Archivo de febrero 2010

De: Andrés Cardo

I

No hay letras para escribir tu epitafio

Ni aunque salgas de la tumba de tu nombre

y reconstruyas el árbol que con hachazos convertiste en leña

nunca las tendrás

este odio a lo único que motiva

es a tirarte debajo de la duela de la cama

a meterte en una caja forrada de tela

clavada en la raíz que se infiltra

en lo profundo de la tierra

Éste odio cobarde no te expulsa

Te esconde y no te deja diluirte efervescente en el aire

Sin embargo aún sin letras

escribo el túnel para expulsarte

para que desmembrado te arrastres

hasta el filo de mis ojos y desciendas

en cascada y te limpie de mi para evitar tragar

esa sal que enferma

Lo único que quiero es un pañuelo

para envolver el libro que me diste el día que abrí los ojos

una pala para enterrarlo

y un árbol mío para destruirlo

II

No hay puerta

Nunca la ha habido

El cuero con el que te amarras los pantalones

Ya está quebrado

Jamás seré un ogro como tú

Padre

Un ogro erizado en el espejo

Con el puño fruncido en una puerta

Abriendo la quebradiza muralla

Del grito en la sien

De la fragmentación ruidosa

De un plato con comida en la pared

Y los lentes Ray Ban

de oro en el piso

y la licuadora en la estufa

y la mayonesa en la ventana

y el vidrio quebrado

el reflejo de la casa

roto en la ventana

raída la imagen

Frontal te encuentro en el odio

en el miedo homosexual

a ti mismo

a tu cuerpo flácido en el baño

bajo el agua hirviente de la regadera

bajo el vapor que te exuda

y te comprime los pulmones

para cerrarte la manos

frustración de loro

mal amaestrado

de gato que perdió

una pata y jamás volvió a ser el mismo

miedo de ser otra bestia

menos doméstica

menos lista

Dices haz números

Calcula cuánto cuesta

Cuánto dinero

Cuánto pudor

Cuánto tiempo

Recoveco en las arrugas de tu madre te escondes

Clown de ella

Le temes a ser lo que eres

Ojos saltones asustado temes la muerte

Te encierras en los seguros ruidosos de la neurastenia

Tú que le gritaste tanto a la mujer que me lleno de sangre el cuerpo

Neurótica,

Tú que nunca has logrado afrontar ni siquiera a tu madre

Prefieres el engaño

El abandono de ti

La lástima que nunca te moverá ni un pelo

Cuándo la lástima lo ha hecho

No tendré lástima de ti

Ni aunque actúes como un pendejo

Y simules que eres un enfermo

Débil mental que todo abandona

Ser resentido hasta con la muerte (que aún ni conoces)

Ser resentido contigo

Oprimido por ti

Retraído por ti

Facilón te has vencido

Derrotado ante ti

Te humillas todos los días

Y te escupes y lames las heridas

Para sentir que arden

Plagiario de ti

Plegado

en tu cuerpo que se expande

para ocupar el espacio que adentro es hueco

Padre

Tormento mustio en melodrama de ópera en réquiem

Nunca escribirás tu banda sonora

Serás en los sueños Bethoveen sordo

Mozart pendenciero

Pero en la vida

Al abrir los ojos

Serás Juan sin apellido

Juan con R de Romero

Romero estrangulado y marchito

Romero sordo

Romero torpe

Romero seco

Serás algo que nunca construiste

Serás el invento

La fantasía trágica

De la madre

La parodia del cadáver

No hay letras para escribir tu epitafio

Porque nunca te atreviste a intentarlo

No te tengo lástima, padre

Aunque la pidas en silencio

Nunca la tendré

Y tampoco nunca

Esperaré que seas algo distinto

Por eso renuncio a ti

Renuncio a la paternidad de tus ideas

Renuncio al Dios padre que tanto amé de niño

y que nunca existió.

