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Ev
15

Apareciste en mi cama mujer azul

desnuda y dormida

abierta como mar de galaxias,

lanzo al universo de tu cuerpo azul

haces ardientes que te marcan

que curvan el espacio infinito de tu deseo;

te toco y te me vuelves sombra de aire

te me vas inalcanzable

entre adjetivos que florecen y mutan

y te vuelves carne de flor,

brisa de luna

marea de curvas

santuario de labios,

olor de fruta ardiente

río de lenguas profundas…

Te despiertas, te ruborizas,

estás desnuda

tan solo envuelta

en el traje inconsutil de mi poema.

Ev
13

dos mitades nocturnas

de boca al deseo,

dos mitades que alcanzan la orilla de la luna y se entremezclan,

dos mitades hechas de sombras

de manos que se hunden,

de pieles que entraman sus ardores,

de huecos que se llenan,

de vidas que se enroscan y giran

que intentan asir el eter del tiempo,

que se abrazan en un pálido afán

de anclarse en el filo de la nada.

Ev

11

la tarde sin ti

es un siglo de oscurantismo,

un agujero en mi calendario,

un claro silencio

inarmónico entre el murmullo de la vida,

un faltante constante

que entorpece mis manos

y vuelve más pesadas las alas de mi poesía.

La tarde sin ti

es un palmo de vacío

que vagabundea por mi cuarto

un inconquistable hueco

con la forma de tus caderas,

un cubo de lluvia que diluvia a mi lado.

La tarde sin ti

es respirar sin vivir,

cruzar sordo, mudo y ciego las aceras,

consumirse en la espera de un verso que no llega.



Daniela Mendoza

Daniela Mendoza


A mi lobo estepario

Hombre en evolución
Hombre que camina hacia delante
estando atrapado en el atrás

Creando un singular
en masas homogéneas
Buscando calor
en abrazos rotos

Te consumes en la nimiedad
del cigarro
Haces homenaje
a tu hermosa imperfección
que te hace perfecto,
esa imperfección
que me hace adorarte

Hombre en evolución
Lobo estepario
Luchador incansable
en contra de la estupidez humana,
esa maldita, eterna como el universo

Hombre en evolución
Vagabundo de amores
Poeta que escribe sus versos
en los cuerpos de las mujeres
al compás de sus siluetas,
que las ama con palabras
en vez del corazón

Hombre en evolución
Tejedor de alas doradas,
plumas de sueños


Daniela Mendoza

Fotografía: Jennie Mercader

Jennie M35

Daniela Mendoza

.

.

.

Sólo la luna

conoce la razón de mis desvelos,

el por qué de mis insomnios

Sólo ella conoce

mis versos más secretos,

aquellos que al plasmarlos

quemarían el papel

Sólo ella puede ver

la soledad de mi piel en esta hora,

la hora plateada

hora de la inspiración

Hora en que las notas

pierden sentido

entre la boca y la almohada

Sólo ella logra escuchar

el sollozo de mi suspiro,

que se eleva en el eterno beso

de la noche

Quiero alcanzar

esa inalcanzable blancura tersa

que te envuelve,

Quiero compartirte

este fuego que me quema

en una dulce y lenta caricia

Quiero gritarle al viento

que tengo una musa enamorada

Que me visita cada noche,

se desliza por mis sábanas

y susurra a mi oído

los versos más hermosos,

los más secretos,

a esta simple mortal


Pero esta noche no,

Hoy mi piel no está sola

Esta noche mi musa

deja que mi ser se entregue

a los sentidos, sentidos perdidos

Esta noche mi musa, celosa,

deja que el caballero de la sombra

sea quien me guía por el sueño.

Desvanezco,

me envuelve su frio y suave manto

Me hago una con mi musa,

la musa de la hora plateada

musa perdida.


Daniela Mendoza

Fotografía: Jennie Mercader

Pintura hecha por Julio César y Compañía... en el 4o Aniversario de Adict@s

Pintura creada por Julio César Suárez y Compañía... en el 4o Aniversario de Adict@s

Julio César Suaréz Cervantes

Sos una mamada,

un estúpido trueque,

una cochinilla floreada,

con alas -alas de polvo,

de polvo de ti, de ceniza tonta,

pisada, violada -por mi lengua insaciable.


Sos la garantía húmeda,

mojada de carne -de nosotros,

de ti y de mi muriendo -solos,

sentados, ciegos -buscándonos,

en tulipanes, en sombras, en árboles,

en vasos quebrados que no suenan,

no sonamos, hay silencio -sos muda,

sos terca y rebuznas -afuera de mi boca,

adentro de mi sangre, abriéndote en las venas,

sudándome, cortándome los ojos, los dedos,

los pies míos -que te siguen, tontos, cansados.


