John Siddique*
Tiene ocho años y es bueno en el fútbol. Su mente
revolotea más negra y lechosa que una urraca
del playstation a la espada de plástico, un chocolate,
el internet, a nada que hacer, a patear el balón.
Su voluntad es de hierro. Puede moldear mi amor
y el de su madre como plastilina:
cuando usa tatuajes adheribles
en el mismo lugar de sus hombros comotengo en los míos;
cuando me llama “viejo cuate”, al tiempo que gritamos
a través del aire como aviones humanos.
Deseo tanto mostrarle el mundo que conozco,
hacerlo bueno para él.
Su padre va y viene y aparece de vez en cuando,
hace zozobrar a esta familia, las cuerdas
revientan de sus estacas, hasta que el viento
se repliega al llegar la mañana y él vuelve a marcharse.
Comienzo a plantar y a educar. Aplico constancia
al delgado propósito de mi existencia. Pero he aquí el niño
un sábado temprano, a mi lado en la cama,
abrazándonos junts a su madre y a mí,
soplando sobre los pelos de mi pecho.
*Reino Unido, 1964-
POEMA LEÍDO EL MARTES 26 DE ENERO POR DE ALICIA CASTILLO.
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