El último en dormir; veo amanecer el pasado antier. Un retraso de garganta. Tengo visiones en la córnea derecha, la cortina del sueño enciende su crepúsculo.

El último en ahogar las paredes. Atipujo las silabas que ya no caben en mi mente en la boca del muro. Un escritor que no muere de hambre, si no de indigestión por el feto encajonado en el cráneo. Pisadas de araña para escribir versos sin idioma. Crecí una montaña para ver más allá de mi corral.

El último verbo en albergar un cuerpo, vivir la ciudad hasta su devastación, amamantar los escotes. Poeta sin época, mi sueño sin pulso, compasión de vena saltada, teoría del caos y trecientassesentaycinco mariposas aleteando en la palma de mi mano.

El último en esperar que el universo condene, el último matusalén.

El último en ver apagadas luces, peste blanca, siete trompetas de fantasía, un cuento antes de roma, un hombre bueno hace tres cristos…

Yo el último. El último invitado del silencio…

VICTOR HUGO DORANTES RODRÍGUEZ

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