Archivo de junio 2010

dobleANI


Carlos Ernesto Medina Reyes

Que en este cielo formado de algodón,

Por cristales de azúcares dulces,

De hielo de varios sabores,

Quizás de gotas de agua salada.


Entre suaves rebaños de antaño,

Grises, blancas, negras tornándose moradas,

En un eclipse la lágrima encerada,

Cantando naufrago en el baño.


Emprende un vuelo liviano,

En que los años de un pasado verano,

No eran vanos nuestros sueños,

En que nuestra almohada eran nuestros recuerdos.


Nube que aguarda en el ropero,

Galleta suave, crujiente deslizándose,

Surquemos entonces el remolino de tu frío saludar,

Dando paso al torbellino de la noche,

En la que Hernán Cortés lloró.


Mire, y desperté a 500m bajo tu solsticio,

Con el tatuaje de la libélula en mi ojo,

Con la esperanza de un vagabundo enloquecido,

Desperté, y la distancia de ti era de la realidad a la fe.


Debajo de mis pies, cortantes granizos,

Esperando que del estrecho del norte,

Tu aroma, fuera el sonido del crucero,

Donde tu sombra era mi arcoiris.


Mis figuras reflejadas en tus formas,

Tus formas figuradas en mi mente,

Me ataron al volar entre sueños solares,

Las ideas que engloban el alba de la despedida.


Aunque el viento disfrace nuestro sendero,

Y detrás una tormenta borrara nuestros recuerdos,

En ningún día estarás fuera del cielo,

Puedo jurar, que ciego cruzaré el estrecho mar.


Cuando del espacio los momentos se hacían presentes,

Del lienzo del cielo escribí una pintura,

Dibuje debajo del mar una silueta,

No pude entonces recitar el pincel del lienzo,

Que la nube se quedó en la misma fotografía,

En la que una sonrisa se convertía en tinieblas.

.

Carlos Ernesto Medina Reyes.

Uno come ilusiones
las mastica,
las tritura.

A veces,
las rebana en julianas
delgadísimas,
y se corta un dedo,
sangra.

Luego retoña
una colección
de ellos,
de ellas,
de nuevas
y jugosas
ilusiones.

Uno las hierve,
las pulveriza,
las hace harina,
se coagulan,
se cuajan,
como gelatina.

Les ponemos frutas,
mango, fresa, uva,
revueltas
con sal.

Comemos ilusiones
con limón,
con chile jalapeño,
con chile de árbol,
con maíz tostado,
con nixtamal,
con el corazón
hecho palomitas.

Las ilusiones
no nos dejan en paz,
ni nosotros a ellas.

Hoy tuve una ilusión de huacamole,
fruta y chile verde, de mamey,
ilusión empantanada,
licuada, martajada.

Hoy la tuve, y me desilusioné
de sus verdes ojos,
de su clara piel,
de su moreno ser;

Hoy la tuve y me desilusioné.

Hoy, esa ilusión invitó a otra,
trocada en agua de avena,
en carne de siervo coronado,
en pimienta negra,
ajo y granos de trigo,
abundante carne, delirio.

No comí nada porque estoy a dieta,
de ilusiones:
pura fibra y leche búlgara.

Enero-Abril- 2010


De: Julio César Suárez Cervantes

Poco a poco me doy cuenta…

una vez que el corazón abre los ojos,

es inútil intentar cerrarlos.

Bajar los párpados pesados

ya no es una opción, duelen.


Ya no hay nubes -hay silencios,

no hay rostros -hay espejos,

tampoco hay flores ni utopías,

se las tragaron los muertos,

no hay manos -hay zopilotes,

no hay corazones -hay cuevas,

hay hombres y también gusanos,

quimeras llameantes, sueños-mariposa,

cuerpos de lodo y otros que estorban,

ya no hay noches -hay nostalgias,

no hay recuerdos -hay polvo,

lasca punzante en la frente mestiza,

plumas pesadas, jaguares locos,

piedras tristes, viejos sin trono,

dioses mudos de roca gastada,

días duros pisando espaldas,

hay Méxicos de oro, Méxicos de plata,

de barro, de rabia, de lágrima, de risa,

de sueños, de nada, nada.


La tierra, esta, mi tierra

que a ratos me parece ajena

me dice no olvides, perdona,

camina sobre esos escombros que cortan,

canta aunque el aire sea pesado y filoso,

abre tus manos en la lluvia, piensa, duda…


¿A dónde vamos hermanos, a dónde caemos,

dónde está el abrazo de nuestra república ganada?

¿Donde quedó nuestra madre, el origen, los pasos,

el sol, la Coatlicue, heredó lunares,

o nacimos de entre España y la Malinche?


Ya lo sé, lo sabemos,

la serpiente se nos cayó del cielo,

y tontos, escondimos las plumas,

¡cuánto tiempo falta, cuánto!


