando,

Latiendo,

Pensando con el alma

Como si el universo dependiera de ese instante.


Sacamos juntos el poema

Etéreo, palpitante de humo, que aprendía a respirar en nuestro mundo

Aleteó

Y cantó en las voces de todos

Un instante

Y nos bañó de luz.


Nos reímos en silencio

Y pudimos ver un poco más,

Un poco más de o humano,

Nos supimos un poco más,

Y se abrieron por un momento

Los profundos ojos que nos habitan el ánima.

Angélica González M.

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