Por Manuel Martínez Morales
Yo, fulano del click, zutano del bit, autonombrado nieto de los surrealistas e hijo de los estridentistas y otros mamistas, en pleno desuso de mis facultades quiméricas, harto del pensamiento mecánico, alzo mi signo pentafónico para declararme inadherente a los postulados de la física clásica y toda su enveneda descendencia. Por ello rindo culto a la mecánica del absurdo y me conformo con el préstamo de alguna inteligencia, aunque sea artificial, porque la natural se fue ya por el caño de la esquizofrenia neoliberal. Alabados sean los apóstoles del sinsentido y de las catedrales numéricas: mi querido Wittgenstein, mi incomprendido Goedel, olvidado Leibniz. Es hora de que se levanten de sus tumbas y procedan a desentrañar la miserias del capitalismo.
Ladren perros, al estilo de Liszt Arzubide y expriman su vesícula sobre los versos rosas del conde de Lautremont. Alienten su pereza con las huevonerías de Luis Cardoza. Alúmbrense ciegos con la verborrea de Maples Arce y envenen sus sueños con mole de guajolote, charlen con la silla que hace llorar a los ateos, hártense de helado de pistache, blasfemen contra la puta de Babilonia pero no se crean del surrealista que llora. El que no llora, no mames güey.
Si no fuera por mi musa,
me orinaría
en las esquinas de los estropajos.
No hagas caso
de los ángeles
con credenciales lívidas.
Abre la puerta
a las ofertas
de dos nalga
por el precio de tres.
La electricidad
es algo incomprensible
sin el azoro
del proton madre
y padre del universo.
Vámonos Manuel,
corre que se hace tarde,
ya vienen las motocicletas
con las musas
tras nosotros.
Acaríciale el culo al protométodo y enférmate de letras libres, pero no vengas a llorar al pie de los arbotantes vengativos. Sigue embobado con el genoma humano, pero no olvides aquellos ojos que te liberaron del cristal entumecido de la melancolía. Rescata al amor de los circuitos pútridos de las máquinas pensantes y ábrele paso al poema entre los microchips del terror imperialista pero, por favor, nada de sótanas fétidas. A lo mejor ahora te alcanza el billete intelectual para entrar a algún paraíso artificial, sucedáneo de la vida y la muerte terrenales.
Hay izquierda y derecha en el cosmos, como que me llamo Manuel y me encontré con el ángel caído vendiendo baratijas por la calle. Transgredamos el semáforo de la cordura para reirnos a morir en el desatino de la vida. Y si no me lo crees, pendejo, peor para tí, expúlsate del paraíso del anonimato y déclarate en huelga de signos; deja de interpretar al flautista y mejor trágate una rata antes de que el sol se ponga en tus demonios.
Vamos Manuel
se hace tarde,
apresúrate
antes de que te pierdas
en un triste blues
sin final.
Mándenme a la chingada pero en abonos, por favor, para no sentir el madrazo tan “Kool-aid”.
Publicado el domingo 23 de Septiembre del 2007 en el suplemento Laberinto del Periódico Milenio Portal (Veracuz, México)