Oda prima… a grosso modo
Rafael Ramírez
Te nombro por sonar bien
con el filo del gatillo
a raíz de mi sien.
Haciendo caminos,
atajos en ese cruzar de brazos.
Con acento grave
esperar de rodillas.
Mandar todo
al añejo carajo de los años.
El mundo está solo.
Únicamente colgado de un fleco del destino.
Que el gato está solo
tensando el arco con los ojos
en actitud constricta.
Que la soledad es virtud única de la existencia.
De lo que cree existir… de lo que acaso creemos que existe.
Y gracias a nosotros,
esa mala pasada nos gastó el delirio,
ese imbécil que lanzó los dados.
Quizá no suena tan bien después de todo.
La tangente que hemos creado es irremediablemente inútil
como para cagarnos en dios:
Acaso no se de cuenta que la noche es un inminente peligro.
Que llena de ojos ávidos los rincones.
Y a la oscuridad
de cuerpos mutilables.
Acaso no se ha percatado que el chirriar de los grillos
convida a los suicidas
emborracharse con los niños.
Y es fácil saber lo que de sobra sabe
y estar quieto
y tender un orificio en el pecho,
y sepultarte en mi pecho,
y arrancarse las uñas
mientras tus sollozos irritan la melodía de la tarde.
Tal vez, y sólo tal vez, ya no sea tan necesario saber si es lindo nombrarle.
RAFAEL RAMÍREZ
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mayo 1st, 2010 a las 11:27 pm
Me parece, querido compañero, que tu poesía ha dado un giro estremecedor. No es la poesía del Yupanqui que conocí, ni del borracho sabiniano que habías sido, sino que ese poema es un delirio que espero pase pronto. No te negaré que me ha gutado, pero no como para que sea tuyo, quiero otro A fin de cuentas.