Julio César Suárez Cervantes

“[…]En silencio se van llenando el uno al otro.

Cualquier día despiertan, sobre brazos

piensan entonces que lo saben todo.

Se ven desnudos y lo saben todo[…]

Jaime Sabines

Ay poesía de espejo,

oh pájaro de mis días,

es que enserio pensaba que lo sabíamos todo,

nos mirábamos desnudos y lo sabíamos todo,

no había muros, ni cadenas, ni vergüenza,

nos rompíamos en silencios, encarnados

y no había dudas, ni soledades, ni adultos.

Que estupidez pensar a los quince, que

el mundo se come igual que un ombligo

o tan sencillo como un muslo,

que blasfemia tan correcta

aquella de confundir

la rectitud de la razón

con lo firme de una espalda,

igualar el cansancio de la vida

con el sudor de dos cuerpos,

que tontería pensar que los problemas

se toman como dos pechos,

creer que el camino correcto

esta entre los pies descalzos,

que la mujer amada duerme

y uno mira y la vida es eso,

nosotros, solo dos, solos,

escuchándonos la respiración

en el espacio de nuestros labios

cuando se dicen: te quiero, te amo.

Era tan fácil encontrar la libertad

allá en el país de sus ojos; y

la riqueza de sus manos limpias,

bastaba, para callar la pobreza del mundo,

para apagar el fuego y saciar el hambre.

En esos días de bosques sin ropa,

de batallas en cama y treguas llameantes,

todo era posible: la tierra era un gloria,

un pedazo de cielo, la ventana de paisaje

solo era un espejo, el día podía ser noche

y de mañana, siempre había tiempo.

Ay mundo, ay poesía, espejo,

ahora tengo diecinueve y mira,

solo hace falta, un poco,

una boca donde encaje mi lengua

o unos ojos que rompan mi pecho

y la dulce pobre, maldita ceguera

distorsión adolescente, se repite,

así, implacable, como siempre,

entre dos cuerpos.

“[…]yo no lo sé de cierto, pero lo supongo.”

Jaime Sabines.

Julio César Suárez Cervantes

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