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He dejaó la  marca de mis patas

en cada suspiro que suspira,

en cada sueño que sueña,

en cada lucero que luce tal que vela marchita.

Como onda de agua

que con tacto fino acaricia

el pétalo de las pupilas.

 

Pon tu mano en este tronco de pensar,

que de pensar tanto ya no piensa,

que de soñar en exceso ya te añora

en el infierno de la lujuria

do anidan las ratas y los cuervos.

 

Rompe, ¡hay! las cadenas de mi instinto,

huesos de mis huesos, voz de mis silencios

que de tanto querer voy queriendo

dar placebos a los mendigos

y migas a los enfermos.

            Como hilo del Nílo

            crisol, amén de niños,

            azar del fracaso.

 

Sangra oasis del destino que,

no dispongo de horas como Palas,

más he de cavar al aire

la tumba de mi pluma.

 

Llora la muerte sobre mi hombro

en el destierro, nadie el ama,

ponte a cantar, el infierno ya es sólo humo,

el infierno ya es sólo humo,

nuestro infierno, ya es uno, sólo humo… y uno.

¡qué nos toca respirar!


Rafael Ramírez

 

 

            I

La rama duerme en el estanque.

Inquietud.

Arrullo de pez.

 

            II

Rueda que rueda

Las hojas, las piedras.

Desfile de nubes.

 

 Rafael Ramírez

 

            I

¿Por qué se sonrojan las nubes?

¿Quien dejó escapar al arco iris del frasco de lluvia?

           

            II

Gusanito medidor: ¿Cuánto mide el mundo?

 

            III

¿Qué distancia hay de las alas a la oruga?

 

            IV

¿Cuánta distancia recorre un poema?

 

            V

¿Tiene fin el alfabeto?

 

            VI

¿Quién puede decirme cuál es el correo electrónico de los planetas?

 

Rafael Ramírez

 


 

Las nubes son lo mejor de lo mejor en las jugueterías de los sueños.

Y lo que es mucho mejor.

No requieren baterías.

 

Rafael Ramírez…

 

Si estas conmigo aunque este roto
me siento vivo!
me siento vivo…

…de una canción de   Manuel Carrasco.

 

Sucede que las cosas que pretendo son tantas, tan pocas, siquiera quisiera quererlas…

Callaron las estrellas, muertas, en el extraño miedo, en las más de mil bocas que se besan.

Luego, las boas traviesas nos enredan en mil complejos, sobremanera, ya nada nos acopla, y cala el miedo, las sonrisas, el recelo de no pertenecer al hogar de tus brazos, ni de cerca ni de lejos…

 

Todo cambia:

de ritmo, de nido, de alergias de uno mismo…

de campanas los campanarios, de Islas Canarias los canarios,

por que todo cae al unísono, por que la saliva no es sana:

¿Porqué las orugas mueren de frío?

¿Porqué las arrugas mueren de ganas?

 

Sucede que me embriaga la nostalgia, ahora que te busco sin buscarte, que te encuentro en los recuerdos…

Se agotan las botellas, no estoy ebrio, ¿me quieres? Sobra espacio en esta sombra, víveres en la cocina, sobra y sobra… tantas cosas sobran entre la distancia.

 

-Padeces del mal de las aguas, de esas que mueren sin peces- la almohada  dice las cosas que no se deben decir a mi persona.

 

Todo cambia:

otros brazos te abrazan, un camaleón te ama de mil formas… no tengo remedio, vos de psicoanalista. Mi corazón… empeñado en resolver  crucigramas.

Sucede que la melodía se agota, ¿en la bitácora? Ah, por supuesto… Saben cuanto desafinan las cigarras… Ensoñaciones, noviazgos de borrador en la papeleta, algo más, el calendario: hola chica, cómo estás, mi corazón sangra, tienes rotas las alas.

-Querellas pasajeras- murmulla la conciencia, piedras en camino, cuervos en la despensa, canciones de una y otra y otra vez… preservativos que se añejan.

