Archivo de agosto 2010


ADICT@S A LA POESÍA EN LOS MENSAJES DEL BAÚL

HOY MARTES 31 DE AGOSTO DE LAS 17:00 Hrs. A 18:00 Hrs.

ESCUCHEN POR RADIO UNIVERSIDAD

1550 DE AM

O EN INTERNET:

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ESTARAN LOS POETAS DE AMANUENSE

Ir hacia lo que no existe partiendo de lo que existe, fue lo que nos recomendó la poeta Silvia Eugenia Castillero (D.F., México, 1963.), quien visitó Xalapa del 19 al 21 de agosto para impartir un curso de composición poética.

La doctora en Letras por la universidad de la Sorbona de París y actual directora de la revista literaria Luvina de la Universidad de Guadalajara (www.luvina.com.mx), nos brindó su experiencia en la composición poética en un taller al que asistimos varias de las Adict@s.

La autora del libro zooliloquios destacó la imprescindible lectura de filósofos como Gastón Bachelard y Gilles Deleuze para adentrarnos al uso simbólico del lenguaje.

También nos habló sobre el uso del fuego y el agua en el imaginario poético de la humanidad y nos alentó a su uso para la elaboración de nuestros propios textos. Autores como Kafka, Proust, Poe, Torri, Lautreamont, Borges, Villaurrutia, Kobo Abe, Gonzalo Rojas o el imprescindible Arreola, fueron sólo algunas de sus recomendaciones.

L@s adict@s esperamos seguir en contacto con esta valiosa escritora.

Angélica González Macías

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Silvia Eugenia Castillero nació en la ciudad de México. Poeta y ensayista. Estudió la licenciatura en letras en la Universidad de Guadalajara, y posteriormente estudios de doctorado en letras hispanoamericanas en la Universidad Sorbonne Nouvelle de París.

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Obra publicada

  • Entre dos silencios. La poesía como experiencia (1992)
  • Como si despacio la noche (1993)
  • Nudos de luz (1995)
  • Zooliloquios (2003)

Del libro Zooliloquios, Historia no natural de Silvia Eugenia Castilleros, este poema:

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III

Entre dos gajos de la noche

agoniza la sirena.

Al arrastrarse

agua tersa va muriendo.

Retrocede hasta donde cierra la calle

para olvidar sus ojos

sobre una piedra.

Con botellas vacías circunda su lecho;

todo allí está roto.

Entre soplos arenosos

y polvo que se clava

se desvanece

abierta a la noche y ciega

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Gracias Silvia…

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Fotografía: Lorena Bonilla

No duerme la secuencia del perdón

no duermen los párpados ni la conciencia

se siente el desvelo

haciendo nudo el sueño,

amar  y odiar vislumbra la queja humeante de los ojos

padecen y rezan los lagrimales por congelar el tiempo.

Los secretos cuerpos tendidos de mejillas blancas

sepulcros de pecados, caminos  y pies de espuma

se esfuman con el viento agrio

y la duda de sonrisas retorcidas.

El negro color a muerto

profanan la ironía

al exorcizar los recuerdos

al pedir permiso al conteo del día

te veo y me avergüenza el placer que destruye el alma

doliente duelo de las manos

al olor que contribuye a la soledad

solo una noche

cambia, llora, muere y perdona.


Lorena Bonilla

Lunaria venganza

que almacena errónea

el trazo de una vida,

que tenía en contra el destino

que te desvió de mi camino.

En burbujas bebería  tu boca

y en espirales tu lujuria,

volcánica criatura

de labios disparejos.


Manifestante de mis andares

protestante de mis placeres,

no me hace daño tu voz

no me hiere tu sudor quemante,

y tu presencia escalofriante

resumen remordimiento activo en el pensamiento

que hiciste de mi amor,

eres mi sol plenamente

hoy combatiente de mi piel.


Lunaria la mano en mi garganta

anzuelo asfixiante tormentoso tu sabor

que no me pertenece

combatiente me desgarro

a los latidos temerosos

quiero tenerte

lunaria y sol.

Lorena Bonilla

No hay paz en mis huesos

Y tu nombre taladra

Mi muerta canción

Quise ser

La ola vespertina

Sirena sin ropa

En tu colchón

Y naufraga mi sangre

Se quema mi carne

Al rozar de tu voz

Y en delirante espejismo

Las lenguas rezando

Ángeles sin alas

Demonios sin dios

Qué fuimos?

Qué somos?

Silencioso abismo

Almas de cartón

Hablan tus ojos

De mis nacientes sueños

Los salmos se elevan

Hasta el último cielo

Vestigios de otoño

Se opacan las nubes

Realidades

Mentiras

Y delineo fantasmas

Conjuro tus besos

Qué fuimos?

Qué somos?

Silencioso abismo

Almas de cartón

Ensarto en un hilo

Recuerdo a recuerdo

Sonrisas del niño

Tus ojos de gato

Mis viejos zapatos

Le añado un anillo

Estrellas silentes

Un peine

Tus sueños

Cepillo de dientes

Tu pelo revuelto

Un dibujo a crayón

Qué fuimos?

Qué somos?

