Archivo del Autor

De Alicia Castillo

hay tiempos diferentes
en los cuales se corre, se camina, se observa
también hay tropiezos, resbalones, nublados
donde uno se levanta, se desnubla, sigue adelante

cuando hay ángeles alrededor
para dar una mano, una sonrisa, un estímulo
conformando gran fuerza interior
que surge y afronta el trance

no hay vuelta atrás a mirar lo que se dejó
lo que no funcionó o se descuidó
hay oportunidad de removerlo
tirarlo a un baúl donde se discipará poco a poco

viene entonces una reconciliación consigo mismo
con el entorno, con las fuerzas ocultas
que surgen en estos momentos
y permiten ver de nuevo la luz


Alicia Castillo

De Daniela Mendoza

Tenerte aquí, juntito a mi

entre la sal y el azúcar

Aquí, muy cerca de mí

mientras contemplo

el vaivén de tu cuchara en el café

Contemplo tu perfil,

tu semblante

Y sucumbo,

a la idea de hacerte mío

tiemblo,

al pensar en tomarte así…

como tomas tu café.

Daniela Mendoza

De Daniela Mendoza


Voy cayendo,

de mi columpio caigo

en picada,

a aquel mar de rostros deformes

de aquellos que alguna vez

fueron humanos,

ahora condenados a bailarle a la eternidad.

Voy cayendo,

y aterrizo en un bosque blanquinegro

aterrizo en un rosal

rosas negras, rosas espinadas

cada espina, un sufrimiento en vida

Duelen,

se entierran, se aferran a mi piel

sangra, sangre, roja

el color de la pasión una vez vivida

Corro,

voy corriendo por el bosque sin hojas

persiguiendo a no sé quien

a aquel que  me hizo caer del columpio.

Corro,

me detengo en un claro,

un altar y el… ahí.

Me deslizo hacia el

de una fuerza obligada

con miedo, un miedo dulce

que extrañaba.

El,

de porte imponente,

aterrorizante

y sin rostro

Yo,

sangrando,

las espinas desgarraron mi vestido

de novia.

Las nupcias, los votos

un beso

la sangre y las heridas desaparecen

un beso

del hombre cual rostro nunca veo

un beso

y despierto.


Daniela Mendoza

De Daniela Mendoza

Desde el momento que decido tomarla

presionando su cuerpo contra el mío

como si ella también lo deseara

Desde el momento en que mis brazos

se amoldan a ella,

y ella a mi

Desde el momento en que mis manos

toman su posición

la que ya conocen de memoria

Ellas, impacientes por romper el silencio

¡Cuánto sosiego!

Desde el momento en que todo

comienza a tener forma, sentido,

propósito

Desde el momento en el que

ella y yo nos hacemos una.

Mi corazón zahareño pide

a latidos la primer nota

latidos, que parecen tambores

dandome el compás a seguir.

La observo,

su madera, su brillo, su derredor

y las cuerdas,

dulce sensación de ellas entre mis dedos

al pulsarlas suavemente

y dejándola hablar

Dulces notas salen de su boca

que me envuelven en un manto carmesí

Me transportan,

Me transforman

Y yo,

amando cada segundo

amando cada susurro

amando cada nota.


Daniela Mendoza

De: Adriana Tafoya


Regreso agitada y burbujeante

presionando con los dedos

el cuello

del cristal que envuelve al vino

Regreso redonda y satisfecha

frondosa y perfumada

con las carnes tambaleantes

y envinados mis sabrosos frutos

él dijo:

me molesta tu perfil

de gesto seguro y suficiente

sólo eres una mosca gorda

mosca negra peluchuda

e inflamada

de siniestros pelos

Ruedo por la inmensa cama

Me desprendo de una tela

entallada y descosida

le confirmo

que soy negra y sucia

negra de carne dulce

carbón de azúcar

mosca exótica con vientre acústico

forrado de terciopelo

una cajita pequeña de resonancias

Confirmo que soy negra

y deliciosamente gorda

y que en alguna parte olvidé mi pantaletas

él dijo:

me enoja cuando bebes

arrogante elevas el meñique de tu mano

eres perra añeja

que provoca

carnívoros deseos

dan ganas de hacerte tierra

y cocer un jarrón de tu barro

Sonrío

me acomodo y le reitero

que soy negra y mala

negra de labios gruesos,

que la forma de la hembra madura

se impone

y concentra la elegancia

de lo abundante,

le da poder al cuerpo

que tengo los pezones zarzamora

que estoy desnuda

y se me dibujan grietas

que adornan mis nalgas

con la textura del satín

él dijo:

me haces falta

Adormilada

abro las piernas

que atesoran mi sexo oscuro

inflamados sus pequeños olanes magenta

en esta flor clava su lengua

no me molesto con él

sé que tiene hambre


Adriana Tafoya

http://adrianatafoya.blogspot.com/

De: Andrés Cardo

I

No hay letras para escribir tu epitafio

Ni aunque salgas de la tumba de tu nombre

y reconstruyas el árbol que con hachazos convertiste en leña

nunca las tendrás

este odio a lo único que motiva

es a tirarte debajo de la duela de la cama

a meterte en una caja forrada de tela

clavada en la raíz que se infiltra

en lo profundo de la tierra

Éste odio cobarde no te expulsa

Te esconde y no te deja diluirte efervescente en el aire

Sin embargo aún sin letras

escribo el túnel para expulsarte

para que desmembrado te arrastres

hasta el filo de mis ojos y desciendas

en cascada y te limpie de mi para evitar tragar

esa sal que enferma

Lo único que quiero es un pañuelo

para envolver el libro que me diste el día que abrí los ojos

una pala para enterrarlo

y un árbol mío para destruirlo

II

No hay puerta

Nunca la ha habido

El cuero con el que te amarras los pantalones

Ya está quebrado

Jamás seré un ogro como tú

Padre

Un ogro erizado en el espejo

Con el puño fruncido en una puerta

Abriendo la quebradiza muralla

Del grito en la sien

De la fragmentación ruidosa

De un plato con comida en la pared

Y los lentes Ray Ban

de oro en el piso

y la licuadora en la estufa

y la mayonesa en la ventana

y el vidrio quebrado

el reflejo de la casa

roto en la ventana

raída la imagen

Frontal te encuentro en el odio

en el miedo homosexual

a ti mismo

a tu cuerpo flácido en el baño

bajo el agua hirviente de la regadera

bajo el vapor que te exuda

y te comprime los pulmones

para cerrarte la manos

frustración de loro

mal amaestrado

de gato que perdió

una pata y jamás volvió a ser el mismo

miedo de ser otra bestia

menos doméstica

menos lista

Dices haz números

Calcula cuánto cuesta

Cuánto dinero

Cuánto pudor

Cuánto tiempo

Recoveco en las arrugas de tu madre te escondes

Clown de ella

Le temes a ser lo que eres

Ojos saltones asustado temes la muerte

Te encierras en los seguros ruidosos de la neurastenia

Tú que le gritaste tanto a la mujer que me lleno de sangre el cuerpo

Neurótica,

Tú que nunca has logrado afrontar ni siquiera a tu madre

Prefieres el engaño

El abandono de ti

La lástima que nunca te moverá ni un pelo

Cuándo la lástima lo ha hecho

No tendré lástima de ti

Ni aunque actúes como un pendejo

Y simules que eres un enfermo

Débil mental que todo abandona

Ser resentido hasta con la muerte (que aún ni conoces)

Ser resentido contigo

Oprimido por ti

Retraído por ti

Facilón te has vencido

Derrotado ante ti

Te humillas todos los días

Y te escupes y lames las heridas

Para sentir que arden

Plagiario de ti

Plegado

en tu cuerpo que se expande

para ocupar el espacio que adentro es hueco

Padre

Tormento mustio en melodrama de ópera en réquiem

Nunca escribirás tu banda sonora

Serás en los sueños Bethoveen sordo

Mozart pendenciero

Pero en la vida

Al abrir los ojos

Serás Juan sin apellido

Juan con R de Romero

Romero estrangulado y marchito

Romero sordo

Romero torpe

Romero seco

Serás algo que nunca construiste

Serás el invento

La fantasía trágica

De la madre

La parodia del cadáver

No hay letras para escribir tu epitafio

Porque nunca te atreviste a intentarlo

No te tengo lástima, padre

Aunque la pidas en silencio

Nunca la tendré

Y tampoco nunca

Esperaré que seas algo distinto

Por eso renuncio a ti

Renuncio a la paternidad de tus ideas

Renuncio al Dios padre que tanto amé de niño

y que nunca existió.

III

Dios ha muerto

Dios padre

Has muerto

Y no es ninguna novedad

Sin embargo hay quienes aún

Cenan con tu cadáver en la mesa

Y simulan que estás vivo

Otros que buscan el milagro

Para regresarte a la tierra

A su casa para quererte

Como cuando estabas muerto

Otros que se visten de negro hasta el cuello

Y caminan con el luto de tu vida

Pregonando tu muerte

Yo padre te entrego todas tus pertenencias

Todos tus obsequios

Toda tu música y todas las mentiras

Que hicieron los hombres con tu nombre

Para que descanses en paz

Y ya no vengas a tocar la puerta de mi casa

Porque yo

Ya habré desaparecido

Del lugar en donde la gente

Cree que puede verte

Yo habré olvidado qué es dios

Para en su lugar haber aprendido a decir qué es mito

Qué es poder

Y sobretodo

A sentir qué es miedo

Ahora la muerte parece más clara

y me abre los ojos

y no busco letras para escribir tu epitafio

porque ni siquiera un nombre te daré por tumba.

