Archivo de 24 febrero 2010

De: Mario R. Aguilar V.

Plaudit to these white clouds,

to this magick

so wondrous to perceive…

A sunny day in London?

Metal floats on the pond of present,

voices from my sorry past

are now water under the bridge.

Up here, behold existence from up here!

A bright message I choose to convey

on principle, this I emphatically state,

holding thou firmly through this foray

always willing to uphold thy soaring and,

most of all,

vividly gate-crashing into thy quintessence.

The binding of this book feels fragile today.

Your verdant hourglass rests on the shelf of life

don’t walk away.

Enter that red booth inside your chest

and ring me.

Mario R. Aguilar V.

De: Mario R. Aguilar V.

Bienvenida a este punto de encuentro,

a este órgano político, no obstante colegiado.

Lugar en que se vigilan,

se deliberan

se dictan

se aprueban;

sólo a las más lindas y sus galas,

dentro de un gran salón púrpura.

Sobrada de refinamiento y emoción

se elige ya a la Reina Nacional

adornada su faz en fanatismo tricolor,

envuelta su figura en enseña de veleidad,

fielmente arropada en su hermosura.

Izo por mi ideal esta bandera,

con estrategias nunca gestionadas al vapor,

alineado en estatutos de esperanza,

irrumpo hasta su Secretaría,

sin sobresalto y a ultranza

Mario R. Aguilar V.

De: Mario R. Aguilar V.

Sol de azulejos.

Catacumbas de Gaudí;

ahí donde juegan los dioses

con los ojos bien abiertos, sólo hacia adentro.

Busco tu mirada sin encontrar siquiera tu atención,

sin poder siquiera desviarla de una falsa incitación.

Buscas en lugar omiso, inconcordante.

En sectores simulados, en ruedos con astados agonizantes.

Indefensos, son cornúpetas indefensos.

Soles coherentes con columnas de belleza indescriptible,

belleza caprichosa, vana, irascible.

Avenidas de hormigón, luces nocturnas.

I que es la veritat?…

¿Qué es, más allá de tu sonrisa?.

Mario R. Aguilar V.

De: Mario R. Aguilar V.


¡Qué ventanas novicias!, delatoras del atrevimiento en disimulo.

Con tanta vivacidad inviable sería atemperar tus formas de pecado.

Mas aún con el oído hermoso y dispuesto,

sólo percibirás el sigilo de lo hablado.

Hierba negra, tela suave, acariciante;

entre corazones arrobada, sin quedarse ni uno solo.

Tu sofisticada utilería, henchida de luz, piel y sustancia,

ya presagia una nítida fragancia,

que sólo otorga un despertar de frescor glauco.

Una ondulación somática serpenteante, coronada por la mota en tu quijada;

evoca ya la vista de una chiquilla traviesa.

Atrás lo opaco, resplandece la epidermis, disipa con beldad cualquier vapor;

reconozco en mi una intención aviesa,

que suscita lo que a veces, también se conoce como amor.

De: Mario R. Aguilar V.