Julio César Suárez Cervantes

 

Vaya vaya, que temprano,

el primer tonto que conozco: soy yo.

Mírenme, sentado en una silla negra: y escribo.


 

A dos pasos hay una niña pensando que aprende inglés,

una mesa gastada, cuadernos, tres manzanas y una taza.

Qué triste, pero sí, aquí sólo hay azúcar pa´l café,

cafeína pa´l sueño, sueños pa los días impuestos,

hay impuestos pa la vida, pa´ los muertos, pa´ todos.

Hay galletas de animalitos que se parecen a nosotros,

y sí -también nos remojan, en leche agria, en chocolate rancio,

nos hunden, nos ahogan porque así les funcionamos mejor -y así vamos,

de taza en taza o mejor dicho de transa en transa, sin techo,

sin ganas -na´más las que nos dejan en las bolsas o en las palmas.


 

Arriba hay un cuarto, dibujillos que sonríen, colores  baratos que no raspan,

hay una sombra de narciso que llora en mi cama: se desbarata.

Allá está la ventana pero no da al cielo, y mi biblia tampoco,

hay un arte que no produce conocimiento, no aporta nada, es cómodo,

cochinamente bello, es un horrible poder occidental, un invento, una corona,

una tragedia impuesta, clasista, enferma, es un cuento mal contado, una pandemia.


 

Afuera de mi casa hay una calle, larga, sucia y viva, caminada,

pisada por no sé cuantos corazones tristes, ciegos,vacíos, medio contentos,

corazones pisados por la tremenda vida, triste, ciega, vacía, medio contenta.

Afuera hay una tienda que vende caro, un miserable sin camisa que se parece a mí,

un niño que se ríe, hay un perro sin muelas, un gato atropellado con las tripas de fuera,

un borracho con todos sus dientes que muerde un elote y mira cómo pasan los carros,

y arriba del borracho hay mil ojos que le echan tierra, chicles, basura, monedas,

palabras, hay señoras que lo miran indignadas, hay señoras que ni lo miran.


 

Más allá -más afuera- hay bocas que no saben lo que dicen,

hay mafias, dinero, pobres -de las manos, del pecho, del pobrecito cerebro.

Hay gordas diciendo mentiras, hay espejos que simulan, rostros que disimulan,

hay olvidos, hay un papel higiénico que nos recuerda que aquí: todos tiran mierda.


 

Hay hombres enfermos, almas fatigadas,

mujeres que sobran y otras que espantan,

hay libros que estorban en el cuarto, en la boca,

en la idea, hay una república con vendas, pobre, sorda,

hay un país que no conozco –lo miro y se desploma.


 

Hay corazones que faltan, hay flacos armando nostalgias, hay una pedrada,

una minifalda rota, violada -hay una demanda que nunca será escuchada,

hay gula, hay zapotes de oro que tragan, caciques pues -políticos pa´ que me entiendan.

Hay venas que guardan la voz y prefieren sacarla hasta que las agriete un cuchillo,

o las perfore un plomazo, o las ahorque un puño cerrado.

Hay desiertos en las manos de mil personas con hambre,

hay petróleo, cadáveres debajo del petróleo, hay pasteles,

hay merengue en la encía de alguna chica guapa, alguna mocosa,

alguna pendeja flor bastarda, hay lloronas de una luna que se arrastra: feministas.


 

Hay un pendejo leyendo a Sabines y una puta que ojalá lo leyera,

hay escamas, bonitas, ridículas y tontos, hay un botiquín sin poesía,

hay un chico pidiendo un pedazo de pan con las palomas,

hay buitres pidiendo un pedazo de carne con la muerte.
Hay pasos perdidos —adentro y afuera.


 

Hay cucarachas entre los dedos de un muerto, hay asesinos, polleros,

gente emplumada y desplumada, hay culebras que se revuelcan y nos jalan

y aprietan y tiran del pescuezo y nos duele, nos duele la cruz que pesa,

la cruz que tarda con su paraíso, hay una virgen que ya nunca vino,

un diablo que siempre nos cuida, hay un infierno para inocentes que mastica.


 

Hay  cochinillas muertas que estaban floreadas y volaban

pero terminaron bien secas, bien reventadas -en los dedos de un niño,

como luciérnagas -adentro de un aplauso asesino- como palabras

adentro de una boca cerrada, cosida por cansada, por tiempo lento,

como una oreja tapada con cerilla o con cera o con sangre coagulada.


 

Hay zopilotes con garras que están buscando a quien chingar,

hay zancudos que pican, hongos que no hacen nada, hay sonrisas,

alegrías de barro que fingen, y ahí se van juntando, y Dios me reclama pues en éste país

se suman tragedias, no voluntades.

