Con tanto frío que se apagan hasta las luciérnagas.
Tanto frío que no puedo dormir fuera de mi.
Tanto frío que no puedo salir a ver morir a los indigentes.
Tanto frío que los pulmones no dejan ni hablar a los abrazos.
Tanto frío que llueven pedazos de nube.
Tanto frío que las rendijas se abrazan.
Tanto frío que el odio y el amor duermen juntos en mi cama.
Tanto frío que el fuego se dibuja pálido.
El aroma congelante viene a incapacitar el paisaje, dentro de las calles blancas los paraguas cubren el sol desaparecido. Diminuta briza acariciando los abrigos, ventanas que atraviesan la canícula, la señora de la florería abrazada a su chal, flores odiando ser deseadas en días tan colerantes. Calles que duermen temprano son calles que parecen dormir de día también.
Tan fatalista la gente de por aquí, de por allá, maldiciendo al día. Hoy es día de café, mañana será día de café y de aburrición, pasado mañana será día de café de aburrición y de películas. El periódico no pierde rastro, asustando personas sin perder el hilo. Monopolio de la gripa, farmacias vendiendo la gesta. El buenos días escondido por ahí arrastrando su mal ingrediente. Tanto frío que el buenas noches se torna galante…

VICTOR HUGO DORANTES RODRÍGUEZ

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