Silencioso abismo

Almas de cartón

Y retorno al inicio

La flecha macabra

Maldito Cupido

Las horas danzando

En el viejo reloj

Me llamas

Respiro

La noche se duerme

Un perro que ladra

La flor  sin  ventana

Perturban mi alma

Las  cajas que archivan

Las horas vividas

Y  afilo  navajas

Para cortar el sol

Me quito el vestido

Desnudo mi alma

Te abrazo en mi pecho

(me duermo contigo)

Y sucumbo

Al compás de tu corazón

Qué fuimos?

Qué somos?

Silencioso abismo

Almas de cartón

Mi cuerpo incierto

De lápida fría

Con tus húmedos dedos

Se viste de versos

Me incendio en tus llamas

No alcanzan las noches

Para tejer las vidas

Las ansias

Los cuerpos

Te vas

Yo me quedo

Me rondan negras palomillas

Soy luna menguante

En tu noche

Suspendida

Te espero callada

Para guarecer en ti

Mi lluvia de amor…

-mirna romero-

La noche está a mi lado

Tu cuerpo callado

Descansa su descanso

Mi cuerpo oscuro

Al tuyo se ha adosado

Y con mis manos recorro

Apacible

Tu rostro

Tu pecho

Tus piernas

Tu continente todo

Y percibo tu espasmo

Te cuento las cosas que invento

Cuando no estás a mi lado

Y pones tu oído en mi pecho

Enamorado

Y esta mortal ternura que siempre he reprimido

Se arrepiente

Y en mis ojos se hace el llanto

Me miras desnuda

Y con devoción espantas

Las lágrimas

Que como ríos corren desbordados

Con ojos miopes te miro

Y te digo a media voz

Cuanto te amo

Y tú me miras

Como si fuera un retrato

Y tus besos como mariposas

Se alojan en mis labios

Y sin hablar

Vuelvo a respirar

Al compás de tu tacto

Y tú me miras

Y acaricias mi pelo

Mis alas crecidas

Mi vientre

Nuestras almas se tornan una sola

Y un suspiro sella el pacto

Me cuentas con ternura

Las cosas que has soñado

Mientras la noche está a mi lado

Y tu cuerpo callado

Descansa su descanso…

-mirna romero-

La inmensidad

Y yo amándote

Recorro mi matinal trayecto por los lagos

Diversidad de tonos verdes

Flores de colores coronan los árboles

Tu imagen viene a mi mente

Tu andar de prisa

Tu sonrisa

Las flores pierden su candor

Se difuminan sus matices

Tus frases en forma de prosa

Resbalan a mi oído

Y busco en la basura

Un plástico poema

Para regalarte

La inmensidad

y yo amándote

cual si fueras el último hombre

de esta desierta isla

deambulo por el día

tu ensortijada cabellera

ondeando en mi memoria

produce un espasmo

al centro de mi vientre

La inmensidad

Y yo amándote

como fantasma que busca

tu desaparecido cuerpo

se acrecienta mi delirio

al compás de las vespertinas horas

al alba fría

me duermo deshojando

estrellas silenciosas

y en cada suspiro

exhalo las letras de tu nombre

la inmensidad

y yo amándote

no sé si es la luna

si es el sol

si son mis años

si los ecos de tu metálica mirada

si es mi blues sonando con nostalgia

mis heréticas costumbres

el polvo de mi calle

mi habitación en penumbra

los barrios marginales

tus repelentes días

mi frágil figura

muriéndose de nada

entre tú y yo

la inmensidad

y yo

necia fauna herida

inmensamente amándote…

-mirna romero-

Ev
15

Apareciste en mi cama mujer azul

desnuda y dormida

abierta como mar de galaxias,

lanzo al universo de tu cuerpo azul

haces ardientes que te marcan

que curvan el espacio infinito de tu deseo;

te toco y te me vuelves sombra de aire

te me vas inalcanzable

entre adjetivos que florecen y mutan

y te vuelves carne de flor,

brisa de luna

marea de curvas

santuario de labios,

olor de fruta ardiente

río de lenguas profundas…

Te despiertas, te ruborizas,

estás desnuda

tan solo envuelta

en el traje inconsutil de mi poema.

Ev
13

dos mitades nocturnas

de boca al deseo,

dos mitades que alcanzan la orilla de la luna y se entremezclan,

dos mitades hechas de sombras

de manos que se hunden,

de pieles que entraman sus ardores,

de huecos que se llenan,

de vidas que se enroscan y giran

que intentan asir el eter del tiempo,

que se abrazan en un pálido afán

de anclarse en el filo de la nada.

Ev

 11

la tarde sin ti

es un siglo de oscurantismo,

un agujero en mi calendario,

un claro silencio

inarmónico entre el murmullo de la vida,

un faltante constante

que entorpece mis manos

y vuelve más pesadas las alas de mi poesía.

La tarde sin ti

es un palmo de vacío

que vagabundea por mi cuarto

un inconquistable hueco

con la forma de tus caderas,

un cubo de lluvia que diluvia a mi lado.

La tarde sin ti

es respirar sin vivir,

cruzar sordo, mudo y ciego las aceras,

consumirse en la espera de un verso que no llega.