[Un día rescaté
una orquídea de un infierno,
crecí un poco
y olvidé cuidar de ella,
le crecieron anhelos...
y orquídeas nuevas,
y en mi mente,
demonios color rojo,
como sus matizados pétalos...]
Tanta gente,
tantos ayeres,
tanta inspiración
por los ocasos,
y siguen vivas
las orquídeas.
La noche marinada
con suspiros,
las luciérnagas
vueltas estrellas,
mi mano buscando abrigo,
mi corazón tocarte.
Y siguen vivas
las orquídeas,
persistente negación
del abandono.
El viento recorriendo
mi rostro,
insinuando primaveras
esculpiendo la sonrisa resignada
del que espera nada,
y nada encuentra.
Y siguen vivas
las orquídeas,
señales discretas:
aún hay perfume en las palabras.
Si consiguiera
pronunciarlas
y sembrar orquídeas nuevas…