 

Todo cambia:

de postura las escaleras, de amantes las amadas, de rosa las panteras, del rosa de los putos cuentos las hadas, de moralejas la fauna y semejantes pendejadas.  

Sucede que en sucios instantes me dan ganas, ganas de matar, ganas de arrancarte la falda, de hacerte mía, ganas de cortar la lengua que te ama, de gritar “la maté por que era mía” y tirar la toalla.

 

Todo cambia:

cambia cuando pido que te vayas, cuando arrojas tus labios a mis labios, cuando mis manos son las que te ultrajan, Magdalena, en vez de amor hacemos las lágrimas…

Sucede que perdemos el hilo a nuestra historia… el mar se adueña de nuestras crónicas, no sabemos ya si son nuestras, o de otros nuestras las desgracias. Sigues allí, en la rueca, clavando esperanzas cual mariposas, desenredando esta telaraña… y me pasa que te quiero como puntos suspensivos, como fe de erratas.

 

Kenjiro Ramírez…

De: Rafael Ramírez

 

I

Mencioné que el corazón es, por mucho, una bala perdida.

Que mi hogar no es mi hogar.

Que quiero obtener poder sobre los perros.

Que mis ojos no son del color de la noche, tal vez una imitación de barro que tiene miedo:

 a descubrir la bestia que llevo dentro

No sé si lo sabes ya pero yo…

Tengo tanto miedo saberlo.

 

            II

He dicho mil veces que te quiero…

la cortina de humo que desprende tu féretro

tiende a calarme como una estaca en el pecho.

 

Con temblor de lágrimas me confieso…

Porque soy un niño. Sí, un niño enfermo.

 -y sigues allí, sin respirar, sin hacer nada, sin mover un simple dedo…-

¿Acaso tienes miedo como yo?

O

¿Es que como yo tienes miedo de saberlo?

El miedo no es tan malo sabes,  éste tiene un punto débil:

Es un alacrán que se inyecta su aguijón

cuando se ve rodeado por el fuego.

No sé si lo sabes ya pero…

Tengo tanto miedo de saberlo.

 

III

La vida es el licor de todos los licores del universo…

Tal vez por ello,

cuando contemplamos las estrellas,

nos embriagamos sin saberlo.

Suponiendo que tus labios contienen arsénico

y tu guadaña la fragancia del misterio,

no tengo reparo en beber si esto significa descubrir

que tu ausencia huele a jazmín,

hasta que el sol marchite a boca jarro tus senos.

No me maldigas por ser mal momento.

Maldíceme si quieres porque mi piel

está hecha de los temores de niño.

Sí, de niño enfermo, no sé si lo sabes ya, pero;

maldíceme si quieres porque tengo miedo…

yo mismo tengo miedo de saberlo.

 

            IV

En soledad absoluta aparearme con la muerte,

conquistarla con huesos fortificados con lo mejor del calcio

a falta de mejor señuelo.

Porque mi cuerpo es de barro,

mi garganta de pájaro,

mi alma de cigarra –tan de cigarra–

y mi corazón de silencios –tan lleno de silencios–

y cantar al infierno la canción de todos los infiernos

porque “grillo que no canta, algo tiene en la garganta”

Y es triste, realmente es muy triste decirlo.

No sé si lo sabes ya, pero sigo con mis temores de niño, y de perro.

Por ello tengo miedo… tengo miedo de saberlo.

 

            V

La bola de cristal dejó de ser confiable

y mis sueños tomaron su propio vuelo…

y el amor se llenó de angustiosas muertes

cuando los peces despavoridos, uno a uno, fueron huyendo…

 

El sol nos restregó groseramente su luz en la cara.

Dejándonos a algunos mendigos,

a otros sordos,

a un puñado más:

sordos y ciegos de la pulcra soledad que poseemos.

Pero mis pies se negaron a hacer su función

dentro del sinuoso día que nos acechaba con furia

confundiéndonos.

No sé si lo sabes ya, pero tengo miedo.

Yo mismo, tengo miedo de saberlo.

