La caída de unos labios torcidos se congeló al descender de mis párpados
Escrito por: invitado en Invitados 2012.
La caída de unos labios torcidos se congeló al descender de mis párpados, la marea arrastra el suspiro de las olas, la piel del oceáno se desprende de un vuelo de gaviota, en la cima de un relámpago abre los brazos la lluvia en la que se incendia la madrugada y el gatillo en el que germina el homicidio. Y una sarta de segundos sentían que entraban a un túnel al pasar frente a mi mirada de estatua empolvada, de un horizonte, una piedra y un cristal extraía su éxtasis la punta de un lápiz y un renglón de una galaxia en negativo. Así como la montaña es nombre del paisaje la patria no acaba donde empieza la frontera. Qué angustia ver al día oscurecer en el péndulo de un reloj meciendo el ocaso. La mirada se sostiene atravesando la sustancia del tiempo: La nada. Una multitud llora por perder lo que atesora, sin la posesión amada no les queda nada, ser un río vacío, y yo el último que despierte y contemplar la muerte y el desvelo que inmortaliza un cielo que ya no oscurece, la claridad lo ha dejado cubierto, la nube dejó mi único ojo abierto contemplando el todo muerto, vida olvida el pensamiento que es apenas un sentimiento queriendo ser monumento. Las golondrinas de pie en los cables capturan la voz de las alturas entre sus plumas. Un espejo oscurece bajo su reflejo de un aullido. El lápiz es el único que tiene una voz que se afila.
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Daniel Jiménez


La Twiettera
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