Archivo de julio 2010


 

 

 

De: Majloc D

Por si un día  no veo

Hoy  guardo la  tarde  gris

y los soles tan diversos en cada mañana.


Por  si un día  no veo

Tengo imágenes en mi mente y

olores, y lágrimas  sin salir.


Por  si un día no veo

Capturo cada bello viento al correr.


Por si un día no veo

Conmigo en el sonido encadeno

el color  aromatizado de las  flores.


Por  si un día  no veo

Hoy admiro un corazón herido,

una  mente perdiendo el sentido.


Por si un día  soy cuerdo

Estrecho con fraternidad  la tontera

de gritar por  gritar, de gritar por  amar


Por si un día me  encierro

Hoy saboreo la libertad del frágil tiempo,

un viaje harto sereno para  natura respirar.


Por si un día no siento

Hoy me  ahogo de dolor por el recuerdo

de una  alegría de  tiempos  atrás;

Saboreo lengüetadas de odio

y sucias lamidas  de indiferencia.


Por  si un día no veo

Ya huelo lo que el ciego no ve,

tropiezo con la  piedra  que inventé

y me  río por lo estúpido que  es: Ser

Por si  de día es de noche

o

por si un día no veo

lo que no quiero ver.


Por si un día  me transformo

en un reptante  ser

Hoy guardo mis cosas de  sueño

las  jornadas amenas y la revolución sin hacer

Por si un día  yo quiero

simplemente ya no ver.


 

Majloc D




Daniela Mendoza

Daniela Mendoza


A mi lobo estepario

Hombre en evolución
Hombre que camina hacia delante
estando atrapado en el atrás

Creando un singular
en masas homogéneas
Buscando calor
en abrazos rotos

Te consumes en la nimiedad
del cigarro
Haces homenaje
a tu hermosa imperfección
que te hace perfecto,
esa imperfección
que me hace adorarte

Hombre en evolución
Lobo estepario
Luchador incansable
en contra de la estupidez humana,
esa maldita, eterna como el universo

Hombre en evolución
Vagabundo de amores
Poeta que escribe sus versos
en los cuerpos de las mujeres
al compás de sus siluetas,
que las ama con palabras
en vez del corazón

Hombre en evolución
Tejedor de alas doradas,
plumas de sueños


Daniela Mendoza

 

Fotografía: Jennie Mercader

Jennie M35

Daniela Mendoza

 

.

.

.

Sólo la luna

conoce la razón de mis desvelos,

el por qué de mis insomnios

Sólo ella conoce

mis versos más secretos,

aquellos que al plasmarlos

quemarían el papel

Sólo ella puede ver

la soledad de mi piel en esta hora,

la hora plateada

hora de la inspiración

Hora en que las notas

pierden sentido

entre la boca y la almohada

Sólo ella logra escuchar

el sollozo de mi suspiro,

que se eleva en el eterno beso

de la noche

Quiero alcanzar

esa inalcanzable blancura tersa

que te envuelve,

Quiero compartirte

este fuego que me quema

en una dulce y lenta caricia

Quiero gritarle al viento

que tengo una musa enamorada

Que me visita cada noche,

se desliza por mis sábanas

y susurra a mi oído

los versos más hermosos,

los más secretos,

a esta simple mortal


Pero esta noche no,

Hoy mi piel no está sola

Esta noche mi musa

deja que mi ser se entregue

a los sentidos, sentidos perdidos

Esta noche mi musa, celosa,

deja que el caballero de la sombra

sea quien me guía por el sueño.

Desvanezco,

me envuelve su frio y suave manto

Me hago una con mi musa,

la musa de la hora plateada

musa perdida.


Daniela Mendoza

Fotografía: Jennie Mercader

Descenderá al sepulcro vuestra soberbia. Y echados seréis de él como troncos abominables, vestidos de muertos pasados a cuchillo, que descendieron al fondo de la sepultura. Y no seréis contados con ellos en la sepultura: porque destruisteis vuestra tierra, y arrasasteis vuestro pueblo. No será nombrada para siempre la simiente de los malignos.

Libro del profeta Isaías

Ardiente, amado, hambriento, desolado,

bello como la dura, la sagrada blasfemia;

país de oro y limosna, país y paraíso,

país-infierno, país de policías.

Largo río de llanto, ancha mar dolorosa,

república de ángeles, patria perdida.

País mío, nuestro, de todos y de nadie.

Adoro tu miseria de templo demolido

y la montaña de silencio que te mata.

Veo correr noches, morir los días, agonizar las tardes.

Morirse todo de terror y de angustia.

Porque ha vuelto a correr la sangre de los buenos

y las cárceles y las prisiones militares son para ellos.

Porque la sombra de los malignos es espesa y amarga

y hay miedo en los ojos y nadie habla

y nadie escribe y nadie quiere saber nada de nada,

porque el plomo de la mentira cae, hirviendo,

sobre el cuerpo del pueblo perseguido.

Porque hay engaño y miseria

y el territorio es un áspero edén de muerte cuartelaria.

