Mujer bonita: ¿qué he de hacer
si la mirada es efímera
y el sentimiento incompatible,
el recuerdo polvo y yo sus cenizas?
Dos torbellinos suaves,
en una planicie clara,
inevitable mirada,
pelo cobrizo,
renovada ilusión de gloria,
de cielo gozoso,
círculo perfecto,
esperanzadora tez dorada,
pulida piedra preciosa,
cuerpo-paraíso.
Rostro-polígono de trazo luminoso,
dibuja unos labios carnosos,
promesa de eterno desvelo,
beso inmerso en placentero fuego,
flama de hermoso velo,
sensación de inacabable cielo,
sueño con alas de alto vuelo.
Mujer bonita, manos de plata.
Tentación de líquido deseo,
inacción de pétrea resistencia,
el tiempo irrevocable, no cede,
ilusión aérea que se esfuma
al pasar la noche.
Siempre hay un perno que se rompe,
una tuerca que no gira,
un circuito en corto,
oportunidad instantáneamente reducida a polvo,
freno al caballo brioso y su carrera loca,
locomotora rabiosa,
ímpetu maquinístico inservible:
yo no soy un relojero experto en mecanismos nocturnos,
ni músico aficionado a las sinfonías de media noche.
Apenas si conozco los secretos del alba,
las revelaciones de la mañana tierna,
el canto matinal de las aves azules,
de los canoros amarillos de plumaje blando,
desconozco el intercambio presuroso del murciélago,
y su aletear furioso,
estéril intento,
¡qué pronto se acaba la tierra prometida!,
insensata ingravidez de la sustancia mía…
Octubre-2009
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