III

Dios ha muerto

Dios padre

Has muerto

Y no es ninguna novedad

Sin embargo hay quienes aún

Cenan con tu cadáver en la mesa

Y simulan que estás vivo

Otros que buscan el milagro

Para regresarte a la tierra

A su casa para quererte

Como cuando estabas muerto

Otros que se visten de negro hasta el cuello

Y caminan con el luto de tu vida

Pregonando tu muerte

Yo padre te entrego todas tus pertenencias

Todos tus obsequios

Toda tu música y todas las mentiras

Que hicieron los hombres con tu nombre

Para que descanses en paz

Y ya no vengas a tocar la puerta de mi casa

Porque yo

Ya habré desaparecido

Del lugar en donde la gente

Cree que puede verte

Yo habré olvidado qué es dios

Para en su lugar haber aprendido a decir qué es mito

Qué es poder

Y sobretodo

A sentir qué es miedo

Ahora la muerte parece más clara

y me abre los ojos

y no busco letras para escribir tu epitafio

porque ni siquiera un nombre te daré por tumba.

ANDRÉS CARDO

http://andrescardo.blogspot.com/

A TIERRA LUNA LLEGARON LOS 40 BARCOS DE GUERRA!!

http://www.cuarentabarcosdeguerra.blogspot.com/

VÉANLO!!!

Dejo de saber para ser aprendido no conociendo el recurso que pueda urgar mi atención. Moriré tan sabio como delgado sin conocer hambruna alguna. No podré comer la gentileza de la mujer si no cocina el espasmo del encanto. Sin belleza no hay poesía, sin poesía no hay mujer bella, sin mujer bella nos queda un poeta inservible. Estoy en la sombra por que ahí se hace el frío, en el terreno del sol está la claridad de mi rostro avergonzado, un rostro avergonzado es el espectáculo de no se cuantas gentes. Congestionado vivo los años, años de un pagano, universo pagano de un dios que no cree en nosotros, un dios que manosea la debilidad ajena.


No podría ser mejor un paisaje que no se mueve, unos ojos en coma. La opacidad del día lleva lágrima al infinito, el pozo del cielo llueve cuerdas con nudo ajustable para voluntarios. La vejez correcta; encerrarse en el baño a leer un libro y llorar mirando una fotografía en el espejo. El mar son piedras, gotas esporádicas que llueven al revés que se llevan las sonrisas del alma.


Se está arriba o abajo. Arriba o abajo comen todos por igual, pero no se digiere lentamente donde los alimentos son arrojados al azar del viento. Mueres de hambre o senil, la muerte es la misma en todos los ojos. Vienes al mundo y te envenenas con el fruto de tu árbol genealógico, te vas y cae una manzana, caigas o no, procura no tocar el suelo de aquel que cuenta las estrellas, mejor devora a la serpiente de un solo idioma, enciende el paraíso que no habrá poesía para esa mujer de tres letras, ven , siéntate conmigo aquí en el mismísimo infierno donde yo te comprendo…

VICTOR HUGO DORANTES RODRÍGUEZ

Con tanto frío que se apagan hasta las luciérnagas.
Tanto frío que no puedo dormir fuera de mi.
Tanto frío que no puedo salir a ver morir a los indigentes.
Tanto frío que los pulmones no dejan ni hablar a los abrazos.
Tanto frío que llueven pedazos de nube.
Tanto frío que las rendijas se abrazan.
Tanto frío que el odio y el amor duermen juntos en mi cama.
Tanto frío que el fuego se dibuja pálido.
El aroma congelante viene a incapacitar el paisaje, dentro de las calles blancas los paraguas cubren el sol desaparecido. Diminuta briza acariciando los abrigos, ventanas que atraviesan la canícula, la señora de la florería abrazada a su chal, flores odiando ser deseadas en días tan colerantes. Calles que duermen temprano son calles que parecen dormir de día también.
Tan fatalista la gente de por aquí, de por allá, maldiciendo al día. Hoy es día de café, mañana será día de café y de aburrición, pasado mañana será día de café de aburrición y de películas. El periódico no pierde rastro, asustando personas sin perder el hilo. Monopolio de la gripa, farmacias vendiendo la gesta. El buenos días escondido por ahí arrastrando su mal ingrediente. Tanto frío que el buenas noches se torna galante…

VICTOR HUGO DORANTES RODRÍGUEZ


El último en dormir; veo amanecer el pasado antier. Un retraso de garganta. Tengo visiones en la córnea derecha, la cortina del sueño enciende su crepúsculo.