 

            VI

Cuentan que de un tiempo a la fecha

el susurro es el mejor de los amantes

y el elíxir de nuestros sexos, de a poco se fue consumiendo.

 

No sé si lo sabes ya,

pero albergo en mi cara la cara de la muerte.

Los ojos de un muerto

Y de animal el miedo…

un atroz miedo de que al abrir la boca

se salga el demonio que guarda mi cuerpo…

tal vez desconozcas este miedo animal de niño,

sí, de niño enfermo.

No sé si lo sabes ya pero,

tengo un miedo animal de saberlo.

 

            VII

“Si existen luciérnagas,

qué importa que no haya electricidad en mi tumba”

Algunas veces me falla el corazón,

otras el alma…

para cuando me percato de mi existencia

descubro que todo yo termino fallando.

En el vientre de mi madre me encontré

con el cordón umbilical enroscado al cuello…

desconozco si fue obra de la casualidad

haber nacido

medio vivo o medio muerto.

Y si me aferro a tus plantas, será que soy un niño. Sí, un niño enfermo cuya forma de vivir es una canción, que su realidad está plagada de sueños…

No sé si lo sabes ya, pero tengo miedo… yo mismo tengo miedo de saberlo.

 

VIII

Preparo un café ahora que estoy solo.

Son las seis de la tarde-noche y estoy solo.

No me he asomado a la ventana

ni he abierto las cortinas que dan a la calle

por temor a todos…

y en mi absurda soledad descubro que

estoy paranoico.

Aún así podría asomarme

y descubrirte entre tantas personas y fotos

pero yo, soy muy niño, para acabar estoy enfermo y loco y… solo.

Y estoy solo y enfermo y cobarde y paranoico.

No sé si lo sabes ya pero,

tengo miedo de saber que soy más que paranoico de todos modos…

Rafael Ramírez

 

 

De: Kenjiro Ramírez & Kike Nieto.

 

 

Susurran las hojas, los ojos, los miedos

Tan acorde a mis parecidas sombras

En llantos sombríos, sobrios, acaso fríos

Solos, acaso concurridos, como la cerveza

Sin más ni más, ni menos, sin nidos.

 

Escribir con miedo, un nombre fatuo

En fatuos fuegos, en cielos fatuos

Y no sé cómo dejar de pensar en tu cuello

En un sinfín de llamaradas y llantos cuerdos.

 

Hueco de sentido,  sinsentido hueco

¿Quién diablos vino primero? ¿El dinosaurio o el huevo?

Qué importa, maestro Rafa, ¡qué importa!

…y miras con desdén al espejo de las dudas

Argumentando que no expondrás cada uno de tus males

…más pierde cuidado, el mal mayor es la adicción que puede soportar el cáncer de besos

 

 

Kenjiro Ramíez & Kike Nieto.

28/07/09

9:28pm

 

* “quebrantahuesos”

 

 


 

Háblame del Senegal… de la alegría en el 2002, de la sangre de ingerir, de los pies que desconozco, de la hambruna asoladora, del desbastador abril de lesa humanidad.

Háblame del Senegal… del que desconocen mis ojos y del que no llegan ni murmullos a los oídos…

…estamos perdidos en algo realmente fantasmagórico… dicen que hay pestes, que Irak convulsiona minuto a minuto

–dicen que Israel no soporta a sus congéneres, hay quienes creen que descendemos del mono.

 

Doúts está a vuestro lado, está él y están los otros, en alguna orilla de otro charco, donde pocos compartimos el orfanato de los sin común sentido, y no sé que mundo muere dentro de nosotros.

-ya lo vez, los dioses que creamos para consuelo hace rato que han marchado.

 

No me explico porqué Gaza está agonizando…

Hay revoluciones que no llegan a nada, evoluciones a destiempo y nada cambia… alguien dijo con mucha razón que tristemente no se sabe de ese soneto que gane revoluciones.

 

Di si en Senegal también son demasiados como según me hace ver mi cómputo.

…di porqué llevas tu rostro a las manos.

Cierto día querías acabar con la orfandad del mundo llevando a tu casa cierta niña y hoy, ante eminente golpe de realidad, todos lloramos.    

