De: Julio César Suárez C.
Poco a poco me doy cuenta…
una vez que el corazón abre los ojos,
es inútil intentar cerrarlos.
Bajar los párpados pesados
ya no es una opción, duelen.
Ya no hay nubes -hay silencios,
no hay rostros -hay espejos,
tampoco hay flores ni utopías,
se las tragaron los muertos,
no hay manos -hay zopilotes,
no hay corazones -hay cuevas,
hay hombres y también gusanos,
quimeras llameantes, sueños-mariposa,
cuerpos de lodo y otros que estorban,
ya no hay noches -hay nostalgias,
no hay recuerdos -hay polvo,
lasca punzante en la frente mestiza,
plumas pesadas, jaguares locos,
piedras tristes, viejos sin trono,
dioses mudos de roca gastada,
días duros pisando espaldas,
hay Méxicos de oro, Méxicos de plata,
de barro, de rabia, de lágrima, de risa,
de sueños, de nada, nada.
La tierra, esta, mi tierra
que a ratos me parece ajena
me dice no olvides, perdona,
camina sobre esos escombros que cortan,
canta aunque el aire sea pesado y filoso,
abre tus manos en la lluvia, piensa, duda…
¿A dónde vamos hermanos, a dónde caemos,
dónde está el abrazo de nuestra república ganada?
¿Donde quedó nuestra madre, el origen, los pasos,
el sol, la Coatlicue, heredó lunares,
o nacimos de entre España y la Malinche?
Ya lo sé, lo sabemos,
la serpiente se nos cayó del cielo,
y tontos, escondimos las plumas,
¡cuánto tiempo falta, cuánto!
Aceptemos,
somos alebrijes de un sol cruzado,
estamos en medio, en la delgada cuerda,
somos el rió que raja la tierra, agua de nadie,
somos los hijos de la doble-sangre.
De qué sirve gritar con poesía
y cagar más las paredes negras
de nuestros pedazos de mundo.
De qué sirve escupirnos las madres
y llorar navajas en los hombros de nuestros hermanos.
Si el hombre descubre el sol,
debería aventarse al corazón,
buscar los pájaros híbridos,
las flores para los nuevos hijos
debería entregar su pecho sin miedo.
Dejen de tirar piedras, cobardes,
la puta espina es de todos.
Si miran el sol que alumbra
y van apuntar con el dedo,
guarden silencio,
llorar no sirve,
sus lágrimas
solo apagan
la luz del fuego…
hermanos, comprendan:
en nuestra patria, sobran águilas rotas,
hacen falta velas, luciérnagas rabiosas.
Julio César Suárez C.
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