Hay camiones retacados de caña, servicios urbanos

cargando gente que vive (y se nos olvida -pero sí tienen ojos)

y nos miran, del autobús pa´ fuera, nuestro mundo de corbatas y vestidos,

cuervos que no los pelan, pobrecillos -pareciera que la esperanza les flaquea,

moribunda, agarrados de un tubo sin cruzar palabras, esquivando miradas,

pa´ llegar hastiados al trabajo, pero por fortuna o mal rato -suerte que hay payasos,

y no hacen reír: pero como joden y al menos se maquillan y fingen honestamente.


 

Hay millones de botes que zarpan para siempre con los desterrados.

Hay una laguna de sangre donde no pasan los años -ni los hombres.

Hay una tarde llena de estudiantes tirados, hay un campo de amapolas,

hay un león de metal que ruge, se oye como revienta el cañón, el fusil,

la bala -una bala que abre con rabia a una garganta que no debió gritar.


 

Hay un puto senador cogiendo, una venda tricolor que se apesta,

un gusano profeta, ratas jugando a ser romanos, hay un país crucificado,

una historia llena de agujeros, hay abismos, estómagos vacios, pozos, hay baches.


 

Hay banquetas donde un señor vende manzanas,

hay una serpiente que las regala –pues hay pecados

y hay gente que los cree, hay cobardes, uñas con mugre,

hay escobas que barren y barren y no limpian nada -ni madres.

Hay una mujer que se baña y se masturba -pues hay aspiraciones,

corazones sin agallas, hay partidos, hipócritas, hay un clero mamando,

hay unos zapatos con lodo que vienen de un secuestro, hay borregos,

hay una lámpara que no prende, un presidente que tampoco funciona.

Hay madres que se derraman y golpean,

padres que dejan marcas, heridas caminantes,

torres caídas, hay un cerdo negro en cada uno de nosotros –y se ríe.

Hay unas pezuñas juntando dinero pero hay árboles que siguen de pie –y que bueno-

hay los hijos de las vacas que duermen su tumba en mi estómago, hay óvulos en mi boca.


 

Más allá: hay guerras, tiranos que le muerden los pies a la justicia.

Hay dioses hincados lamiendo a sus hijos muertos, en brazos, en llanto,

como lobas que chillan la despedida de un cachorro que se pudre y ya no canta,

dioses que parecen bestias, bestias con llagas que lloran la sangre de su raza.


 

Hay silencios que arden, cortan, como una aguja en la lengua,

hay muros que se levantan pa´ dividir los cielos, rajan la tierra,

hay marcas en los dedos por una reja que separa, pilares impalpables,

puertas cerradas, hay hombres que siguen ahorcando patrias,

y nadie dice nada, y no hacemos nada, ni yo, ni ustedes,

ni el arte pendejo, ni la muerte castrosa –nomás mata.

Hay poesía que nunca nunca importa

y se va muriendo sílaba por sílaba -como siempre,

como todos, y poco a poco va dejando de estar.

Hay poesía que no llega -como ésta- y se consume, como polvo,

letra por letra, verso a verso:

hay tontos como yo que sólo vienen, leen,

suena bien cogida    y se van.

.

.

Julio César Suárez Cervantes

¿Te agradan nuestros escritos? Compárte...

4 Respuestas a “M i s e r a b l e – r a b i o s o”

  1. Ana Gaby dice:

    Lo leo y lo leo….y me llega…a mí sí me llega….te mando un abrazo

  2. mirnav dice:

    Julio César, gracias por contagiarme de tu rabia… Gracias por compartir
    (socializar) tu trabajo poético.
    Habiendo jóvenes como tu, podemos decir que no todo está perdido… felicidades

  3. Majloc D dice:

    He escuchado salir de su boca, que el verso fue una herramienta comoda para expresarse, puesto que eran textos, mutilados por la mitad o más: recortados. – a mi me parece que con eso encontró el metro- Pero he escuchado decir que empezó a leer y escribir poesía porque era algo corto, es decir por pereza. Pues en este texto, creo que capturo un momento de Vida, y digo, no es breve, es superficial y profundo. Son palabras con estruendo, sin pereza e ideas sin vergüenza sobre imagenes que avergüenzan. Qué aterrizan, que vituperan, pero con todo esto la magía y horror de un momento en el mundo se expresan. Y vibra cada fibra de cordura en las manos ansiosas y en la cabeza … que piensa.

    Bravo

  4. vero dice:

    Me remece y estremece. Esas imágenes se repiten en mi país tercermundista, sudamericano-elitista. Aquí, en mi ciudad estancada, las calles también se cubren de pordioseros tragando basura y viento. Los perros inundan las calles como hijos de dioses muertos. Las señales son las mismas “Al final, después de todo, no somos tan distintos”.
    Un abrazo fraterno. A través de la rabia logras expresar, de mejor manera, tu arte.

Deja una Respuesta