Uno come ilusiones
las mastica,
las tritura.

A veces,
las rebana en julianas
delgadísimas,
y se corta un dedo,
sangra.

Luego retoña
una colección
de ellos,
de ellas,
de nuevas
y jugosas
ilusiones.

Uno las hierve,
las pulveriza,
las hace harina,
se coagulan,
se cuajan,
como gelatina.

Les ponemos frutas,
mango, fresa, uva,
revueltas
con sal.

Comemos ilusiones
con limón,
con chile jalapeño,
con chile de árbol,
con maíz tostado,
con nixtamal,
con el corazón
hecho palomitas.

Las ilusiones
no nos dejan en paz,
ni nosotros a ellas.

Hoy tuve una ilusión de huacamole,
fruta y chile verde, de mamey,
ilusión empantanada,
licuada, martajada.

Hoy la tuve, y me desilusioné
de sus verdes ojos,
de su clara piel,
de su moreno ser;

Hoy la tuve y me desilusioné.

Hoy, esa ilusión invitó a otra,
trocada en agua de avena,
en carne de siervo coronado,
en pimienta negra,
ajo y granos de trigo,
abundante carne, delirio.

No comí nada porque estoy a dieta,
de ilusiones:
pura fibra y leche búlgara.

Enero-Abril- 2010

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