Pensé, como al amanecer en sueño lánguido
hasta las estrellas futuras,
deseando perdidamente
descender
hasta el fondo del amor
como cuando con tal vehemencia el viento
venia del mar y sus sones
rompían
el silencio de la noche.
Y espero llegar a donde habite el olvido
donde el deseo no exista
donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia
allá, allá lejos,
donde habite el olvido.
Archivo del AutorHabrá flores que te recuerden, palabras, cielos Tu cuerpo y el lazo de seda que conduce |
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La Twiettera
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