La palabra se fue al monte
Entre los árboles y los cerros:
Se lleno de una sabia sed de sol,
Se hizo un traje verde primoroso,
Se vistió de cantos y silencios
La palabra se hizo cedro, pino,
Arce, anacardo, Jacaranda y alcanfor
Como disfrutaba de ser mango,
De ser tipa, tipana y til, saúco
Zapote, roble, omo, ombo
Y palo de humo, Y palo de fuego,
Y también palo de sasafrás,
Y muchos mas que yo no se decir.
Mas… bajó la palabra a estar
Con los hombres, vestida de abedul
Y entre ellos se hizo cuna, puerta,
Casa, alacena, mesa y flor,
Que feliz estaba entre los hombres
Le gustaba darles sombra y bañarlos
En su gran cisterna de sol,
Quiso la palabra: ¡Oh Señor!
Entrar en el corazón del hombre:
Y entre los pobres conoció el hambre,
La tristeza, la ternura, el frío
La sed de agua y de rebeldía,
La paz , el amor y el silencio de su Dios.
Y sucedió que la palabra se metió
Entre los políticos: paralíticos de la verdad
Y la razón, y entre ellos conoció la mentira
Y la falsedad, el menosprecio, la indiferencia,
El falso discurso, el interés y el rostro
De la muerte entre ellos vio…rápido
Se escapó de estas aves de rapiña
Harta de ellos, y harta de la voz del dinero;
Unos pobres y viejos fierros que llamaban Dios
La palabra entro en el corazón de los poetas
Ahí toda ella se lleno de luz, y aprendió
A vestir con trajes nuevos la tristeza,
La paz, la alegría, la nostalgia y la verdad,
Aprendió el sabor salado de un mar de lágrimas,
Supo que esa luz era la luz más encendida
Que había brillado en su corazón y se sintió
Dentro del dulce corazón de un verdadero Dios,
Mas… a pesar de esa belleza, se vio ignorada
Y aunque las sombras no la apagaban,
se vio manipulada, impotente y ave de plumas
embrujadas se hizo: voló… y solos los dejó.
(“clamando en el desierto”)
La palabra anduvo un rato entre los niños,
Los borrachos y los locos, y conoció lo atroz
De la voz “de una gota de tinta en el mundo
De los iracundos” , aprendió a jugar con perros
Y con gatos y hacer hilachos de fantásticos
Sueños, llenos de hadas, fantasmas y gigantes
Y héroes portentosos que nada resolvían.
La palabra se guardo entre sus bolsillos:
Un chicle masticado, un soldado de plomo,
Una ave Maria arrugado, un beso de soslayo,
Una pachita de licor, una piedra pulida y un
un rizo de mujer, un lucero azul sobre un charco,
y se sintió mas rica que los ricos a quienes ya había olvidado.
La palabra fue a los libros y entre ellos vio,
Que existieron hombres de verdad , hombres
Que sabían la esencia de su voz, aquellos
Que eran como sus viejos amigos los árboles:
Llenos de sabia sed de sol, conoció a Gandhi,
A Neruda, a Li Po, a Cervantes, a Tagore, Omero
Y a muchos mas…Y las amorosas palabras de Jesús,
De Buda, de Crisna y cuando con Arjuna cabalgó,
Y cuando beso los Labios de Romeo y de Julieta,
Y se vio reflejada en la belleza de un cuanto de hadas
Supo que existieron hombre que dieron su vida
Por defender a sus hermanas, la palabras de verdad.
Mas…vio que los libros se empolvaban y eran viejos
Ciegos que nadaban en un mar de soledad,
Entonces regresó al monte, a decir entre los árboles,
Con la voz del aire y el canto de las aves:
La única y verdadera voz de Dios,
La misma que viene de tan lejos, allende
Los universos pletóricos de luz, la que no se apaga
Nunca, aquella que ella nunca, ni ninguna voz
Podrá decir.
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