ANDRÉS CARDO

http://andrescardo.blogspot.com/

Dejo de saber para ser aprendido no conociendo el recurso que pueda urgar mi atención. Moriré tan sabio como delgado sin conocer hambruna alguna. No podré comer la gentileza de la mujer si no cocina el espasmo del encanto. Sin belleza no hay poesía, sin poesía no hay mujer bella, sin mujer bella nos queda un poeta inservible. Estoy en la sombra por que ahí se hace el frío, en el terreno del sol está la claridad de mi rostro avergonzado, un rostro avergonzado es el espectáculo de no se cuantas gentes. Congestionado vivo los años, años de un pagano, universo pagano de un dios que no cree en nosotros, un dios que manosea la debilidad ajena.


No podría ser mejor un paisaje que no se mueve, unos ojos en coma. La opacidad del día lleva lágrima al infinito, el pozo del cielo llueve cuerdas con nudo ajustable para voluntarios. La vejez correcta; encerrarse en el baño a leer un libro y llorar mirando una fotografía en el espejo. El mar son piedras, gotas esporádicas que llueven al revés que se llevan las sonrisas del alma.


Se está arriba o abajo. Arriba o abajo comen todos por igual, pero no se digiere lentamente donde los alimentos son arrojados al azar del viento. Mueres de hambre o senil, la muerte es la misma en todos los ojos. Vienes al mundo y te envenenas con el fruto de tu árbol genealógico, te vas y cae una manzana, caigas o no, procura no tocar el suelo de aquel que cuenta las estrellas, mejor devora a la serpiente de un solo idioma, enciende el paraíso que no habrá poesía para esa mujer de tres letras, ven , siéntate conmigo aquí en el mismísimo infierno donde yo te comprendo…

VICTOR HUGO DORANTES RODRÍGUEZ

Con tanto frío que se apagan hasta las luciérnagas.
Tanto frío que no puedo dormir fuera de mi.
Tanto frío que no puedo salir a ver morir a los indigentes.
Tanto frío que los pulmones no dejan ni hablar a los abrazos.
Tanto frío que llueven pedazos de nube.
Tanto frío que las rendijas se abrazan.
Tanto frío que el odio y el amor duermen juntos en mi cama.
Tanto frío que el fuego se dibuja pálido.
El aroma congelante viene a incapacitar el paisaje, dentro de las calles blancas los paraguas cubren el sol desaparecido. Diminuta briza acariciando los abrigos, ventanas que atraviesan la canícula, la señora de la florería abrazada a su chal, flores odiando ser deseadas en días tan colerantes. Calles que duermen temprano son calles que parecen dormir de día también.
Tan fatalista la gente de por aquí, de por allá, maldiciendo al día. Hoy es día de café, mañana será día de café y de aburrición, pasado mañana será día de café de aburrición y de películas. El periódico no pierde rastro, asustando personas sin perder el hilo. Monopolio de la gripa, farmacias vendiendo la gesta. El buenos días escondido por ahí arrastrando su mal ingrediente. Tanto frío que el buenas noches se torna galante…

VICTOR HUGO DORANTES RODRÍGUEZ


El último en dormir; veo amanecer el pasado antier. Un retraso de garganta. Tengo visiones en la córnea derecha, la cortina del sueño enciende su crepúsculo.

El último en ahogar las paredes. Atipujo las silabas que ya no caben en mi mente en la boca del muro. Un escritor que no muere de hambre, si no de indigestión por el feto encajonado en el cráneo. Pisadas de araña para escribir versos sin idioma. Crecí una montaña para ver más allá de mi corral.

El último verbo en albergar un cuerpo, vivir la ciudad hasta su devastación, amamantar los escotes. Poeta sin época, mi sueño sin pulso, compasión de vena saltada, teoría del caos y trecientassesentaycinco mariposas aleteando en la palma de mi mano.

El último en esperar que el universo condene, el último matusalén.

El último en ver apagadas luces, peste blanca, siete trompetas de fantasía, un cuento antes de roma, un hombre bueno hace tres cristos…

Yo el último. El último invitado del silencio…

VICTOR HUGO DORANTES RODRÍGUEZ

De: Mario R. Aguilar V.

Plaudit to these white clouds,

to this magick

so wondrous to perceive…

A sunny day in London?

Metal floats on the pond of present,

voices from my sorry past

are now water under the bridge.

Up here, behold existence from up here!

A bright message I choose to convey

on principle, this I emphatically state,

holding thou firmly through this foray

always willing to uphold thy soaring and,

most of all,

vividly gate-crashing into thy quintessence.

The binding of this book feels fragile today.

Your verdant hourglass rests on the shelf of life

don’t walk away.

Enter that red booth inside your chest

and ring me.

Mario R. Aguilar V.