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CARNALES

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 Un tropel de caballos plateados

fluye por mi sangre

¿serán los años?

el sonido de sus  cascos

el recuerdo

la voz de mis hermanos

que acompaña mi silencio

¿quién es quién?

 

La estampida continúa

caballos veloces

decididos

a no llegar

a parte alguna.

 

Son hermosos

 

Me quedo atrás

contemplándolos

en silencio.

 

M M M.

7 de Enero del 2010



 

                Para Mina, sirena de mis mares.

 

No era el mar

pero sabíamos a mar

olíamos a mar

sentíamos el mar.

 

El suave ritmo de las olas

la brisa salina

el sol cayendo en nuestra espalda

cuerpos empeñados

en el vaivén marino.

 

Quédate —dije—

mientras buceaba en tus profundidades

y tú

tú humedecías mi boca

con el sabor de las algas marinas.

 

¡Ah! no era el mar

pero sabíamos a mar

olíamos a mar…

 

Los hipocampos flotaban

lánguidos

tras la incontenible arremetida

del oleaje imaginario

(torrente de sal).

 

Quédate conmigo

hagamos el amor

antes que el tsunami nos arrastre.

 

5⁄12⁄09

Manuel Martínez Morales

De: Manuel Martínez Morales

Hice amistad

con un gato

enamorado de tí,

clandestinamente,

como yo.


Cegados por la luz

de las máquinas nocturnas

buscamos refugio en el amor

que amable nos prodigas

bajo la incierta ley

de un cielo perspicaz.


¡Ay de nuestros afanes!

 

Ese gato negro

y yo

unidos estaremos

por nudos tan fuertes

que tu amor hubo de atar.


Le pedí

que me aguardara

para ser mi compañía

en el camino al Mictlán.


Su espíritu felino

me abriga

protector.


Amigo leal

por siempre

de almas vagabundas

como la que hoy

entrego a tí

sin condición ni remilgo,

sin un suspiro

¡Ay!

que lo atestigüe.


No temas por nosotros

amor mío

por siempre habitaremos

en tu sueño triste

y tu vigilia azul,

en espera paciente

de cualquier caricia

dejada en nuestra piel

como al azar.


No temas por él

o por mí

almas gemelas somos

en tránsito fugaz

hacia la luz ondulatoria

de la luna decimal.


Cuando el te mira

te miro yo

cuando a él hablas

me hablas a mí,

entre los tres tejeremos

la urdimbre del destino

más allá de las estrellas

de brillos de neón,

donde expira

el estremecimiento

de una noche de amor.

¡Miau!

M.M.M.

29/06/09

¡Hey nena,

enciende esa mirada

abre tu radiotelescopio

y dejame enchufarme

para sintonizar

el ritmo musical

de las estrellas.

 

 

 

Manuel Martínez M.

Eres el espejismo

que alivia y engaña,

tus manos señalan

la fuente del oasis

inalcanzable.

 

Por la noche

en el ahogo del desierto frío

tus ojos son

Cástor y Pólux

indicando el camino

inexistente.

 

Tu risa

es el hilo de Ariadna

guiándome por el laberinto

indescifrable.

 

Tu cuerpo es el mapa

del conocimiento completo,

la guía de oro

hacia esa realidad

irresistible.

 

Manuel Martínez M.


Perderme otra vez

en la música del número

en la suave curva

del número cinco

inmerso en el misterio

de las fórmulas diofantínas.

 

Otra vez

despierto al mundo

de signos y proposiciones,

despierto al brillo reluciente

del cosmos lógico.

 

No pregunten por mí

digan que me extravié

en el melancólico blues

del algoritmo intrascendente

en pos de alguna verdad

por humilde que fuese.

 

¡Ah! ese blues interminable…

Esta suave tristeza

bajando de la nube decimal.

 

Y en el fondo

el estremecedor axioma

que, absurdamente,

pretende dar sustento al mundo.

 

Manuel Martínez

2008-09-12

11:30

 

 

 

 

 Por Manuel Martínez Morales

 

Yo, fulano del click, zutano del bit, autonombrado nieto de los surrealistas e hijo de los estridentistas  y otros mamistas, en pleno desuso de mis facultades quiméricas, harto del pensamiento mecánico, alzo mi signo pentafónico para declararme inadherente a los postulados de la física clásica y toda su enveneda descendencia. Por ello rindo culto a la mecánica del absurdo y me conformo con el préstamo de alguna inteligencia, aunque sea artificial, porque la natural se fue ya por el caño de la esquizofrenia neoliberal. Alabados sean los apóstoles del sinsentido y de las catedrales numéricas: mi querido Wittgenstein, mi incomprendido Goedel, olvidado Leibniz. Es hora de que se levanten de sus tumbas y procedan a desentrañar la miserias del capitalismo.

