Por Luis Ernesto González
Eres el mar y somos
sedientos buscadores
en la arena blanquísima
del linde de ti mismo.
Mas no hay espera.
Se ha derramado el cielo
en un estanque
y ella bebe el azul.
Canción eterna,
verdecida esperanza.
Su vestido es caricia;
mis manos, su silueta.
Y nos dará su vino
el crepúsculo rojo
colgado de una copa
de cristal y campana.
Beber la transparencia
de un encuentro sagrado.
Y todo muere.
Quien nos bebe eres tú.
Será luego la noche
en una lágrima.
Ella y yo frente a ti,
negra bahía del cosmos.
http://hormega.wordpress.com/2012/01/18/incierta-certeza-43/
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