Bicolores de punta doble

que encienden las blancas hojas del cuaderno

con tercos y escandalosos rayones,

nacidos en libertad.

Cuántos tuve,

cuántos eran,

no lo sé,

nunca los conté.

Lápices de colores

empuñados

cuando la inquieta mano

hace del punto el universo.

Trazar con su afilada punta el horizonte

o el contorno de los sentimientos,

responder a la colorida emoción

que se aviva gustosa ante la inocencia.

Nunca más he vuelto a  garabatear

la inquietud del arcoiris

ahora mi vida está cuadriculada

con lenguajes de libertad condicionada

a la generación de los kilo y mega bytes

que aislan el romanticismo

del recuerdo de los lápices de colores.

Mirna V. Viveros / 2010

Deja una Respuesta