Archivo del AutorEv Apareciste en mi cama mujer azul desnuda y dormida abierta como mar de galaxias, lanzo al universo de tu cuerpo azul haces ardientes que te marcan que curvan el espacio infinito de tu deseo; te toco y te me vuelves sombra de aire te me vas inalcanzable entre adjetivos que florecen y mutan y te vuelves carne de flor, brisa de luna marea de curvas santuario de labios, olor de fruta ardiente río de lenguas profundas… Te despiertas, te ruborizas, estás desnuda tan solo envuelta en el traje inconsutil de mi poema. Ev dos mitades nocturnas de boca al deseo, dos mitades que alcanzan la orilla de la luna y se entremezclan, dos mitades hechas de sombras de manos que se hunden, de pieles que entraman sus ardores, de huecos que se llenan, de vidas que se enroscan y giran que intentan asir el eter del tiempo, que se abrazan en un pálido afán de anclarse en el filo de la nada. Ev 11 la tarde sin ti es un siglo de oscurantismo, un agujero en mi calendario, un claro silencio inarmónico entre el murmullo de la vida, un faltante constante que entorpece mis manos y vuelve más pesadas las alas de mi poesía. La tarde sin ti es un palmo de vacío que vagabundea por mi cuarto un inconquistable hueco con la forma de tus caderas, un cubo de lluvia que diluvia a mi lado. La tarde sin ti es respirar sin vivir, cruzar sordo, mudo y ciego las aceras, consumirse en la espera de un verso que no llega. ![]() Daniela Mendoza
A mi lobo estepario Hombre en evolución Creando un singular Te consumes en la nimiedad Hombre en evolución Hombre en evolución Hombre en evolución
Daniela Mendoza
Fotografía: Jennie Mercader ![]() Daniela Mendoza
. . . Sólo la luna conoce la razón de mis desvelos, el por qué de mis insomnios Sólo ella conoce mis versos más secretos, aquellos que al plasmarlos quemarían el papel Sólo ella puede ver la soledad de mi piel en esta hora, la hora plateada hora de la inspiración Hora en que las notas pierden sentido entre la boca y la almohada Sólo ella logra escuchar el sollozo de mi suspiro, que se eleva en el eterno beso de la noche Quiero alcanzar esa inalcanzable blancura tersa que te envuelve, Quiero compartirte este fuego que me quema en una dulce y lenta caricia Quiero gritarle al viento que tengo una musa enamorada Que me visita cada noche, se desliza por mis sábanas y susurra a mi oído los versos más hermosos, los más secretos, a esta simple mortal
Pero esta noche no, Hoy mi piel no está sola Esta noche mi musa deja que mi ser se entregue a los sentidos, sentidos perdidos Esta noche mi musa, celosa, deja que el caballero de la sombra sea quien me guía por el sueño. Desvanezco, me envuelve su frio y suave manto Me hago una con mi musa, la musa de la hora plateada musa perdida.
Daniela Mendoza Fotografía: Jennie Mercader ![]() Pintura creada por Julio César Suárez y Compañía... en el 4o Aniversario de Adict@s Julio César Suaréz Cervantes
Sos una mamada, un estúpido trueque, una cochinilla floreada, con alas -alas de polvo, de polvo de ti, de ceniza tonta, pisada, violada -por mi lengua insaciable.
Sos la garantía húmeda, mojada de carne -de nosotros, de ti y de mi muriendo -solos, sentados, ciegos -buscándonos, en tulipanes, en sombras, en árboles, en vasos quebrados que no suenan, no sonamos, hay silencio -sos muda, sos terca y rebuznas -afuera de mi boca, adentro de mi sangre, abriéndote en las venas, sudándome, cortándome los ojos, los dedos, los pies míos -que te siguen, tontos, cansados.
¡Maldita sea! -te quiero
Sos linda y me hartas, sos bella, sos la dulce muñeca que llora, y yo también me derramo, y me arde quererte, pinche cielo de tus ojos -caídos en besos y muslos mordidos y allá vamos, cada quien, viendo pájaros -viéndonos y te alejas más y caminas, y zumbas -adentro de mi mano -abierta -porque no estas allí ¿quién de los dos es culpable?