            Ladren perros, al estilo de Liszt Arzubide y expriman su vesícula sobre los versos rosas del conde de Lautremont. Alienten su pereza con las huevonerías de Luis Cardoza. Alúmbrense ciegos con la verborrea de Maples Arce y envenen sus sueños con mole de guajolote, charlen con la silla que hace llorar a los ateos, hártense de helado de pistache, blasfemen contra la puta de Babilonia pero no se crean del surrealista que llora. El que no llora, no mames güey.

 

Si no fuera por mi musa,

me orinaría

en las esquinas de los estropajos.

 

No hagas caso

de los ángeles

con credenciales lívidas.

 

Abre la puerta

a las ofertas

de dos nalga

por el precio de tres.

 

La electricidad

es algo incomprensible

sin el azoro

del proton madre

y padre del universo.

 

Vámonos Manuel,

corre que se hace tarde,

ya vienen las motocicletas

con las musas

tras nosotros.

 

            Acaríciale el culo  al protométodo y enférmate de letras libres, pero no vengas a llorar al pie de los arbotantes vengativos. Sigue embobado con el genoma humano, pero no olvides aquellos ojos que te liberaron del cristal entumecido de la melancolía. Rescata al amor de los circuitos pútridos de las máquinas pensantes y ábrele paso al poema entre los microchips del terror imperialista pero, por favor, nada de sótanas fétidas. A lo mejor ahora te alcanza el billete intelectual para entrar a algún paraíso artificial, sucedáneo de la vida y la muerte terrenales.

            Hay izquierda y derecha en el cosmos, como que me llamo Manuel y me encontré con el ángel caído vendiendo baratijas por la calle. Transgredamos el semáforo de la cordura para reirnos a morir en el desatino de la vida. Y si no me lo crees, pendejo, peor para tí, expúlsate del paraíso del anonimato y déclarate en huelga de signos; deja de interpretar al flautista y mejor trágate una rata antes de que el sol se ponga en tus demonios.

 

Vamos Manuel

se hace tarde,

apresúrate

antes de que te pierdas

en un triste blues

sin final.

 

Mándenme a la chingada pero en abonos, por favor, para no sentir el madrazo tan “Kool-aid”.

 

Publicado el domingo  23 de Septiembre del 2007 en el suplemento Laberinto del Periódico Milenio Portal (Veracuz, México) 

Vengo a verter
aquí,
en este espacio
tan triste
como un cerro
sin tormentas,
mis números.

Vine a tender
aquí,
en este plano
blanquecino,
la letra muda
de la canción
que me parió
en la entraña abstracta
de un cometa.

Aquí
con el sudor
de mi alquimia,
en signos inocentes
ebrio de tarde
borracho de andar,
vengo a tirar
la suerte
en el calor de la tinta.

He ido
y he venido
buscando el son
que acompañe
mi canción siniestra
con la rima
del vuelo
de los halcones de caza.

Sólo me asusta
la noche,
de lo inombrable
he salido ileso
más amante
que amado,
descifrando con lujuria
las ecuaciones
de la luna decimal.

Aquí
con fórmulas
color de miel
exhibiré
el secreto
del átomo primordial
contemplando sin ver
los vaivenes
del poema negro.

Sin quererlo
sin voluntad alguna
en la cuadrícula del mal
dibujaré
al revés
la flor de la esperanza.

Aquí,
en esta patria
menos grande
que un caballo,
verteré la sombra
para ahogar la risa,
hundiré la palabra
en la blancura ardiente
para atrapar un amor
más pequeño
que una hormiga.

Abrazaré
la tinta infame
escurriendo
de la huella incandescendente
de un cometa.
Escribiré con ella
algunas cosas
en las que nunca
he pensado.

Sólo digo
que lo haré…

Cuando
las parvadas de loros
no lleguen màs
al árbol de mi calle
será la hora
de pintar con cal
los muros de tinta.

Si las parvadas de loros
fuesen capturadas
por la garra siniestra
sería la hora
de confiscar
las màscaras
y esparcir el ántrax
por las praderas de California.

Cuando las parvadas de loros
no me recuerden tu nombre
y enmudezcan
en las orillas del tròpico
será el tiempo
de abordar los trenes
con pensamientos lúgubres.

Cuando las parvadas de loros
dejen de provocar mi tristeza
por la escasez de tiempo
y no me sacuda más
el ruido de sus verdes cascabeles
será el momento
de dejar los zapatos
al pie de la escalera
e ir en busca
de las alas prometidas…

El dìa que esas parvadas
de loros
alegres como la primavera
dejen de incrustar
su escándalo
en mi cielo vespertino
se anulará el deseo
tejido en mis camisas rotas.