Elvia Madrigal
Allá por el mil seiscientos
Deambulaba por las noches,
Con la cabellera al viento,
Los ojos desorbitados
y el corazón en la mano,
Bella indígena de blanco
Que con pesares gritaba:
“Quiero que me quieran, quiero,
Los hijos de mi pecado”.
Sollozante recorría
Los barrios de las ciudades,
Impresionando a los hombres,
Espantando a las mujeres.
Sus lamentos se escuchaban
Profundos y lastimeros
A orilla de los canales.
“Quiero que me quieran, quiero,
Los hijos de mi pecado”
“Perdóname Tenochtitlan
Por haberte traicionado,
Apoyé a conquistadores
Y los hijos de esta tierra
Todavía siguen llorado.
Perdóname Tenochtitlan
Por haberte traicionado”.
“Quiero que me quieran, quiero,
Los hijos de mi pecado”.
Una de esas tantas noches,
Flotando su huipil albo,
Con lamentos sollozantes,
Se le acerca un caballero
Vestido con finas galas,
Y mirándola a los ojos
Le dice que no gritara.
“Quiero que me quieran, quiero,
Los hijos de mi pecado”.
_ No te lamentes princesa,
Tú no escribiste esta historia,
Y a ti nadie te ha culpado,
Tus hijos que son mis hijos
Estas tierras han poblado.
Y orgullosos de su estirpe
Agradecen tus cuidados. _
“Quiero que me quieran, quiero,
Los hijos de mi pecado”.
Elvia Madrigal
Entradas (RSS)