¡Maldita sea! -te quiero


Sos linda y me hartas, sos bella,

sos la dulce muñeca que llora,

y yo también me derramo,

y me arde quererte, pinche

cielo de tus ojos -caídos

en besos y muslos mordidos

y allá vamos, cada quien,

viendo pájaros -viéndonos

y te alejas más y caminas,

y zumbas -adentro

de mi mano -abierta

-porque no estas allí

¿quién de los dos es culpable?


Sos la estúpida mosca

que se enterró en mi pecho. .

y aleteas, y no sales. . .no sales.


Julio César Suárez Cervantes


Fotografía: Jennie Mercader

Julio César Suárez Cervantes

“[…]En silencio se van llenando el uno al otro.

Cualquier día despiertan, sobre brazos

piensan entonces que lo saben todo.

Se ven desnudos y lo saben todo[…]

Jaime Sabines

Ay poesía de espejo,

oh pájaro de mis días,

es que enserio pensaba que lo sabíamos todo,

nos mirábamos desnudos y lo sabíamos todo,

no había muros, ni cadenas, ni vergüenza,

nos rompíamos en silencios, encarnados

y no había dudas, ni soledades, ni adultos.

Que estupidez pensar a los quince, que

el mundo se come igual que un ombligo

o tan sencillo como un muslo,

que blasfemia tan correcta

aquella de confundir

la rectitud de la razón

con lo firme de una espalda,

igualar el cansancio de la vida

con el sudor de dos cuerpos,

que tontería pensar que los problemas

se toman como dos pechos,

creer que el camino correcto

esta entre los pies descalzos,

que la mujer amada duerme

y uno mira y la vida es eso,

nosotros, solo dos, solos,

escuchándonos la respiración

en el espacio de nuestros labios

cuando se dicen: te quiero, te amo.

Era tan fácil encontrar la libertad

allá en el país de sus ojos; y

la riqueza de sus manos limpias,

bastaba, para callar la pobreza del mundo,

para apagar el fuego y saciar el hambre.

En esos días de bosques sin ropa,

de batallas en cama y treguas llameantes,

todo era posible: la tierra era un gloria,

un pedazo de cielo, la ventana de paisaje

solo era un espejo, el día podía ser noche

y de mañana, siempre había tiempo.

Ay mundo, ay poesía, espejo,

ahora tengo diecinueve y mira,

solo hace falta, un poco,

una boca donde encaje mi lengua

o unos ojos que rompan mi pecho

y la dulce pobre, maldita ceguera

distorsión adolescente, se repite,

así, implacable, como siempre,

entre dos cuerpos.

“[…]yo no lo sé de cierto, pero lo supongo.”

Jaime Sabines.

Julio César Suárez Cervantes

Julio César Suárez Cervantes


Solo porque el día me lo insinúa

trataré de grabar nuestra fábula

sobre la tarde donde tú y yo,

no estamos juntos, estamos

secos, muertos, mojados

de verbos subjuntivos.

Te escribo y me parto,

lluevo con sed sobre ambos,

lluevo con rabia, escribo a pedazos,

a letras y espacios, desaparecemos,

nos borramos, o mas bien,

a ideas y a silencios nos ahogamos,

te quemas, me enflaco en migajas,

migajas somos, lascas, carne-polvo.

Te escribo a detalle y ya no sé

si la tinta es tinta o gotas de alma,

te pronuncio un “te quiero” amarrado

y tus ojos dicen: la hoja es blanca.

Mis ojos, se te caen, cierras mis manos,

mis ganas se te pierden, hace mucho

que te miro entre serpientes y no te toco,

si me aviento tus palabras muerden, cortan.

Te escribo silaba por silaba,

mi sangre te habla, lenta, roja

mis brazos te esperan, vacíos,

como siempre, y tus ojos me roban,

no comprenden, mi corazón

se deletrea, letra a letra

lees y desfragmentas,

se va por ese abismo venenoso,

se resbala por tu lengua, tu boca

esa que nunca besé, nunca.

Mi corazón se abre,

se desbarata en versos,

solo le quedan las manos que no tomas,

los ojos casi cerrados, los frágiles huesos

que se arrastran derrotados, cansados amor,

cansados de ese cuento fantasma, filoso anhelo,

y no hace falta decirlo, pero

el puente de “nada” se engorda

nuestra frontera de abismo

es mas palpable que nosotros,

ya lo sé, lo sabemos

“ espacios vacíos”

nos sobran.

Julio César Suárez Cervantes