Aceptemos,

somos alebrijes de un sol cruzado,

estamos en medio, en la delgada cuerda,

somos el rió que raja la tierra, agua de nadie,

somos los hijos de la doble-sangre.


De qué sirve gritar con poesía

y cagar más las paredes negras

de nuestros pedazos de mundo.

De qué sirve escupirnos las madres

y llorar navajas en los hombros de nuestros hermanos.


Si el hombre descubre el sol,

debería aventarse al corazón,

buscar los pájaros híbridos,

las flores para los nuevos hijos

debería entregar su pecho sin miedo.


Dejen de tirar piedras, cobardes,

la puta espina es de todos.

Si miran el sol que alumbra

y van apuntar con el dedo,

guarden silencio,

llorar no sirve,

sus lágrimas

solo apagan

la luz del fuego…


hermanos, comprendan:

en nuestra patria, sobran águilas rotas,

hacen falta velas, luciérnagas rabiosas.



JULIO CÉSAR SUÁREZ CERVANTES

A los dorados


Acá

rompiendo estereotipos

dejándose llevar sobre la nube

con la noche a cuestas

subiendo cachonda  bajo tu falda.


Acá

entre ladridos de perros sabios

donde el sonido del sax

construye un espacio de pez

entre tus piernas.


Acá

en la cosmopolita ciudad

la turbulencia del nogal

azota el cuero tenso

del corazón.


Acá

a ojos cerrados,

oyendo

pasajes de música solariega

jazzeada a tragos

de cerveza

de tequila

o güisqui


Acá

lengüetea la mano el bajo

electrónicos sonidos fucionados

profundos y gordos

que caldean  la soledad


Acá

desgañitada  guitarra

se monta en la negrura

y a tientas palpa las sombras

por las rendijas

por las ventanas

por las puertas

Acá tu boca

acá tus ojos

acá tus hombros

acá tu espalda

acá tu rítmo bateristico de jazz

jazz acá, acá, acá.


Mirna V. Viveros.

No son las campanas
la primera impresión
de lo solmene,
sino tu voz,
garganta aprisionada
oloroso alarido a hierba fresca.

Tu voz cavando tumbas,
brechas, trincheras,
en las horas epidérmicas
del bravo valor y del suave reposo,
del subido dolor y del encendido beso.

Tu voz sin tentación ni prisa,
más allá de aquellas
del deseo permanente del encuentro,
de la recóndita cita,
de la unión marchita.

Tu voz de bronce y plata,
tu voz de acero y seda.

Es tu voz solemne,
canto metálico de orden creciente.


Es tu voz columna fuerte
un rayo decidido,
y ciertas veces,
una mariposa indecisa,
es tu voz, arena movediza,

También es solemne música,
canto de alientos y de cuerdas,
grito ancestral de las cavernas,
intemporal percusión,
oración sacra escrita en los glaciares,
melódicamente rescatada
en tus cuerdas bucales.

Y tu palabra, motivo de mi historia,
me acerca al infinito de tu vientre,
al eterno reflejar de mis miradas,
en tus ojos, en tu frente.

Es tu voz, creación inasible,
de la totalidad del tiempo.

De tu renovada vida,
cántame pronto,
háblame en lengua viva,
dímelo con un canto fuerte,
procedente de tu tierra prometida,

… háblame en canto cardenche.

¿Dónde encontraré tus ojos de paraíso?
¿Dónde tu presencia de trazo impecable?
¿Dónde tu exterior hechizo?
¿Dónde tu sonrisa de existencia amable?
¿Dónde tus manos de cielo?
¿Dónde tu rostro bendito?
¿Dónde mi interior consuelo?
¿Dónde mi gozo infinito?

…. en tu voz, en tu pelo, en tu celeste cortijo.


No somos mas que un puñado de moscas

mosquitas de fruta que queremos ser águilas

que no nos conformamos con la miel de los plátanos pachichos.

y que cuando vislumbramos una pluma

eso nos vasta para enloquecer de terror,

angustia o depresión.

y que cuando vemos la punta de la uña de una garra

estallamos en celos y gritos.

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Nos ahogamos en un vaso de agua

como mosquitas que somos.

y nos atrae más la mierda

aunque queramos ser águilas y amar la nieve pura de las alturas.

Y las rosas son enormes

y los floripondios asfixiantes,

(porque no somos ni siquiera abejas)

somos mosquitas de fruta podrida

acostumbradas a la sombra, a los pequeños rencores

a los rincones húmedos del corazón

a vivir bajo las hojas.

Y cuando vemos un atisbo de sol

creemos que es el fuego del infierno

Angélica González M.



33Rosaborras

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Artemio Ríos Rivera

Mientras tanto la Esperanza crece


feliz, despreocupada


indiferente


A pesar del cielo turbio


Ahí está la esperanza


Indiferente y dócil

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Del Libro: MAR DE AMORES, Antología de Poesía Concreta Ed. Legga 2010