Julio César Suárez Cervantes
Solo porque el día me lo insinúa
trataré de grabar nuestra fábula
sobre la tarde donde tú y yo,
no estamos juntos, estamos
secos, muertos, mojados
de verbos subjuntivos.
Te escribo y me parto,
lluevo con sed sobre ambos,
lluevo con rabia, escribo a pedazos,
a letras y espacios, desaparecemos,
nos borramos, o mas bien,
a ideas y a silencios nos ahogamos,
te quemas, me enflaco en migajas,
migajas somos, lascas, carne-polvo.
Te escribo a detalle y ya no sé
si la tinta es tinta o gotas de alma,
te pronuncio un “te quiero” amarrado
y tus ojos dicen: la hoja es blanca.
Mis ojos, se te caen, cierras mis manos,
mis ganas se te pierden, hace mucho
que te miro entre serpientes y no te toco,
si me aviento tus palabras muerden, cortan.
Te escribo silaba por silaba,
mi sangre te habla, lenta, roja
mis brazos te esperan, vacíos,
como siempre, y tus ojos me roban,
no comprenden, mi corazón
se deletrea, letra a letra
lees y desfragmentas,
se va por ese abismo venenoso,
se resbala por tu lengua, tu boca
esa que nunca besé, nunca.
Mi corazón se abre,
se desbarata en versos,
solo le quedan las manos que no tomas,
los ojos casi cerrados, los frágiles huesos
que se arrastran derrotados, cansados amor,
cansados de ese cuento fantasma, filoso anhelo,
y no hace falta decirlo, pero
el puente de “nada” se engorda
nuestra frontera de abismo
es mas palpable que nosotros,
ya lo sé, lo sabemos
“ espacios vacíos”
nos sobran.
Julio César Suárez Cervantes
Entradas (RSS)