De Daniela Mendoza
Voy cayendo,
de mi columpio caigo
en picada,
a aquel mar de rostros deformes
de aquellos que alguna vez
fueron humanos,
ahora condenados a bailarle a la eternidad.
Voy cayendo,
y aterrizo en un bosque blanquinegro
aterrizo en un rosal
rosas negras, rosas espinadas
cada espina, un sufrimiento en vida
Duelen,
se entierran, se aferran a mi piel
sangra, sangre, roja
el color de la pasión una vez vivida
Corro,
voy corriendo por el bosque sin hojas
persiguiendo a no sé quien
a aquel que me hizo caer del columpio.
Corro,
me detengo en un claro,
un altar y el… ahí.
Me deslizo hacia el
de una fuerza obligada
con miedo, un miedo dulce
que extrañaba.
El,
de porte imponente,
aterrorizante
y sin rostro
Yo,
sangrando,
las espinas desgarraron mi vestido
de novia.
Las nupcias, los votos
un beso
la sangre y las heridas desaparecen
un beso
del hombre cual rostro nunca veo
un beso
y despierto.
Daniela Mendoza

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