 

Muere uno o dos o tres millares de seres, enseguida nacen otros a dos pies, a dos manos, no es posible controlar esto.

Falta madera en verdad querido Vicente, el mundo es  una sombra que no llega a tanto… y sobre nosotros cae el diluvio de la desesperanza y el fracaso.

 

Tú lloras, en España lloran por diversas causas, en Senegal un distinto dolor los embarga, Covadonga llora a vuestro lado y no existe nada en el mundo que borre tanto llanto como tampoco sirven estas palabras para algo.

 

Háblame del Senegal… y de las maravillas del África. De cómo fue que se expandió el germen de la tristeza en vuestras casas. Oscurecen cada noche mis ojos cuando las estrellas se desgajan y no hay forma de parar todo esto.

Mal que bien escribo por berrinche, exprimiendo las entrañas y no sé cuantos rostros se estrellan en un muro ni cuantas manos tejen los hilos de cada destino.

Tal vez estamos envejeciendo compartiendo parejas con la vida, al punto que morir hoy en día nos cuesta tanto.

 

…pastar cabras por un palto de alubias, sembrar amores con pies descalzos, resolver enigmas, diagramas, encontrar perímetros palmo a palmo, ser amigos y otros afanes era tan grato. Al unísono el mundo nos clava estridente puñalada en el alma llenando en desgracia las cosas que amamos.

 

Di de donde sacan fuerzas en el África.

En qué corazón caben estas manos y tus manos y las manos de todos…

Mira Vicente… no te enfade mi tono, pero ¿requerimos acaso un manual para seguir con nuestros sueños? Pienso que no. En todo caso, el mundo nos queda pequeño… a la inversa resulta difícil imaginarlo.

 

Quizás debemos acuñar palabras, matices, estructuras y cabañas, sobra decir que de elocuente gama de cristales para armar vitrales en prosa o en edificios sobre el alma y similares miserias, ya sabes, el corazón es un mal negocio, editar cinco o mil libros a no sé cuantos pesos y así pagar la factura de los años… suele asomarse una musa de pupilas secas, hace años inicié el boceto de cierta casa-puente más es algo que no sé como terminarlo. Los sueños germinan, algunos alcanzan sus ramitas, unos más sus miradas y los planos siguen allí… acompañando al polvo de mis pasos.

 

 Rafael Ramírez


 

… y se hace el ruido de la hierba entre nosotros

impostergable,

como acuse de recibo,

y no sé de qué forma he de vestir de madera tu nombre

cronoscopios,

añejos afanes,

souvenir,

habitando donde habitas tú

un hechizo de mar€

y el amargo sabor en la boca

 

qué quieres que diga?

no puedo cantar

y la sirena que alquilé ama tan mal

 

aprendiendo del amor de alfiler

clavado en el cartón de tus ojos

 

complejo gatuno

te encuentro más hermosa si sólo te observo

 

un castillo de enzimas corroe en lo distante

a destiempo

a falta de sesos  

al lado de un río

labrando porvenires que no son nuestros

 

temo tanto estar muerto

jugando con tu falda

…temo tanto estar muerto

 

hay hojas que se suceden como bocas

cazadoras de brazos de viento

en otoños sesgados

 

indispensable pensar

en las rachas endiabladas de caricias

simple,

tan simple como eso…

 

cómo pudo pasar?

sigo tan sin grandeza

tan poca cosa

lleno de pestes

con tantos demonios aquí adentro.

…y caldea la brisa de compartirte con todos los desiertos


Rafael Ramírez

 

 

Apareció una noche como un fantasma negro

Me gustó su aspecto gracioso

su timidez

sus ojos sinceros

 

Los árboles son amigos de los perros

 

Disfruté su compañía liviana

el alboroto que hacía al llegar

y ese modo que tenía de partir sin decir nada

 

Me gustaba ese perro

que echándose de espaldas, ignoraba todo

y que un día

-como un dios sin nombre-

Fue a morirse lejos.

 

Rafael Ramírez