Porque al granadero lo visten’

de azul de funeraria y lo arrojan

lleno de asco y alcohol

contra el maestro, el petrolero, el ferroviario,

y así mutilan la esperanza

y le cortan el corazón y la palabra al hombre―

y la voz oficial, agria de hipocresía,

proclama que primero es el orden

y la sucia consigna la repiten

los micos de la Prensa,

los perros voz-de-su-amo de la televisión,

el asno en su curul,

el león y el rotario,

las secretarias y ujieres del Procurador

y el poeta callado en su muro de adobe,

mientras la dulce patria temblorosa

cae vencida en la calle y en la fabrica.

Este es el panorama:

Botas, culatas, bayonetas, gases …

¡Viva la libertad!

Buenavista, Nonoalco, Pantaco, Veracruz…

todo el país amortajado, todo,

todo el país envilecido,

todo eso, hermanos míos,

¿no vale mil millones de dólares en préstamo?

¡Gracias, Becerro de oro! ¡Gracias, FBI!

¡Gracias, mil gracias, Dear Mister President!

Gracias, honorables banqueros, honestos industriales,

generosos monopolistas, dulces especuladores;

gracias, laboriosos latifundistas,

mil veces gracias, gloriosos vendepatrias,

gracias, gente de orden.

Demos gracias a todos

y rompamos

con un coro solemne de gracia y gratitud

el silencio espectral que todo lo mancilla.

¡Oh país mexicano, país mío y de nadie!

Pobre país de pobres. Pobre país de ricos.

¡Siempre más y más pobres!

¡Siempre menos, es cierto,

pero siempre más ricos!

Amoroso, anhelado, miserable, opulento,

país que no contesta, país de duelo.

Un niño que interroga parece un niño muerto.

Luego la madre pregunta por su hijo

y la respuesta es un mandato de aprehensión.

En los periódicos vemos bellas fotografías

de mujeres apaleadas y hombres nacidos en México

que sangran y su sangre

es la sangre de nuestra maldita conciencia

y de nuestra cobardía.

Y no hay respuesta nunca para nadie

porque todo se ha hundido en un dorado mar de

dólares

y la patria deja de serlo

y la gente sueña en conjuras y conspiraciones

y la verdad es un sepulcro.

La verdad la detentan los secuestradores,

la verdad es el fantasma podrido de MacCarthy

y la jauría de turbios, torpes y mariguanos inquisidores

de huaraches;

la verdad está en los asquerosos hocicos de los cazadores

de brujas.

¡La grande y pura verdad patria la poseen,

oh país, país mío, los esbirros,

los soldadones, los delatores y los espías!

No, no, no. La verdad no es la dulce espiga

sino el nauseabundo coctel de barras y de estrellas.

La verdad, entonces, es una democracia nazi

en la que todo sufre, suda y se avergüenza.

Porque mañana, hoy mismo,

el padre denunciará al hijo

y el hijo denunciará a su padre y a sus hermanos.

Porque pensar que algo no es cierto

o que un boletín del gobierno

puede ser falso

querrá decir que uno es comunista

y entonces vendrán las botas de la Gestapo criolla,

vendrán los gases, los insultos,

las vejaciones y las calumnias

y todos dejaremos de ser menos que polvo,

mucho menos que aire o que ceniza,

porque todos habremos descendido

al fondo de la nada,

muertos sin ataúd,

soñando el sueño inmenso

de una patria sin crímenes,

y arderemos, impíos y despiadados,

tal vez rodeados de banderas y laureles,

tal vez, lo más seguro,

bajo la negra niebla

de las más negras maldiciones.

.

.

Efraín Huerta (Silao, Guanajuato, 18 de junio de 1914 – Ciudad de México, 20 de febrero de 1982)


Las flores pintaron  llanos

De aromas y de color

Los campos con su esplendor

Dieron frutos en mis manos

Hoy los árboles hermanos

De la tiranía razón

Almuerzan en un tazón

Todo el humo y porquería

Ven los campos día con día

A un hombre en evolución

.

.

.

Malhaya ni quien te quiera

Si tus deberes no existen

Hierva mala tú te vistes

Y desvistes dondequiera

Si tu cariño se fuera

A Chiapas, China o Chihuahua

O montarte en una huahua

Directito al otro mundo

O en el océano profundo

Amarrado en tu piragua

.

.

.

A mí me das de besitos

Por la mañana y la noche

Y en un cielo de derroches

A la otra su bocadito,

Lo sé que eres todo un mito

Que no tienes corazón

Y tu especie en extinción

Nunca llegará  a servir

Pues pronto se  va a morir

Un hombre en evolución

.

.

.

Marisol Galloso Gamboa

foto Jennie M1Fotografía: Jennie Mercader


 

Majloc D

 

 


 

En fotografía, el blanco-negro siempre me ha parecido atractivo. Las cosas  simples que parecen irreales. No me agrada la gente común a menos que sea en situaciones incómodas o no comunes. Hace tiempo que no toco. Hoy conversé con los cielos y el pasto, acaricié  a la tierra y otra vez me sentí vacío: incompleto.

