Para Manuel Martínez Morales
Bajo la sombra de la visera
las cebollas lucen su elevado precio
tanto como las alineadas verduras
que a la vista pasan,
no hay nada que me asombre
del universo del supermercado
en esta panorámica demanda.
Bajo la gorra reviven las ideas
que de niña me animaban,
ahora ando sobre mecánicas piernas
ahora solo me regalan fatalidades
ahora no hay manera de ahorrar
ni de cambiar cuentas de olvido
por incitantes recuerdos.
Desde mi visera se dibuja la diferencia
no percibo el poema que me ronda
ni los versos que surcan el camino
la gorra mi perspectiva cambia y resiste.
Mi gorra negra lleva gusto
de ir, sobre mi cabeza dañada
por corrientes de modernidad
que atropellan la inspiración,
para reivindicar a las frutas y verduras
a las carnes y mariscos o a la patria
—si así me place—
con versos subversivos de precios y calamidades,
pañuelos, zapatos, camisas o banderas
que renuncian a la miseria de la humanidad.
Podrías comprarte una gorra negra
tan negra como la mía,
que disminuya con su visera el deslumbramiento
del mundo comercial,
pero lo que no encontrarás en el supermercado
ni en ningún escaparate, por más cochino dinero que tengas,
son ofertas de dignidad, porque la dignidad ni se compra ni se vende,
la dignidad es el vestido más hermoso que se ha puesto el pueblo
cuando le han llenado de piedras el zapato.
Bajo la sombra de la visera de mi gorra negra
veo en la ciudad
calles y rincones anémicos,
personas y animales callejeros anémicos,
muertos de frío y de miedo,
con hambre y muerte en el estómago,
pero gozosos de sus espléndidas plazas comerciales,
devastadoras del mísero ánimo que queda
en el arruinado epicentro de sus bolsillos
por el costoso espectáculo
de oler mirar
oír y reír
mientras el corazón
quiere dar a luz
su rota niñez de barrio
de monte
de cielo
dibujando con lápices romos
en un cuaderno de aprendiz de nube
donde agonizan peces de colores
y pájaros, gatos y perros
yacen entre las ruedas de los autos
manchando el rígido pavimento
de la maldita ciudad contemporánea.
Bajo la manifiesta mirada de mi gorra
la tortilla tiene olor a petate de muerto
salidas de la máquina que las regurgita
como masa disecada en aparador
para las multitudes de ovejas taciturnas
que se friegan todos los días
de todas la semanas
de todos los meses
de todos los años
en el vaivén de la triste angustia
en este fragmento de historia
donde transita la esperanza
como esbozo para los pobres creyentes
que piensan, como yo, en la libertad
de mirar bajo la visera de una gorra negra.
Mirna V. Viveros
Agosto 25 del 2009
La Twiettera
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