Sos la estúpida mosca que se enterró en mi pecho. . y aleteas, y no sales. . .no sales.
Julio César Suárez Cervantes
Fotografía: Jennie Mercader
Julio César Suárez Cervantes
“[…]En silencio se van llenando el uno al otro. Cualquier día despiertan, sobre brazos piensan entonces que lo saben todo. Se ven desnudos y lo saben todo[…] Jaime Sabines
Ay poesía de espejo, oh pájaro de mis días, es que enserio pensaba que lo sabíamos todo, nos mirábamos desnudos y lo sabíamos todo, no había muros, ni cadenas, ni vergüenza, nos rompíamos en silencios, encarnados y no había dudas, ni soledades, ni adultos. Que estupidez pensar a los quince, que el mundo se come igual que un ombligo o tan sencillo como un muslo, que blasfemia tan correcta aquella de confundir la rectitud de la razón con lo firme de una espalda, igualar el cansancio de la vida con el sudor de dos cuerpos, que tontería pensar que los problemas se toman como dos pechos, creer que el camino correcto esta entre los pies descalzos, que la mujer amada duerme y uno mira y la vida es eso, nosotros, solo dos, solos, escuchándonos la respiración en el espacio de nuestros labios cuando se dicen: te quiero, te amo. Era tan fácil encontrar la libertad allá en el país de sus ojos; y la riqueza de sus manos limpias, bastaba, para callar la pobreza del mundo, para apagar el fuego y saciar el hambre. En esos días de bosques sin ropa, de batallas en cama y treguas llameantes, todo era posible: la tierra era un gloria, un pedazo de cielo, la ventana de paisaje solo era un espejo, el día podía ser noche y de mañana, siempre había tiempo. Ay mundo, ay poesía, espejo, ahora tengo diecinueve y mira, solo hace falta, un poco, una boca donde encaje mi lengua o unos ojos que rompan mi pecho y la dulce pobre, maldita ceguera distorsión adolescente, se repite, así, implacable, como siempre, entre dos cuerpos. “[…]yo no lo sé de cierto, pero lo supongo.” Jaime Sabines.
Julio César Suárez Cervantes Julio César Suárez Cervantes
Solo porque el día me lo insinúa
trataré de grabar nuestra fábula sobre la tarde donde tú y yo, no estamos juntos, estamos secos, muertos, mojados de verbos subjuntivos. Te escribo y me parto, lluevo con sed sobre ambos, lluevo con rabia, escribo a pedazos, a letras y espacios, desaparecemos, nos borramos, o mas bien, a ideas y a silencios nos ahogamos, te quemas, me enflaco en migajas, migajas somos, lascas, carne-polvo. Te escribo a detalle y ya no sé si la tinta es tinta o gotas de alma, te pronuncio un “te quiero” amarrado y tus ojos dicen: la hoja es blanca. Mis ojos, se te caen, cierras mis manos, mis ganas se te pierden, hace mucho que te miro entre serpientes y no te toco, si me aviento tus palabras muerden, cortan. Te escribo silaba por silaba, mi sangre te habla, lenta, roja mis brazos te esperan, vacíos, como siempre, y tus ojos me roban, no comprenden, mi corazón se deletrea, letra a letra lees y desfragmentas, se va por ese abismo venenoso, se resbala por tu lengua, tu boca esa que nunca besé, nunca. Mi corazón se abre, se desbarata en versos, solo le quedan las manos que no tomas, los ojos casi cerrados, los frágiles huesos que se arrastran derrotados, cansados amor, cansados de ese cuento fantasma, filoso anhelo, y no hace falta decirlo, pero el puente de “nada” se engorda nuestra frontera de abismo es mas palpable que nosotros, ya lo sé, lo sabemos “ espacios vacíos” nos sobran. Julio César Suárez Cervantes |
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