 

He cuestionado a mi razón y artificios de estabilidad me ha lanzado. Intrépida, inútil arma. Respirar profundo y repentinamente poner más atención de lo normal y darse cuenta que algo dentro late, que la sangre corre, que vivo mientras otros mueren y otros sobreviven; que vivo y siento lo que estoy pisando y viendo.

Curioso y, hasta hermoso se torna el mundo al ocaso mirando la inmensidad del cielo con el cuerpo cansado, el invierno dando frío al otoño. La vida cantando y volando con voz de animalejos con plumas y alas, sin embargo: incompleto.  ¡Que hastío! ¡Que gracia tan de nadie! ¡Que gracia tan no mía!

 

Hace tiempo que ya no escribo

Hace tiempo que no recreo romance

Heme vuelto en un normal germen de urbe idiota. Conquistando sólo lo suficiente,  no querencia, no perder el suelo, sólo satisfacción, fisiología. Rompiendo viejos paradigmas, encerrando más la mente, asfixiando a esa gana de volar aterrizando el corazón en una piel.

¡Oh maldito hipotálamo! adiós a el alma y a esa fe de tenerla… gemela… ¡Idiota! parece: ridículo tan solo recordar eso. Luego, ni un adiós, y todo el universo tras de  ella, toda la tormenta, mi volcán y el arco iris por el cual pasear se fueron tras su partida, extinta, sin despedida…

 

Hace tiempo que no escribía, bastante tiempo, por no querer recordar, la dicha de tiempos atrás, tan doliente en el presente, ja ja ja río hipócrita o irónicamente. Pero más que risa quiero  dar un rugido y que así de lejos pueda hacer escuchar el dolor de mi corazón herido, el reclamo de la  estúpida razón y la demanda de este olvido.

Hace tiempo no escribía, me ocultaba del adiós inmencionado pero presente, terriblemente tácito. Una maldición, un adiós y un sarcasmo.

 

Ya es tarde, es hora de dormir.

Tanto que me había costado nuevamente revivir. Sal en mi llaga, llaga de pecho alma y sinrazón.

¡Oh  Bendita criatura!

¡Oh estúpido Yo!

Maldigo este momento

y aún bendigo su calor

y el vuelo al que me elevó.

Porque sigue siendo calor bello y suyo.

aunque de su existencia me excluyó.

 

Majloc D

 

Yulia Castellanos

¡Oh! Macuiltépetl, Macuiltépetl, Macuiltépetl
embriaga y envuelve, como el vuelo de las águilas
que se posan, en tu regazo de tierra antepasada…

¡Oh! Macuiltépetl, si por tí, mis ancestros lucharon
por defender la tierra amada, y los fusiles retumbaron
¡Los austriacos lloraron!…

¡Oh! Macuiltépetl, los cirrus te bañan
con su caricia cristalina, cual cómplices,
festeja, la victoria ganada…

¡Oh! Macuiltépetl, el andar, en tu verdoso camino,
me vuelve un loco poeta, soñador, trovador que enaltece el corazón
y anhela el amor de la ninfa que habita,
en el misterio: de tus verdes árboles…

¡Oh! Verde templario, del ayer y del hoy…
¡Oh! Macuiltépetl, Macuiltépetl, Macuiltépetl

Yulia Castellanos



Hombre  de arcilla y maíz

tostado, ambarino, quemado

ocre oquedad y simiente

barro con barro pegado

Hombre de arcilla y maíz

rastro de barro y rastrojo

apagado volcán sin gemir

de arena de piedras y abrojos

Hombre de arcilla y maíz

rostro de grano encarnado

mixtura de agua y caolín

o liso y obscuro guijarro

Hombre de arcilla y maíz

restos de camino abigarrado

quieren cortar tu raíz

y tenerte doblegado

Hombre  de arcilla y maíz

tostado, ambarino, quemado

ocre oquedad y simiente

barro con barro pegado


Mirna V. Viveros

junio 29, 2010

Cuando un hombre se desnuda

ante el amor de una mujer

—desnuda—

hay que dejar los atavismos

en el subterráneo del entendimiento.

Habría que escudriñar sin sonrojo
los restos y rastros de su rostro

—desnudo—

y abrir de par en par el corazón

—desnudo—

Cuando un hombre se desnuda

hay que hurgar en la oscuridad de su deseo

cuya muriente indecisión no alumbra

la llameante pasión que aviva

la inesperada desnudez del hombre.

Cuando un hombre se desnuda

ante una mujer que obsequia

más que su —desnudo— oído

el amor ha ganado… y crece

disponiendo las noches con el día.

Habría que reconstruir

los atributos del cuerpo masculino

—desnudo—

impreso en el aguamiel de la pupila

—enigma accidental del universo—

Cuando un hombre se desnuda

elogios de mujer lo arropan

cercando —con su anuencia—

la dura resistencia inmutable

del hombre nómada poeta

que desnudo se presenta.


Mirna V. Viveros