De: Mario R. Aguilar V.

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A toutes les glories del pilar, del castillo.

Ése que resguarda el tesoro esmeralda,

la joya brillante,

el candil del cristal cortado de tu inocencia.

A toutes les glories de tu ternura,

de tu sonrisa completa, ajena a toda vacuidad,

a tu ludismo, casi tan desbordante

como tu sensualidad azabache.

A toutes les glories de tus antojos,

de tu ira contenida,

de tu brinco a la alegría;

soberana del desdén, emperatriz de mi deseo,

atiéndeme en el pórtico, abre tu taquilla

abre la puerta de tu exquisito museo;

ya no puedo dejar de admirar sus maravillas.

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Mario R. Aguilar V.

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