Rafael Ramírez
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No hago si no dar vuelta a la cuerda del reloj,
ahora que sigue cuerda,
menos mal que existe el desvarío.
Me sé semi-dios,
acaso enfermizo,
tal vez enferma con la edad el corazón.
Que no te muerda la cordura,
ni te inflamen los bolsillos el porvenir.
Que no te detengan las jaquecas,
ni te enfade este lento andar de mis fracasos,
que a mi vera,
estos dedos inquietos juegan a desenredar
el telar de las hermanas del destino.
Querida, no sé si lo sabes o acaso lo imaginas,
pero es imposible descubrir la tierra prometida
que en su hora no descubrimos.
¡Vamos!
No le niegues a nadie que sé de salvar al mundo,
que sé de romper cristales,
y de hincarme para mamar.
Que sé de ese existir de colores en su orden natural,
y sé que saben
y me saben
mártir de tu olvido a flor de manantial.
Que saben del alcohol del medio día,
de los ojos del revés,
que si no me quieres está bien.
Que hay pintura escurriendo en la pared,
donde me sabes muerto
cada vez que te has muerto,
sin ganas de comer.
Cómo te salvo,
di,
o cómo me salvas de este maldecir,
si tengo ganas,
tantas ganas de morir
y perder la razón
cazando moscas para ti,
cómo te salvo de este desvivir si el espejo es mentira.
Y son tantos…
tantos que voy perdiendo la cordura
ahora que está dura la roca angular,
Y se me antojan mentiras y dardos que lanzar…
Y tengo ganas…
Ganas de matar
y maldecir la ventana donde asoma el sol por verte sonreír.
Rafael Ramírez

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