El último en ahogar las paredes. Atipujo las silabas que ya no caben en mi mente en la boca del muro. Un escritor que no muere de hambre, si no de indigestión por el feto encajonado en el cráneo. Pisadas de araña para escribir versos sin idioma. Crecí una montaña para ver más allá de mi corral.

El último verbo en albergar un cuerpo, vivir la ciudad hasta su devastación, amamantar los escotes. Poeta sin época, mi sueño sin pulso, compasión de vena saltada, teoría del caos y trecientassesentaycinco mariposas aleteando en la palma de mi mano.

El último en esperar que el universo condene, el último matusalén.

El último en ver apagadas luces, peste blanca, siete trompetas de fantasía, un cuento antes de roma, un hombre bueno hace tres cristos…

Yo el último. El último invitado del silencio…

VICTOR HUGO DORANTES RODRÍGUEZ

De: Mario R. Aguilar V.

Plaudit to these white clouds,

to this magick

so wondrous to perceive…

A sunny day in London?

Metal floats on the pond of present,

voices from my sorry past

are now water under the bridge.

Up here, behold existence from up here!

A bright message I choose to convey

on principle, this I emphatically state,

holding thou firmly through this foray

always willing to uphold thy soaring and,

most of all,

vividly gate-crashing into thy quintessence.

The binding of this book feels fragile today.

Your verdant hourglass rests on the shelf of life

don’t walk away.

Enter that red booth inside your chest

and ring me.

Mario R. Aguilar V.

De: Mario R. Aguilar V.

Bienvenida a este punto de encuentro,

a este órgano político, no obstante colegiado.

Lugar en que se vigilan,

se deliberan

se dictan

se aprueban;

sólo a las más lindas y sus galas,

dentro de un gran salón púrpura.

Sobrada de refinamiento y emoción

se elige ya a la Reina Nacional

adornada su faz en fanatismo tricolor,

envuelta su figura en enseña de veleidad,

fielmente arropada en su hermosura.

Izo por mi ideal esta bandera,

con estrategias nunca gestionadas al vapor,

alineado en estatutos de esperanza,

irrumpo hasta su Secretaría,

sin sobresalto y a ultranza

Mario R. Aguilar V.

De: Mario R. Aguilar V.

Sol de azulejos.

Catacumbas de Gaudí;

ahí donde juegan los dioses

con los ojos bien abiertos, sólo hacia adentro.

Busco tu mirada sin encontrar siquiera tu atención,

sin poder siquiera desviarla de una falsa incitación.

Buscas en lugar omiso, inconcordante.

En sectores simulados, en ruedos con astados agonizantes.

Indefensos, son cornúpetas indefensos.

Soles coherentes con columnas de belleza indescriptible,

belleza caprichosa, vana, irascible.

Avenidas de hormigón, luces nocturnas.

I que es la veritat?…

¿Qué es, más allá de tu sonrisa?.

Mario R. Aguilar V.

De: Mario R. Aguilar V.


¡Qué ventanas novicias!, delatoras del atrevimiento en disimulo.

Con tanta vivacidad inviable sería atemperar tus formas de pecado.

Mas aún con el oído hermoso y dispuesto,

sólo percibirás el sigilo de lo hablado.

Hierba negra, tela suave, acariciante;

entre corazones arrobada, sin quedarse ni uno solo.

Tu sofisticada utilería, henchida de luz, piel y sustancia,

ya presagia una nítida fragancia,

que sólo otorga un despertar de frescor glauco.

Una ondulación somática serpenteante, coronada por la mota en tu quijada;

evoca ya la vista de una chiquilla traviesa.

Atrás lo opaco, resplandece la epidermis, disipa con beldad cualquier vapor;

reconozco en mi una intención aviesa,

que suscita lo que a veces, también se conoce como amor.

De: Mario R. Aguilar V.

web23FEB10.

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Colaboradores:

Ma. Rosa Muñoz, Alicia castillo, Angélica González, Eos Deneb, Manuel Martínez M, Joel Ignacio Montes, José Luis Miranda R, Elvia Madrigal, Daniela Mendoza y Mirna V. Viveros