De: Julio César Suárez C.
Creo que estoy loco, un poco,
ligeramente confundido.
Desde hace algunas noches,
justo antes de dormir
siento una profunda pasión
por pronunciar letras,
leer de noche me encanta,
y perdón la indiscreción pero
pronunciar palabras a esas horas, me excita.
Siempre tengo la pendeja esperanza
de que al terminar la oración, el punto final
salte como un lunar que salpica en mis labios
y después que volteo hacia atrás, me de cuenta
que la estructura de palabras era entonces, la firme costilla
de alguna mujer amada, durmiendo con sus paginas abiertas.
Se que suena tonto,
pero van ya varios libros,
punto tras punto, letra por letra,
llorando, negando soledades,
saboreando brazos, cuellos, pies, lunares,
leyendo hasta la punta de las madrugadas
esperando a que de pronto
una mujer de hueso y no de letras,
se levante del polvo, entre las paginas, los libros,
camine descalza hasta la puerta, ponga seguro,
apague la luz y se me eche encima
sin comas o signos de interrogación
y allá en la cama, justo donde guardo su espacio,
pongamos entre comillas nuestros nombres,
y nos perdamos en el prólogo de sus ojos
y descifremos juntos esa metáfora gemela de sus pechos,
pronunciemos el acento-desnudo prodigio de su ombligo
probemos la sedienta sangría de afuera de sus labios
y aceptemos la epígrafe de dios, que nos quema, allí,
en el paréntesis exacto de sus piernas, mudos,
leyéndonos la carne, punto tras punto,
letra por letra, llorando, negando soledades.
Se que suena tonto pero
hermanos, sinceramente
apoco no les ha pasado a ustedes,
y no hace falta ser cursis,
¿apoco nunca se han comido un v?
pensando que era un pubis.
Julio César Suárez C.
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